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Triángulo de amor bizarro: lo que esconde Anguita... y las explicaciones que debe a los votantes de IU

Bolsamanía Bolsamanía 30/04/2016 Antonio Papell

Julio Anguita, comunista de pro –las ideologías cuentan, aunque él quiera ser reconocido por sus propuestas-, es un personaje potente, con carisma, que llevó a Izquierda Unida a sus mayores cotas de toda su historia -21 escaños en las elecciones generales de 1996, después de haber logrado 17 y 18, respectivamente, en las de 1989 y 1993-, pero que también ha de cargar con el demérito de haberle puesto un techo infranqueable por la radicalidad de sus posiciones.

Anguita, un utópico en muchas de sus propuestas, ha participado del proverbial odio leninista a la socialdemocracia de la III Internacional, hasta el punto de haberse convertido en aliado objetivo del Partido Popular en los años noventa. La famosa pinza, que no es una invención, forzó a Manuel Chaves a disolver el parlamento andaluz en 1996 porque tras las elecciones de 1994, el Partido Popular (41 escaños frente a los 45 del PSOE) e Izquierda Unida (20 escaños) bloqueaban sistemáticamente la acción de gobierno del PSOE (45 escaños). En 1996, los electores pusieron orden en el caos. También funcionó la pinza en Madrid, en el parlamento español, cuando Aznar y Anguita coordinaron sus estrategias frente a Felipe González.

Esta posición preconcebida de Anguita es la que está ahora impulsando desde bastidores la alianza entre Podemos e Izquierda Unida (Garzón es andaluz, y por razones generacionales se siente vinculado al ‘califa'), con el deseo vehemente de que se produzca el ‘sorpasso', es decir, de que la izquierda radical desplace al PSOE de la segunda plaza del ranking de partidos.

EL MISTERIOSO 'VIAJE' DE PODEMOS E IU

En política, nada está escrito, y la obsesión de Anguita podría cumplirse, pero el afán de sumar votos –los 5,2 millones de Podemos y el casi millón de IU- le impide ponderar la heterogeneidad de la hipotética alianza (Errejón ya ha manifestado, con razón, que estas sumas de ábaco no suelen cumplirse). Porque la clientela de Podemos no es de izquierda radical, por la sencilla razón de que no hay en este país 5,2 millones de electores que se sientan cercanos a lo que es y representa el PCE. Nunca los ha habido, y a estas alturas de la historia parece que nunca los habrá.

© Proporcionado por Bolsamanía

Podemos ha conseguido el cuantioso botín de votos que ostenta porque su mensaje ha sido transversal, y su clientela también lo es. Es decir, entre los votantes de Podemos abundan los electores de clase media que se han proletarizado con la crisis y se han indignado ante unas propuestas políticas que se han olvidado de ellos. Y si Podemos se alía solemnemente con Izquierda Unida, y Anguita se convierte más o menos explícitamente en el muñidor de la operación, la suma de ambas fuerzas recuperará como mucho la antigua clientela de Anguita, es decir, los 2,6 millones que obtuvo en 1996, cuando el PSOE estaba en sus peores momentos.

TRIÁNGULO DE AMOR BIZARRO: ANGUITA, VESTRYNGE E IGLESIAS

Anguita, un señor intelectualmente brillante esconde, para empezar, que tras ese giro se esconde una estrategia que viene de antaño: en su discurso que siempre ha antepuesto el fin a los medios. En este caso, es capaz de conducir a un partido veterano como IU que casi ha captado un millón de votos en las elecciones y que ha sabido sobrevivir al vaivén político de las últimas décadas, a la destrucción absoluta. Y es que los votos de Garzón y la valoración de su líder corresponden, claramente a la contestación de la izquierda a la propuesta populista de Podemos. Sin embargo, Anguita prefiere una IU rota que en manos de posibles pactos con el PSOE… seguramente debido a que sus simpatías están claramente en el lado del PP.

Y es que Anguita tiene que dar explicaciones públicas y de manera urgente: ¿es cierto que está aconsejando, en un triángulo bizarro, junto con gente como Vestrynge a Pablo Iglesias? Ya no solo son sus extraños compañeros de viaje a la hora de asesorar incluso en contra de sus propio partido, sino que su actividad pública debería de ser cuestionada… ¿De dónde proviene ese apoyo, por acumulación, al PP? ¿Qué agenda esconde que no vemos? ¿Realiza algún tipo de actividad o está apoyado de manera directa o indirecta por algún grupo de intereses radicalmente contrarios a los que dice sostener o, si los intereses son los mismos, por algún grupo de gente de ideología radicalmente diferente a la suya o a la que dice sostener?

Y, sobre todo, si es así ¿cómo se engarza esto con un discurso tan radicalmente de izquierdas que prefiere disolver su propio partido, que de nuevo estaba germinando, con tal de apuntalar el desastre que vaticinan las encuestas para Podemos?

CUI PRODEST?

Obviamente, dos cuestiones son claras en los movimientos de Anguita. Primero, la corroboración de que cuando una estrategia tiene éxito, un jugador tiende a repetirla y esto es lo que está haciendo el político. Lo dudoso en su caso es que esta vez lo esté haciendo en beneficio de su partido o de su ideología porque la lógica –y Anguita es un hombre brillantemente estratégico- apunta que en otra derivada: si IU no pactara con Podemos, el actual ciclo haría resurgir con fuerza a la formación de Garzón, sumando los votos descontentos del PSOE con los de Podemos.

Segundo, que claramente está jugando a favor del PP y con personajes tan dudosamente válidos en un discurso izquierdista como Jorge Vestrynge, cuya salida del PP está directamente relacionada no con una ‘iluminación' camino de Damasco a nivel ideológico sino, simple y llanamente, una guerra interna por el poder que acabó desembocando en su inevitable salida.

Puede, entonces, que la derivada no sea tanto a quién beneficia –obviamente, al PP- la nueva reedición de la pinza sino a quien le perjudica –PSOE- es poco relevante. El hecho de que la política nacional haya sido incapaz de generar un pacto de gobierno durante los cuatro meses posteriores al 20D es un síntoma general de como de pequeños son sus políticos en particular. Sea por intereses particulares, venganzas, beneficios propios o ideológicos o cualquier rencilla doméstica queda clara una vez más la vertiente local de nuestros líderes. Antes traicionar todos los intereses, uno detrás de los otros, que incumplir nuestra agenda oculta personal.

ERREJÓN Y LA IZQUIERDA TRANSVERSAL

Y si la aplicamos solo a su vertiente política, es decir, a la estrategia de Podemos como partido y cuál es su posición en el espectro ideológico, es la que parecía tener in mente Pablo Iglesias hasta que, tras apartarse de los anticapitalistas, parece haber rectificado y ahora se inclina por inscribirse a la izquierda de la izquierda en lugar de mantenerse en la línea de propugnar un cambio de régimen, de intentar la conquista de una hegemonía (Gramsci) que le permita instalar un sistema semejante al chavismo, aunque lógicamente adaptado al ámbito europeo tan diferente del latinoamericano. Entre los Monedero y Verstrynge de un lado, y Anguita, del otro, Iglesias parece conducir a su organización hacia los parajes de este último.

Tiene pinta que para ganar de manera sólida y sustituir al PSOE, Podemos debe seguir el dictado transversal de Errejón y, sin embargo, la estrategia de Iglesias es la que ha dominado finalmente. En un país como el nuestro en que la campana de Gauss de la ubicación política de los ciudadanos es muy alta en el centro del espectro, es arriesgado. Suicida, ¿verdad? Sí, salvo que la estrategia de Podemos no sea ni ganar ni cambiar a la sociedad. Pero esto último seguro que lo matizaría mejor el señor Julio Anguita: estaremos pendientes de sus explicaciones.

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