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Uber: una máquina de transportar viajeros... y de generar enemigos

Logotipo de Bolsamanía Bolsamanía 18/03/2017 Carlos R. Cózar
© Proporcionado por Bolsamanía

Uber. Esa aplicación que para mucha gente es una bendición por sus precios tan competentes, pero que para muchos otros supone un dolor de cabeza. Y esos muchos otros no son cualquiera. Los taxistas, empresas como Google o fuerzas del orden han probado el mordisco de este ‘animal' que no parece tener límites en su propósito de hacerse hueco en el siglo XXI

Uber tiene pocos amigos. Ni Ayuntamientos, ni taxistas, ni empresas gigantescas, ni policía, ni start ups reciben con los brazos abiertos a esta plataforma de transporte privado (o lo que parece simplemente). Eso sí, los pocos que tiene, los tiene bien atados para intentar convertirse en uno de los conglomerados con aspiraciones para cambiar el mundo. Travis Kalanick es un programador informático, y por supuesto un hombre de negocios.

Además de Uber, era el CEO de la empresa de intercambio de archivos Red Swoosh, que fue vendida por 25 millones de dólares También fue el fundador de Sour (que fue denunciada por plagio y presentó quiebra). Además participa en conferencias de negocios como la TechCrunch o la DLD. Hace tan solo dos años y medio irrumpió en la revista Forbes como uno de los estadounidenses más ricos con un valor de 6.000 millones de dólares, colocándose así en el puesto 290. En sus discursos siempre repite las mismas palabras: “Innovar en el sector tecnológico”.

A pesar de ser una de las empresas con más renombre del mundo, por todo lo que supone, lo cierto y verdad es que sus números rojos se acumulan trimestre tras trimestre. De hecho, en 2016 perdió algo más de 1.000 millones de dólares debido a los intereses pendientes y las fuertes multas e impuestos a los que está sometida la compañía. Hasta la fecha, la compañía tecnológica de transporte ha conseguido levantar capital por 16.000 millones de dólares entre capital y deuda. Entre sus grandes acreedores se encuentra el banco de inversión Goldman Sachs.

GUERRA A GUERRA

Uber ha declarado la guerra a medio mundo, o viceversa. El caso es que los escándalos en los que se encuentra inmerso no hacen más que abrir frentes por todos lados y poner en entredicho sus prácticas.

En España, una de las principales y más famosas batallas es la que mantiene con el gremio de los taxistas. Las asociaciones de taxistas, precisamente, convocaban la última de las cientos de huelgas en estos últimos años. Uber sigue siendo legal en España, y desde el colectivo apuntan a ‘Bolsamanía' que “siguen aprovechándose de la ineptitud del Gobierno y ayuntamientos, porque no lo prohíben de una vez por todas”. Además, las principales asociaciones aseguran que la estrategia es “extinguir a los taxis mediante precios irrisorios ahora y luego imponer en el mercado sus tarifas consensuadas con los demás ayuntamientos”, sentencian.

Pero… ¿y qué piensan los ayuntamientos? A pesar de lo que pueda parecer, según atendiendo a las palabras por el sindicato de taxistas, pareciera que tiene carta blanca, algo que no as así. Uber también tiene a los principales consistorios echándole el aliento en el cogote. Europa y la CNMC abren las puertas a las economías colaborativas, como es el caso de Uber explicando que cientos de millones de euros se están dejando escapar (325 en España) por no establecer este tipo de alianzas. Pero, varios consistorios, entre ellos Madrid y Barcelona, no quieren hablar de ella.

Hasta diez de las principales urbes del planeta se han puesto de acuerdo para acordar un marco legal que permita operar a ambos servicios de economía colaborativa bajo una misma regulación. "Que las 20 o 30 mayores ciudades tengan unas reglas diferentes a las del resto no es bueno para nadie", aseguraba Wiley Norvall, concejal de Vivienda y Desarrollo Económico del Ayuntamiento de Nueva York a Bloomberg. "Queremos que los turistas encuentren la misma consistencia en cada ciudad para que juegue a favor de los mercados urbanos, que unidos son enormes, y que lograrán que las voces de cada cada ciudad tenga un impacto", incidía. La iniciativa de estas grandes ciudades, entre las que se cuentan Nueva York, París, Barcelona, Seúl, Atenas, Barcelona o Toronto, se han puesto de acuerdo para establecer un marco regulador que les ayuda a negociar desde una posición de fuerza con dos de los principales impulsores de la economía colaborativa mucho más restrictiva. De hecho, Uber tendrá que pagar el 1,5% de sus ganancias al ayuntamiento de San Diego (California).

Las batallas no quedan ahí y, recientemente, un vídeo hizo desatar la ira de los conductores de Uber contra su CEO. Kalanick y uno de sus empleados se enzarzaban en una batalla dialéctica debido a que el dueño del coche exigía al director ejecutivo que dejase de abaratar las tarifas porque de esa manera debían trabajar muchas horas para sacar beneficio. Mientras, él se seguía enriqueciendo de igual manera. Algo que no gustó demasiado al dueño de la firma.

Google y la policía también se la tienen jurada. Alphabet, la matriz del buscador, ha acusado a Uber de plagiar su tecnología para el uso de coches inteligentes, algo que de momento Uber no ha desmentido. A esto hay que sumarle el último acto de rebeldía de la empresa. En esta revelación se detalla que Uber utilizaba un programa que utilizaba la herramienta Greyball, encargada de usar los datos obtenidos de la propia aplicación de Uber y otras técnicas para identificar y eludir a los agentes de policía que traten de multar a los conductores de Uber. Según el diario neoyorquino, la empresa de transporte utilizó este método en varias ciudades como Boston, París y Las Vegas, además de en países como Australia, China y Corea del sur.

UBER EXPANDE SUS TENTÁCULOS

A pesar de no ser aún rentable, Uber no para de crecer. Recientemente alcanzó alianza estratégica con Volvo para fabricar coches en Estados Unidos. Este acuerdo se produjo en el verano de 2016 y en diciembre se volvió a rubricar.

Pero la fijación de Uber por el automovilismo no se queda ahí. La firma y Tesla también firmaron otra alianza para la investigación y desarrollo de coches autónomos en Madrid. Su intención es contribuir a la reducción de emisiones en la ciudad de Madrid, donde la contaminación es periódicamente un problema debido principalmente a los gases que generan los motores de los coches. Con esto, Uber pretende "poner a disposición de empresas y particulares una alternativa de transporte innovadora, sostenible y económica". Algo que tampoco ha sentado demasiado bien a empresas que implantaron el transporte público sostenible como Car To Go.

Pero Uber ha ido mucho más allá y ha creado la plataforma UberEats para realizar pedidos de comida a domicilio. Un nuevo competidor para La Nevera Roja o JustEat. La firma californiana estrenaba en enero su nueva app en Madrid y ya funciona en 7 ciudades europeas y 50 en todo el mundo. De momento arranca con repartos restringidos a la zona interior de la M-30, pero la compañía ya tiene planes de expandirse en 2017 más allá de ese límite y a otras ciudades españolas.

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