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Kristen Stewart y Robert Pattison: el amor se rompió, pero el riesgo les ha unido

Logotipo de Vanity Fair Vanity Fair 16/05/2017 Vanity Fair
© Getty Images

Tras la fama de 'Crepúsculo', su valentía (y éxito) al elegir películas les ha acercado de nuevo, con Cannes como escenario de fondo

Kristen Stewart y Robert Pattinson han terminado teniendo mucho más en común de lo que a ambos seguramente les gustaría reconocer… Por lo menos en lo que respecta a la evolución de sus respectivas carreras. Los dos alcanzaron la fama al mismo tiempo convirtiéndose en ídolos teen y en símbolos de toda una generación. No todos logran superar esta etapa. O bien caen en el olvido o se dejan atrapar por las servidumbres del star system. Sin embargo, tanto Kristen como Robert se lanzaron a la búsqueda de caminos nada acomodaticios a través de proyectos muy arriesgados a cargo de directores de prestigio, que poco a poco les han ayudado a consolidarse tanto dentro de la industria como a nivel crítico. ¿El resultado? Ambos se han convertido en excelentes actores demostrando que cualquier imagen hecha en el pasado está sujeta a la reinvención en el presente.

Es una maniobra que han intentado ejecutar muchos otros. Si no, que se lo digan a las estrellas de Harry Potter. Mientras Emma Watson mantiene una coherente trayectoria en la que predominan las películas comerciales con algún que otro desliz indie (Las ventajas de ser un marginado o The Bling Ring) y una estudiada imagen de chica lista, comprometida y feminista, Daniel Radcliffe parece emplearse a fondo para desvincularse del personaje que le dio a conocer a través de papeles que distorsionan deliberadamente su físico. Sus composiciones o tienen un aspecto monstruoso (Horns, Swiss Army Man) o son antipáticos y peligrosos (Imperium, Ahora me ves 2). Y es que romper los clichés y las imágenes preconcebidas no siempre resulta sencillo.

Kristen Stewart no era precisamente una desconocida cuando desembarcó en la saga Crepúsculo. Con doce años ya había trabajado con Jodie Foster y David Fincher en La habitación del pánico, y había demostrado tener buen ojo a la hora de elegir papeles que se adaptaban a su edad en películas nada desdeñables, como Undertown, de David Gordon Green.

Mientras se ponía y se quitaba la indumentaria de Bella Swan le dio tiempo a dibujar ese perfil interpretativo a través del que quería conducir su trayectoria, sobre todo gracias a películas como The Runaways (2010), de la videoclipera Floria Sigismodi, en la que se ponía en la piel de la cantante de rock Joan Jett.

A Kristen no le importa que el papel sea más o menos grande o de mayor o menor relevancia dentro de la trama. No parece obsesionarse con destacar con tal de participar en un proyecto que le estimule o que le permita trabajar al lado de un director interesante. Por eso es habitual verla en películas en las que interpreta a personajes secundarios casi anecdóticos, como ocurría en la adaptación de Jack Kerouac En la carretera (2012), de Walter Salles, o en la reciente Billy Lynn (2016), a las órdenes de Ang Lee.

La única vez que accedió a participar en una gran superproducción fue en Blancanieves y la leyenda del cazador (2012), en la que se encargaba de dar la vuelta a la imagen de la princesa Disney convencional convirtiéndola en una aguerrida guerrera capaz de capitanear todo un ejército y plantarle cara a la malvada reina.

Sin embargo, tras las polémicas fotografías que la relacionaron con su director, Rupert Sanders, que supuso el final de su relación con Pattinson, Kristen decidió refugiarse en las películas de carácter más pequeño e independiente. Entre sus grandes aciertos recientes no se cuenta precisamente trabajar con Woody Allen en Café Society (2016), sino participar en películas de autor como Certain Woman, de Kelly Reichardt y sobre todo sus dos colaboraciones con Olivier Assayas.

El director francés contó con ella por primera vez para que encarnara a la asistente personal de una gran estrella (Juliette Binoche) en Viaje a Sils Maria. Assayas recientemente declaró que Kristen Stewart era “la mejor actriz de su generación”. A sus compatriotas también debió de parecérselo porque ese año se convirtió en la primera intérprete femenina norteamericana en conseguir el prestigioso premio Cesar de la Academia francesa de cine.

Ahora se estrena su segunda colaboración juntos, Personal Shopper, y el propio Assayas reconoce que escribió el papel de Maureen, una joven perdida entre el mundo de los vivos y de los muertos, entre el glamour de la moda y las presencias paranormales, exclusivamente para Kristen, ella fue su verdadera fuente de inspiración.

El crush profesional entre ambos es mutuo. Stewart asegura que le gusta el cine de Assayas porque “no necesita subrayar, sino que deja lugar para la construcción de los personajes de una manera muy intuitiva”. Quizás por eso, bajo su batuta, a Stewart se le nota cómoda, manteniendo sus mismos tics, su forma de andar descuidada, sus ademanes bruscos y al mismo tiempo cohibidos. Parece sentirse libre para expresarse de una manera transparente, natural y espontánea. Stewart ha conseguido que su forma de ser se convierta en una fuente de genuinidad frente a la cámara, impregnando con su intuición a cada uno de sus personajes. Puede transformarse de mil maneras, pero en el fondo, siempre es ella misma.

Curiosamente, Olivier Assayas se encuentra en estos momentos embarcado en su siguiente proyecto, el drama criminal Idol’s Eye, que contará con la presencia de Sylvester Stallone y… Robert Pattinson. 

1 © Proporcionado por Vanity Fair 1

Parece como si el actor se hubiera puesto también las pilas con los directores franceses más exquisitos, sobre todo si tenemos en cuenta que, además de con Olivier Assayas, también tiene un proyecto en marcha con Claire Denis: una película de ciencia ficción espacial titulada Hig Life, escrita por la prestigiosa novelista Zadie Smith.

Pero antes podremos verlo pasearse por la Croisette en la presentación en Cannes de Good Times,lo nuevo de los hermanos Safdie, en la que interpreta a un ladrón de bancos. Si quería ser realmente cool e indie, trabajando a las órdenes de los responsables de Go Get Some Rosemary (2009) o Heaven Knows What (2014) ha dado en el blanco. Bueno, quizás todavía lo sea más cuando ruede próximamente a las órdenes de Harmony Korine. 

La reconversión cinematográfica de Pattison empezó con David Cronenberg. Nada más abandonar la saga Crepúsculo, el acto se puso en manos del director canadiense en Cosmopolis, la adaptación de la novela de Don DeLillo que le permitió acceder a otro nivel interpretativo. Cuenta Cronenberg que el Robert no quería ser el centro de atención de la película, pero eso era imposible ya que salía en todos los planos del film. Y es que por esa época las declaraciones del joven dejaban vislumbrar siempre sus inseguridades y su modestia como icono resignado. En Cosmopolis tuvo que enfrentarse a muchos retos. Su imagen de chico sexy torturado se rompía en mil pedazos gracias a Eric Parker, un yupi que se pasea en una limusina donde pasaba de todo: practicaba sexo, se drogaba y hasta le hacían exámenes médicos que incluían un tacto rectal… todo ello mientras nos daba clases de economía agresiva impregnada de cinismo. 

Con Cronenberg volvería a repetir en Maps of the Stars (2014) en un pequeño papel. A partir de ese momento, Pattinson trabajaría con directores como Werner Herzog y Anton Corbijn, que le dirigió en el biopic sobre James Dean, Life, en el que interpretó al fotógrafo que se encargó de inmortalizar a la estrella en las instantáneas míticas de la famosa revista. Era de lejos lo mejor de la película. Ahora podemos verlo también en la cartelera en la excepcional Z. La ciudad perdida, aventuras exploradoras con aliento clásico a las órdenes de James Gray.

Probablemente Kristen Stewart y Robert Pattinson vuelvan a cruzarse en el Festival de Cannes. Ella presenta un cortometraje que supone su debut como directora, un trabajo en el que precisamente habla de sus rupturas sentimentales más traumáticas. Lo que está claro es que ambos han demostrado estar muy por encima de aquella imagen de jóvenes atormentados que lo sacrificaban todo por amor. 


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