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¿Cuáles son las señales en un niño con baja autoestima?

¡Hola! ¡Hola! 10/03/2016 hola
© Proporcionado por Hola

La baja autoestima no es algo que surja de la nada: a menudo se dan una serie de condicionantes que pueden rastrearse hasta la infancia, cuando los niños comienzan a tener una pecepción de sí mismos en relación con el mundo que les rodea, y estas comparativas se convierten en la escaleta con la que miden su valía. "Nosotros precisamente trabajamos creando herramientas para potenciar, inspirar, respaldar y reforzar a los hijos", explican desde AEIOU, un equipo de coaching para papás y mamás que el próximo día 17 de marzo celebra en Barcelona su primer taller sobre la relación entre salud emocional y física en los más 'peques' desde su propia experiencia como padres, acompañados de la pediatra Lucía Galán. "Es decir, actitudes y habilidades que precisamente van en la línea de crear autoestima o, si se prefiere, como prevención de una autoestima dañada."

La primera pregunta, y más importante, es si existe o no la baja autoestima infantil. "Sí, claro que existe", explica Lucía, "no somos seres perfectos y los niños tampoco". Una lectura que va muy en sintonía con la percepción que a veces tienen los padres de que los niños deben ser siempre criaturas felices, que nunca se ponen tristes. La baja autoestima es una proyección de la percepción que tiene el propio niño en comparación con los demás, y lo que piensa que los otros esperan.

"Los niños se forman una idea de sí mismos, y por tanto su autoestima, durante los primeros años de vida, a partir de los 4 o 6 años, dependiendo de la madurez del niño, aunque es más visible a partir de los 7 u 8 años, coincidiendo con la etapa de socialización en el colegio", explican los responsables de AEIOU. "Puede existir baja autoestima infantil desde el momento en el que el niño es capaz de distinguir lo que está bien y lo que está mal, y se valora desde este parámetro: soy válido y se me acepta en la medida en que 'encajo'. Los niños no son autónomos en su pensamiento sino que forman su concepto y valía en función de lo que les digamos nosotros; y a esa edad todo lo que les decimos es una verdad absoluta porque somos su principal referente".

Por eso es tan importante tener cuidado con la manera en que formulamos todo aquello relacionado con su identidad. "No es lo mismo decir eres un pesado que hoy estás siendo pesado", explican. Esto es aplicable a otras facetas de la vida social de los niños, especialmente una vez empiezan a asistir al 'cole'. "Por ejemplo, si en su colegio está más valorado el fútbol que la música, un niño que no tenga la inteligencia corporal tan desarrollada como la inteligencia musical no será tan popular, y eso le puede crear una autoestima baja por no sentirse valorado por sus compañeros". Es importante dar valor a todos los talentos y habilidades para que así aprendan a aceptar quienes son realmente desde niños. "Que aprendan a conocerse les ayuda a valorarse y también a saber qué pueden hacer con esas habilidades".

Aunque la autoestima sea algo que asociemos a etapas concretas y algo más conflictivas como la adolescencia, lo cierto es que no es exclusivo de estos cambios vitales, aunque sí se vive de manera diferente. "Es diferente por el nivel de consciencia y autoconocimiento que existe en cada edad", puntualizan desde AEIOU. "El niño en ocasiones puede ser consciente de lo que le pasa y por qué, pero no de si puede cambiar esa realidad. En cambio el adolescente es capaz de darse cuenta de su propia autoestima y ser autónomo para buscar soluciones". Los adolescentes, además, son mucho más exigentes consigo mismos. "Su cuerpo está sometido a muchos cambios físicos en muy poco tiempo y aceptar esa nueva imagen frente al espejo es un proceso en ocasiones lleno de dificultades y complejos", apunta Lucía. "Todo es nuevo para ellos, desde su propia imagen hasta las emociones que experimentan: amor, desamor, deseo, necesidad de aprobación de sus compañeros...".

¿Qué suele ser desencadenar la baja autoestima en un niño?

1. LAS COMPARACIONES. Los desencadenantes de una baja autoestima en una edad temprana pueden ser varios, aunque, según explica este team de coaches, hay situaciones que alimentan las comparativas del niño con otros, ya sea en factores externos a sí mismo, como en el nivel socio-económico de la familia, o en lo relativo a su propia persona, como sus propias habilidades, su personalidad o su físico. "Sin embargo, si no son sostenidas en el tiempo, no tienen por qué implicar una autoestima baja. Es cierto que hay personalidades más fuertes y podemos apreciarlas en la infancia, pero no significa que estos niños siempre tengan una alta autoestima. En ocasiones, pueden esconder una autoestima dañada demostrando lo seguros que se sienten colocándose por encima de los demás". Lo que nos lleva a hablar de...

2. EL BULLYING. El bullying, otro aspecto negativo de la infancia del que se puede hablar largo y tendido, también cuenta. "No cabe duda de que un episodio de bullying daña la autoestima de los niños que están buscando su identidad y su lugar en el mundo; por eso son tan vulnerables". La mejor táctica en estos casos, y en esto coinciden otros especialistas expertos en este terreno, no es tanto reparar los daños tras un caso de acoso infantil, sino prevenir y concienciar antes de que suceda. Una labor que recae tanto en los padres como en los educadores. "Por eso es importante potenciar en los niños la inteligencia emocional y la gestión de las emociones. No esperemos a tener el problema. Anticipémonos".

3. DESAJUSTE EN LAS RESPONSABILIDADES. Cuando hablamos de la difícil tarea de pasar de ser hijo único a hermano mayor, una de las fuentes de conflicto apuntadas por los terapeutas infantiles es el hecho de que, con este cambio de rol, solemos dar más responsabilidades de las necesarias a los 'peques' que llegaron primero. "No dar responsabilidades a los niños adecuadas a su edad puede provocar baja autoestima ya sea por exceso de responsabilidad, o por defecto: sobreprotección. La sobreprotección fomenta que el niño no haga nada por sí solo, lo que conlleva a generarse un concepto muy bajo de sí mismo. Aunque el objetivo sea que el niño no se frustre, le enviamos el mensaje de que no es capaz, de que no confiamos en él y de que cualquier cosa la podemos hacer nosotros mejor".

4. NO ENTENDER SU MUNDO. "No hay un único factor, todo suma", explica Lucía. "Padres miedosos que sin querer meten en una burbuja a sus hijos; padres y profesores excesivamente autoritarios que no premian el esfuerzo sino únicamente los resultados; el acoso escolar, que indudablemente arrasa con la autoestima de cualquier niño; un ambiente familiar donde predominen el exceso de reglas y normas rígidas e inflexibles, o los gritos y la escasa comunicación; padres o madres ausentes o por el contrario demasiado controladores que no les den la oportunidad de elegir ni siquiera el color de camiseta que quiere vestir hoy... No le etiquetes, no le grites, no le insultes, no le compares. Si tú no consientes que nadie te trate así, ¿cómo lo vas a hacer con un niño?"

Síntomas para detectar la baja autoestima en los niños:

  • Retraimiento y pocas habilidades sociales.
  • Enseguida dice 'no puedo'.
  • Quiere que se lo hagan todo y es tremendamente dependientes de sus padres.
  • Es inseguro y y tiene miedos. No se atreve a hacer nada y carece de autocrítica.
  • Exigente y perfeccionista.
  • Somete a sus amigos o hermanos a la fuerza a través de la humillación.
  • Poco sentido del humor.
  • No es capaz de ver el lado bueno de las cosas.

Si un 'peque' presenta baja autoestima la batalla no está perdida. "Reconocer a tu hijo significa saber quién es y valorarlo por lo que es. No menospreciar lo que es importante para él, y saber reconocer sus emociones, permitiéndole su expresión. No podemos evitar las heridas emocionales de nuestros hijos pero si podemos estar atentos y escuchar sus necesidades para poder atenderlas". Por ejemplo, si un niño es excesivamente perfeccionista y sufre cada vez que no saca buenas notas, podemos cambiar nuestra actitud para poner el foco en el esfuerzo y no tanto en el resultado. "Cometemos el error de pensar que sólo con la crítica ayudamos a que nuestro hijo mejore, como si la única forma de mejorar fuera decir o llamar la atención de lo que está mal. A menudo subestimamos el poder de reforzar lo que sí hay, lo que sí funciona, lo que sí hace bien".

Esto último puede ponerse en práctica de dos maneras: cuando criticamos a otros pero también con la propia autocrítica. "Si por ejemplo vives desde la exigencia, traspasas esa exigencia a tus hijos porque les educas desde esa emoción. En una sociedad competitiva a menudo invertimos demasiada energía en ese patrón, en detrimento de otros valores que pueden fomentar más su estima. Como padres deberíamos preguntarnos para qué sirve ser siempre el mejor.¿Qué necesidad o carencia refleja? ¿Qué pasa si no lo es? ¿Está reflejando mi patrón? Siempre podemos aprender de nuestros hijos".

Un último apunte: ahorrarse comparaciones innecesarias con otros niños o con un hermano. "Si a los adultos nos molesta, ¿por qué lo hacemos con los niños?".

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