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¿Por qué en otros países los estudiantes se toman un año sabático entre el colegio y la universidad?

¡Hola! ¡Hola! 21/12/2015 hola
© Proporcionado por Hola

El año sabático es el sueño de muchos, tanto estudiantes como empleados profesionales e incluso 'jefes'. Un año entero para dedicarse a uno mismo, a veces para explorar el mundo (aunque no siempre), y que sirve sobre todo para recargar las pilas y ver las cosas desde otra perspectiva: los paréntesis largos están enfocados sobre todo a buscar una voz nueva, descubrir qué es lo que queremos hacer en la siguiente etapa de nuestra vida, y abrirnos a nuevas ideas y posibilidades que a veces no contemplamos dentro de nuestra esfera y rutinas habituales.

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Es precisamente por estas tres cosas que los años sabáticos han ido ganando cada vez más adeptos entre los estudiantes pre universitarios, los que están a punto de comenzar la universidad, y que deciden hacer un parón de unos meses y coger carrerilla entre el final del insituto y los estudios superiores. El año sabático pre universitario no es especialmente popular en España, a pesar de que tenga una larga traidición en otros países de Europa. En Alemania, por ejemplo, un país célebre por lo tarde que sus universitarios terminan sus estudios (que suelen incorporar los programas master inmediatamente después de las licenciaturas), es más habitual encontrarse a alumnos que se han tomado unos meses sabáticos en alguna etapa de sus estudios que a los que no. En Estados Unidos la tendencia ha ido ganando músculo en los últimos años: según la revista 'Forbes', el índide de estudiantes que se tomaría un parón de este tipo habría aumentado en un 20% entre 2006 y 2014.

¿Qué motiva a los estudiantes a hacer un break? ¿Y por qué en España no se lleva?

Según un artículo publicado por 'Psychology Today' en torno al valor del gap year, la primera razón y más vaga es la necesidad de los pre universitarios de tomarse un descanso. La recta final previa al inicio de los estudios superiores, que en España se traduciría por la preparación de las pruebas de acceso a la universidad, es una carrera de fondo que termina con un sprint final. Según el calendario oficial, esta etapa termina en el mes de junio, mientras que el curso universitario comienza sólo tres meses más tarde, y muchos alumnos sienten que empiezan esta etapa ya 'quemados' y sin reservas suficientes. Una segunda razón, aún más interesante, es el cambio de mentalidad que supone esta nueva etapa vital. Durante los años escolares, todo gira en torno a las notas. En la universidad, el alumno debe estar abierto a un nuevo tipo de enseñanza: hacerse preguntas, cultivar un pensamiento crítico, absorber conocimiento en lugar de memorizarlo.

Para llegar a ese punto, explican en el mismo artículo, es necesario un proceso de madurez al que los más jóvenes a veces no pueden llegar por sí mismos, y menos en un tiempo exprés. Un parón entre una etapa y otra les prepara para llegar al aula universitaria conociendo mejor cuáles son sus intereses, y los valores que les preocupan y motivan, y permiten que sean estos los encabecen su aprendizaje en lugar de repetir las mismas técnicas que durante la vida escolar. La misma idea la compartía con diario 'The New York Times' un antiguo asesor de admisiones de la universidad de Harvard en diciembre de 2011: los alumnos que se toman un año sabático pre universitario suelen aportar experiencias nuevas al aula una vez que se suman al resto de sus compañeros, ya que la gran mayoría de jóvenes aprovechan ese año para reinventarse, descubren lo que realmente les interesa o cuáles son sus mejores talentos, y lo que es más, ganan una visión de madurez sobre cómo afrontar el resto de su educación.

Diferentes posibilidades para aprovechar un año sabático

De entre todas las posibles opciones que responden a la pregunta de qué hacer durante un año sabático, la de viajar es una de las grandes favoritas por los más jóvenes, y no está exenta de beneficios, que van desde practicar otros idiomas a aprender a solventar problemas en solitario, ganar perspectiva entre lo que importa y lo que no, o conocer nuevas culturas y formas de pensar. Este tipo de viajes, sin embargo, no están al alcance de todo el mundo y a veces el presupuesto puede quedarse corto; algunas opciones alternativas serían por ejemplo los programas de voluntariado o con trabajo temporal en el extrenajero, que son buenos sustitutos para los más viajeros que necesiten de una ayuda extra, y que también sirven si nos quedamos en casa, por ejemplo, trabajando como becarios en una o varias empresas (una buena orientación para descubrir si lo que se quiere estudiar es de verdad vocación), o haciendo servicios comunitarios.

En España, la idea del año sabático no está tan extendida como la de la beca Erasmus, su gran sustituta, que no es exactamente lo mismo, aunque se le acerca, y que tiene gran popularidad entre los universitarios que quieren vivir un año en el extranjero. Estos programas permiten a los estudiantes cursar un curso completo, o un semestre, en un país del espacio económico europeo. Las becas no son sabáticas: las ayudas que reciben los alumnos que optan a ellas están pensadas para que completen parte de sus estudios, pero no para interrumpirlos, algo que, según los datos presentados el año pasado por la Comisión Europea, incide directamente en las perspectivas laborales de los estudiantes; según sus cifras, los alumnos Erasmus presentan un 23% menos de posibilidades de no tener trabajo transcurridos los primeros cinco años después de la universidad. Además, el total de la ayuda no cubre íntegramente los gastos de los alumnos, y la gran mayoría tiene que complementar su experiencia con la búsqueda de un trabajo temporal en el país extranjero, algo que también podría añadir puntos a la hora de engrosar el currículum una vez acabada la universidad.

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