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¿Qué hago si de repente ya no me gusta mi traje de novia?

¡Hola! ¡Hola! 18/01/2016 hola
© Proporcionado por Hola

"Me encantó mi look de novia. Pero, echando la vista atrás, cambiaría cómo coloqué el velo". Margherita Missoni tuvo una de las bodas rurales más bonitas que se recuerdan (en la Lombardía italiana, con un diseño creado a medias con Giambattista Valli inspirado en el vestido de novia con el que soñaba de niña, y una larguísima lista de invitados VIP), y, aún así, años después de dar el 'sí quiero' ella misma reconocía en una entrevista haber encontrado un pequeño defecto en su look.

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No todas las novias se arrepienten del diseño elegido, aunque a veces pasa, y darse cuenta en plena cuenta atrás, durante una de las pruebas o cuando ya tenemos el vestido en casa, hace de esta experiencia una fuente de estrés para la novia, que acaba de desembolsar una importante suma de dinero en un vestido que ya no le convence. Según una encuesta publicada en 2014 por la firma de joyería Vashi Domínguez (de origen español pero afincada en Londres), hasta el 82% de las novias cambiaría algún detalle de su bodaa posteriori, y un 32% se arrepiente del vestido de novia años después.

Obviamente este impulso tiene mucho que ver con las tendencias del momento (de ahí que siempre se recomiende ir a por los diseños atemporales, a menos que tengamos muy claro qué personalidad marcada queremos que tenga el traje), pero aún así la cifra no deja de ser elevada, afectando prácticamente a casi un tercio de las mujeres que pasan por el altar. Incluso Sarah Jessica Parker, ya que estamos con las celebrity brides, vertía su opinión sobre el tema en una entrevista con Harper's Bazaar: de poder elegir a día de hoy, cambiaría el vestido negro con el que le dió el 'sí quiero' a Matthew Broderick en 1997 por uno blanco, de toda la vida. "Aún me arrepiento", explicaba a la revista.

Dar marcha atrás es imposible, aunque si te arrepientes del vestido una vez pagada la señal, aún estás a tiempo de intentar mejorar este pequeño disgusto last minute. ¿Por dónde empezar? Lo primero de todo es hacer una prueba con el mayor número de accesorios posible, y a poder ser con una prueba del maquillaje y peinado incluidos. Si aún así el vestido sigue siendo un problema, el traje de novia no es diferente de ningún otro outfit: la gracia está en los complementos, y ellos pueden encargarse de salvar una situación en la que el traje nos parece un poco off, por ejemplo cambiando el zapato blanco por uno de color, que desvíe la atención de un traje 'soso', añadiendo un cinturón de pedrería que anime un vestido excesivamente simple, o con una chaqueta (bolero para las clásicas, biker de novia para las más arriesgadas) o un crop top de encaje con mangas. También es posible darle un twist a otros aspectos del beauty look de la novia, por ejemplo con una diadema joya, unas flores naturales en el pelo, o un maquillaje en tonos metalizados.

Si aún estás a tiempo, las modificaciones en el vestido también pueden solucionar el entuerto, siempre que cuentes con una buena costurera; pueden resultar algo más costosas, dependiendo del taller o de si la tienda admite o no alteraciones en el traje original cuando es de catálogo y no de costura, pero si no quieres que el traje te arruine el día (al menos en potencia), mejor invertir un pellizquito más en el diseño y caminar al altar sin remordimientos. Algunas de las modificaciones de última hora que se pueden hacer en un vestido novia serían por ejemplo el añadir tirantes o unas manguitas cortas de encaje, añadir texturas con una superposición de tejidos, darle algo más de volumen a la falda, o deshacerse de alguno de los unos detalles de pedrería que no nos convencen. Si crees que el vestido no te favorece ni siquiera después de las primeras pruebas, habla con las personas encargadas del taller: la solución puede estar en añadir un complemento o hacer una pequeña alteración, que cubra los brazos o entalle la cintura dependiendo de cuál sea el problema.

Más ideas: ¿y si te apuntas a la moda de los diferentes vestidos de novia? Es una de las tendencias más populares para la nueva temporada nupcial: tener un segundo vestido a mano, a menudo más sencillo y más cómodo, a veces cortito o incluso en otro color que no sea el blanco, que se puede cambiar por el vestido principal en cualquier momento: durante el cóctel, después de cortar la tarta, al abrir el primer baile o durante la recena. Si no consigues verte al 100% con el traje que elegiste en un principio, simplemente cámbialo por otro cuando tengas oportunidad.

La solución más extrema, y también la más arriesgada, es la de cambiar completamente de vestido, y esto puede requerir desde devolverlo (no siempre es posible, depende del tipo de venta que hayas firmado con la tienda, aunque suele resultar más sencillo llegar a un acuerdo si el nuevo traje pertenece a la misma firma), hasta revenderlo antes o después de la boda para recuperar parte de la inversión, y poder comprar uno nuevo sin alterar excesivamente el presupuesto.

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