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"¿Qué tal? ¿Y la familia?". Torres nos cuenta su encuentro con Urdangarin tras ocho años

Vanitatis Vanitatis 25/01/2016 Andrés Guerra

Tabaco, alcohol y armas. Ese triplete iba a ser su primera fuente de ingresos. Su nueva vida profesional. Sentarse a la mesa de multinacionales que nada tenían que ver con un exdeportista de élite, alguien que presidió el Comité Olímpico Español. Iñaki Urdangarin quería trabajar en lo que conocía, el patrocinio deportivo, y la Casa del Rey le dijo no. El marido de la infanta Cristina se frustró para siempre y, en un boomerang inesperado, la medida de Zarzuela se volvió contra la institución. El Rey Juan Carlos abdicó en el peor bache de popularidad de su historia, un declive en que el estallido de Nóos fue determinante.

Diego Torres, en un momento de la entrevista. (Foto: Andrés Guerra) © Proporcionado por Vanitatis Diego Torres, en un momento de la entrevista. (Foto: Andrés Guerra)

Iñaki Urdangarin y Diego Torres, amigos íntimos y socios en Nóos Consultoría Estratégica y el Instituto Nóos de Investigación Aplicada, volvieron a hablar tras casi ocho años el pasado 11 de enero, cuando se encontraron en los juzgados. Todo ha cambiado desde que cruzaron un último mensaje allá por 2008. Feo, reprochándose cosas de dinero. Ambos están procesados por nueve delitos y se enfrentan a penas de entre 16 y 19 años de prisión. Durante los últimos cinco años, Diego Torres ha vivido 12 horas diarias pegado a la pantalla de un ordenador recopilando datos para presentar su defensa. También ha escrito un libro, ‘La verdad sobre el caso Nóos’ (Editorial FOCA), en el que desgrana cómo fue su relación personal y profesional con Iñaki Urdangarin, cómo siguió a rajatabla las directrices marcadas por Zarzuela y cómo el propio Rey Juan Carlos llegó a colaborar con ellos buscando fondos, 110 millones, para un proyecto de vela.

Esta es la primera entrevista que concede Diego Torres desde que comenzó el juicio por el 'caso Nóos'.

PREGUNTA: ¿De qué habló con Iñaki Urdangarin en la sala de vistas el pasado 11 de enero?

RESPUESTA: Yo no tengo la menor animadversión hacia él y creo que él tampoco puede tenerla hacia mí. Y creo que hay más cosas que nos unen que nos separan. Le pregunté cómo se sentía él y cómo estaba su familia. Él también lo hizo. De verdad. Además, fuimos comentando aspectos que iban ocurriendo en la sala, observaciones de índole meramente procesal.

P: ¿Qué sintió en la sala de juicios al constatar que una sentencia, quizá condenatoria, está mucho más cerca?

R: Los medios le dais una gran importancia al día concreto pero este es un proceso que lleva cinco años y, pese a lo que pueda pensarse, es un desahogo que se acerque el momento en que pueda contar la verdad, presentar los documentos y defender mi inocencia. Si a ti te preguntan qué hacías tal día de hace doce años, tienes un problema. ¿Sabes lo que son cinco años trabajando en recopilar tanta información? El 11 de enero sentí que por fin me aproximaba al final.

P: ¿Está preparado para ingresar en prisión?

R: Lo que yo hago es centrarme en el día a día. Cada día tengo mi agenda: organizar esto, encontrar aquel documento, pasar un informe a mi abogado. Siempre he sido planificador y sé separar las emociones de lo que debe hacerse. Como te decía antes, soy muy aficionado a la vela, una actividad mucho menos elitista de lo que la gente cree. Mi embarcación medía 6,5 metros, poco más o menos lo que un coche, pero preparada para regatas en alta mar. Y cuando navegas mucho atraviesas temporales. Aprendes a no pensar en las próximas tres horas sino en cómo tomar la siguiente ola. Ahora no me preocupo del mes que viene sino de seguir mi agenda. ¿Tengo confianza en la justicia? Tengo la razón y las pruebas para demostrarlo.

P: ¿Con doña Cristina pudo hablar?

R: Sí, brevemente.

P: ¿Le saludó con cariño o con distancia?

R: Mmm… Nos saludamos. En una situación así estamos por lo que estamos, concentrados, tal como pudo verse en las imágenes de la sala.

P: Fue la única que no sonrió con aquella equivocación de su abogado.

R: Quizá no escuchaba.

P: O quizá era una infanta de España sentada en un banquillo.

R: …

P: En las conversaciones previas que hemos mantenido hasta llegar a esta entrevista jamás me ha hablado mal de Iñaki Urdangarin. Nunca. Diría que en su libro, ‘La verdad sobre el caso Nóos’, incluso sale considerablemente bien parado. Se refiere a él como “mi amigo”.

R: Soy racional, analítico, y no voy a cambiar la historia porque luego tuviésemos nuestras discrepancias. Lo que hizo bien, lo hizo bien, independientemente de cómo me haya tratado luego o cómo se hayan dado las circunstancias para separarnos.

P: Sin embargo, que aparezcan los correos personales de Iñaki Urdangarin en la prensa, ¿no debe entenderse como la traición a un amigo?

R: No hay ningún correo personal que yo haya facilitado a la prensa, pese a que se dé por hecho lo contrario. No es así. Absolutamente no.

P: En cualquier caso, ¿por qué entrega al juez esos e-mails jocosos que dejan en mal lugar a Iñaki Urdangarin?

R: Te explico por qué. Del famoso correo firmado como “el duque empalm…” lo menos importante es la firma, que ni siquiera se le ocurre a Iñaki sino a un profesor de ESADE, que le hace ese chiste el mismo día. No entrego ese correo al juez por la firma sino porque es la primera vez que se nombra por escrito el Instituto Nóos ante la Casa del Rey. Y además, en ese correo está reportándole al asesor de Su Majestad la estrategia de Nóos Consultoría para el año siguiente. Pero lo único que se recoge en la prensa es la firma jocosa.

P: ¿Y aquel otro en el que se llama ‘demoniete’ con un amigo?

R: Ese sale porque en él explica a su amigo que no puede quedar porque está (estamos) primero en Madrid y luego en Andorra. ¿Sabes por qué es importante? Porque de ese modo ilustro en el sumario que en esas fechas nos reciben en Zarzuela por la mañana y tenemos una clase en Andorra por la tarde.

P: La relación entre Iñaki y Carlos García Revenga, secretario de las infantas, era muy fluida, a tenor de otros mails…

R: Es que García Revenga vino a decir que nuestra relación era protocolaria. No mienta, por favor.

P: De todas formas, en distintos medios se han leído otro tipo de correos, unos que evidenciarían un affaire de su exsocio, muy dañinos para él, su matrimonio y su reputación.

R: Esos jamás han salido de mí y cualquiera que me conozca sabe que digo la verdad.

P: ¿De dónde cree que proceden entonces?

R: Yo no lo sé. Mira, todos en Nóos usábamos portátiles y cada semana, como mínimo, volcábamos todo la información del ordenador a un disco duro central y la lista de contraseñas estaba a la vista. Cualquiera podía consultar mi disco duro o el de Iñaki o cualquier otro. Por último, los servicios de seguridad del Estado tienen los mismos que yo y el 90% restante que yo no tengo porque hacían copias periódicas de todos nuestros archivos.

P: El día en que le detuvieron, el 8 de noviembre de 2011, fue de los más intensos que haya vivido. No solo por los interrogatorios y las 40 horas sin dormir sino por el registro de su domicilio con toda su familia presente. ¿Qué sintió en aquellos momentos?

R: Fue de una dureza tremenda. Yo estaba reunido con un cliente, con el teléfono apagado. Cuando lo enciendo, me llegan decenas de mensajes y me doy cuenta de que llevan horas allí. A mi mujer en un primer momento ni la dejaron llamarme; tampoco al abogado. Te fallan las piernas, no lo entiendes.

Diego Torres, en una imagen de archivo. (Gtres) © Proporcionado por Vanitatis Diego Torres, en una imagen de archivo. (Gtres)

P: ¿Qué fue lo que más le dolió de aquellas horas?

R: Lo revolvieron todo, cogieron las cartas con mi mujer de cuando éramos novios y las leían en alto, registraron también los ordenadores de los niños, sus papeles… Yo qué sé qué puede haber en el cajón de un adolescente. Me sorprendió mucho lo de los libros. Leer es mi pasión y la estancia más grande de mi casa es un salón que he convertido en biblioteca. “Hala, mira cuántos libros, deben ser sobre cómo robar”. O examinando mi pasaporte, vieron el sello de un viaje a Colombia. “¡Mira, mira, Colombia! ¡Fotocopialo, fotocopialo!”, como si yo fuera un narco, cuando se trataba de un viaje de trabajo acreditado para el BBVA. ¡Si hasta mi hija tuvo que ir al baño acompañada de un agente!

P: Cuando estalla Nóos, Diego Torres se convierte en poco menos que un apestado. Lo aíslan profesional y socialmente. Deja de trabajar para la escuela de negocios en que daba clases, lo abandonan clientes y muchas personas que eran amigos. ¿Se lo esperaba?

R: En esos primeros meses conocí lo peor y lo mejor del ser humano. Nos abandonó mucha gente y aparecieron otros para darnos cariño. Es muy duro que personas que te conocen perfectamente dejen de llamarte porque la prensa dice lo que dice. Alguien que no sepa nada puede pensar “¿Qué habrá hecho este hombre?”. Pero personas que han trabajado contigo codo a codo… Fue durísimo.

P: Ha debido usted sentirse como un forajido todos estos años al leer a diario, según dice, falsedades en la prensa.

R: Es muy duro contenerse y no hablar a la primera cámara que te aborda. Decidí no hacerlo y demostrar las mentiras en juicio.

P: ¿Cuándo se terminó su amistad con Iñaki Urdangarin?

R: Estas cosas no suceden de la noche a la mañana. A principios de 2006 dejamos de trabajar juntos 12 horas diarias codo con codo y te vas separando un poco. Él estaba con otras personas, que tenían otra forma de pensar y lo llevaban a otros proyectos, y yo seguía en consultoría haciendo las cosas de la misma manera. Las visiones fueron distintas. Si en un momento dado pecó en trabajar en proyectos que a mí no me parecían adecuados, en el fondo es porque ciertas personas le dijeron que a eso sí se podía dedicar sin ningún problema. Una persona que se forma, se prepara e inicia un proyecto pero que renuncia a un trabajo porque se lo sugieren… Solo le queda ganarse la vida.

P: ¿Cuándo fue la última vez que hablaron antes de coincidir de nuevo en la EBAP de Palma el pasado día 11?

R: Fue a mediados de 2008. Le dije que era una tontería que nos peleásemos por ese tipo de discrepancias, cosas de negocios.

P: Leo en su libro que su exsocio, tras dejar Nóos, le pedía altas comisiones por pasarle posibles clientes.

R: Lo normal en este mundo es dar una comisión, de entre el 5 y el 15%, lo que es normal, legal y ético. Aunque yo prefiero deber o que me deban un favor, o deberlo. Ahora bien, si facturo 30.000 y debo darle 15.000… Descuenta salarios, dietas, viajes y gastos. Al final me salen pérdidas.

P: ¿Por qué se volvió tan ambicioso Iñaki Urdangarin?

R: No, no es exactamente eso. Hasta 2006 o 2007 él era de una manera; luego cambió. Él era trabajador y esforzado pero ¿cómo reacciona una persona a quien le dicen “No puedes trabajar”?

P: ¿Se diseñó desde la Casa del Rey, pues, un plan de vida para el duque de Palma?

R: Desde la Casa del Rey se le dijo: “Mira, no puedes trabajar. Te pones a hacer consultoría y se critica. Organizas congresos y se critica. Pero puedes estar en el consejo de administración de una empresa ajena. Te ayudaremos”.

P: ¿Más o menos como ocurrió con Jaime de Marichalar al convertirse en marido de la infanta Elena?

R: Yo esas palabras no las he oído así, pero es la interpretación que Iñaki hizo. Si hubiese sido un caradura le habría parecido perfecto. Pero se sintió frustrado. A una persona trabajadora que quiere hacer cosas por sí mismo y contribuir a la sociedad eso le sienta mal. Varios en su entorno le aconsejamos que lo asumiera dándole consejos: crea una fundación, haz proyectos relacionados con el deporte sin lucro económico...

Los yernos reales: Jaime de Marichalar e Iñaki Urdangarin. (Andrés Guerra) © Proporcionado por Vanitatis Los yernos reales: Jaime de Marichalar e Iñaki Urdangarin. (Andrés Guerra)

P: Sin embargo, según tengo entendido por lo que he leído del sumario de este caso, los tres primeros consejos que se pusieron sobre la mesa fueron Altadis, Pernod Ricard y Lagardere. Tabaco, alcohol y armas.

R: Exacto. No es la elección que yo haría para alguien de quien se ha cuestionado su dedicación y se le quiere mejorar la imagen. Me doy cuenta de que no hay buenos asesores en la Jefatura del Estado. Ahí me asusto. Varios amigos le aconsejamos que terminase el proyecto de fin de carrera en ESADE, que crease una fundación… Así nació Deporte, Cultura e Integración Social (FDCIS), en la que yo le ayudé para que él tuviese una ocupación diaria y pudiéramos ser solo amigos, sin relación ya profesional.

P: En cualquier caso, el plan no parece tan malo. Muchas personas firmarían. ¿Por qué se siente entonces tan frustrado?

R: Al principio porque se queda sin trabajo y después se preocupa porque pasan los meses y no llegan esos consejos de administración. Él tiene una hipoteca que y le han hecho renunciar a un salario. Quizá por eso acepta con demasiada alegría ciertos trabajos, como uno que supone buscar oportunidades de negocio en Jordania para una empresa española de aguas. ¿Qué puede aportar ahí un exdeportista y expresidente del COE? Yo renuncio a participar en esos proyectos, dejamos de hablar con tanta frecuencia y comienza nuestra separación.

P: ¿Cómo se le reparará el daño si es, finalmente, declarado inocente?

R: Yo quiero que se demuestre que soy inocente. Hasta ahora he estado recopilando y analizando información, ahora debo preparar lo que presentaré en juicio. Reparaciones… Ya reharé mi vida. Tengo el resto de ella para hacerlo.

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