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48 horas en Marsella: pura luz mediterránea

¡Hola! ¡Hola! 04/07/2016 hola

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Cosmopolita y multicultural, pero también caótica y algo canalla, Marsella ha añadido una regeneración urbana a esa esencia marinera y ese arte del buen vivir. El resultado es una metrópoli en plena transformación capaz de ofrecer una jugosa oferta cultural y gastronómica... Recorremos todo lo que da de sí esta joya del Mediterráneo en 48 horas.

SÁBADO
9.00 HORAS: UN PASEO POR EL VIEJO PUERTO

Con su pintoresco perfil y sus mástiles rozando el cielo, es el alma de Marsella, el rincón donde se han escrito las páginas de su historia. Por eso conviene dedicarle la mañana inicial para tomar el pulso a la ciudad. La bienvenida la da el Mercado del Pescado, montado a su vera todos los días, excepto cuando sopla el mistral y lo botes no salen a faenar. Y la sorpresa llega con su nuevo rostro (más bonito, más moderno, más cómodo), fruto de la remodelación llevada a cabo por Norman Foster con motivo de la Capitalidad Cultural de 2013. El Viejo Puerto goza desde entonces de un paseo peatonal, y de un emblema, la Ombriére, que bajo el reflejo de su metal pulido ofrece sombra cuando el sol aprieta.

Si elegimos la orilla sur, el trayecto nos guiará por la parte burguesa de la ciudad, la misma que promovió Luis XIV en 1660: casas elegantes, palacios, barrios con líneas geométricas… serán el marco de este paseo hasta el Fuerte de San Nicolás.

Si abordamos la orilla norte daremos con el Mercado de las Flores que tiene lugar todos los sábados. Es aquí, a lo largo de la nueva explanada pensada para los viandantes, donde apreciaremos el Ayuntamiento o Las Consignas Sanitarias y, perdiéndonos entre las callejuelas, tesoros como la plaza Villeneuve Bargemon, la Casa del Diamante o el antiguo hospital reconvertido en el lujoso Hotel Dieu. Al fondo del paseo quedará el Fuerte de San Juan.

12.00 HORAS: UNA SESIÓN DE ARTE EN EL MUCEM
Símbolo de la nueva Marsella es el Museo de las Civilizaciones de Europa y el Mediterráneo (mucem.org), con una arquitectura única: un cubo con encajes de hormigón, unido al Fuerte de San Juan por una pasarela sobre el mar. Hasta el 29 de agosto la exposición Picasso,un genio sin pedestal será la cita artística del verano con una temática nunca antes estudiada: la relación del genial artista con las tradiciones populares. El MuCEM forma parte del espacio cultural J4, que es el antiguo muelle reconvertido en todo un cúmulo de arte.

14.00 HORAS: DESCUBRIR EL BARRIO EUROMEDITERRANÉE
Tomando el bulevar del Litoral se inicia un bello paseo arbolado hasta el distrito de los negocios, protagonista de la mayor rehabilitación de la Europa del Sur. Allí afamados arquitectos han dado un soplo de modernidad a esta ciudad de mil rostros. La Torre CMA-CGM, de Zaha Hadid; los Muelles de Arenc de Jean Nouvel, plagados de restaurantes; y el Silo de Eric Castaldi, un auditorio gigantesco, son algunos de sus hitos. Pero antes hay que pasar por Las Terrases du Port (lesterrassesduport.com) el nuevo templo del shopping (y del ocio, en general) casi colgado del mar. Si el hambre aprieta, será buena opción tomar un tentempié (o varios) en su mercado gastronómico.

17.00 HORAS: PERDERSE POR LE PANIER
Calles enmarañadas, cuestas imposibles, coloridas fachadas al más puro aire de La Provenza. Le Panier
es el exponente de la Marsella vieja, el barrio histórico, silencioso y coqueto, que acoge un laboratorio de tendencias. Galerías de arte, ateliers de jóvenes creadores, tiendas vintages, apetecibles terrazas… No hay que perderse la Catedral de la Vieja Mayor, La Vieille Charité y plazas tan encantadoras como De Moulins, en el punto más alto, o De Lenche, con vistas arrebatadoras al puerto y la Basílica.

20.00 HORAS: PLANES NOCTÁMBULOS
Porque la gastronomía marsellesa es un asunto a tener en cuenta, es momento de ir en busca del buque insignia de su cocina: la bouillabaisse, probablemente la sopa de pescado más sabrosa del mundo. Le Miramar (http://lemiramar.fr/site), en el Puerto Viejo, es un clásico para degustarla. Eso sí, después habrá que quemar calorías con una dosis de animación nocturna en el Cours d’Estienne d’Orves. Este barrio peatonal aglutina un buen puñado de restaurantes, bares y discotecas con una marcha incombustible.

DOMINGO
10.00 HORAS: SUBIR A NOTRE DAME DE LA GARDE

Iniciemos el día con una panorámica sublime, la que se vierte desde la colina de la Garde, el punto más alto de la ciudad. 360 º desde l’Estanque hasta el Parque Nacional de Les Calanques, con sus rocas escarpadas y sus calas turquesas. También se divisan las islas de Frioul y el mítico castillo de If con la huella del Conde de Montecristo. La subida hasta la basílica de Notre Dame de la Garde puede hacerse en autobús, trenecito o a pie, para los más intrépidos, en un trayecto de 45 minutos.

13.00 HORAS: RECORRER SU CALLE EMBLEMÁTICA
Más allá de su fachada marítima, Marsella esconde un elegante entramado urbano digno de un paseo sin prisas. La Canebière es su arteria más significativa, famosa en el mundo entero por una canción de los años 30. Una avenida que vivió su esplendor en el siglo XVIII, al calor de un comercio con Oriente que enriqueció a la ciudad. Fue entonces cuando se erigieron sus palacios, casas señoriales, hoteles de lujo y cafés, de los que llegó a albergar hasta 280. Hoy sigue atravesada por el tranvía a lo largo de un bello trayecto. Una opción para comer cerca es el restaurante Le Mas (4 rue Lulli), con una cocina tradicional francesa y platos sabrosos y contundentes.

16.00 HORAS: VISITAR EL ESTADIO DE FÚTBOL
Solo a los amantes del deporte rey les hará ilusión esta visita, especialmente si coincide con uno de los seis partidos que acogerá durante la Eurocopa. El ambiente estará entonces garantizado en las inmediaciones del Stade Vélodrome, que data de 1937 y que ha sido objeto de una tercera generación de reformas con motivo del torneo futbolero.

19.00 HORAS: APURAR LAS COMPRAS
El colofón a este fin de semana puede ser buscar un recuerdo para llevarnos a casa. El jabón de Marsella, reconocido por sus virtudes terapéuticas, suele figurar en el top, aunque una exploración más a fondo descubrirá nuevos regalos. Lujo en la calle de la République, artesanía en Le Panier, diseño local en la rue de la Mode o gangas retro en Edmond Rostand, el barrio de los anticuarios, son algunas de las posibilidades según sea tu gusto y estilo.

MUY PRÁCTICO
El tren (renfe-sncf.com) es la forma más rápida y cómoda de llegar a Marsella. La alta velocidad franco-española permite viajar a diario desde Barcelona (4 horas y media) y Madrid (7 horas y media) con precios a partir de 59 €.

Un alojamiento ideal es el Grand Hotel Beauvau (sofitel.com), en el Viejo Puerto, al final de La Canebière. Se trata de un clásico de la ciudad desde 1816, con cómodas habitaciones, bañadas por el sol, que condensan el lujo y la elegancia.

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