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Alaska y Mario redecoran su vida con los objetos de Sara Montiel y Marujita Díaz

Vanitatis Vanitatis 01/05/2016 M. Bolonio

“Rodeada de las pertenencias de Sara Montiel en la Joyería Molina Cuevas. Gracias por estas iniciativas que nos permiten conservar un trocito de nuestras estrellas”. Alaska, fiel admiradora de la desaparecida Sara Montiel, acudía hace unas semanas a una céntrica joyería de Madrid para echar un vistazo a todos los objetos que los hijos de la artista habían puesto a la venta. Quería hacerse con algo de la manchega que la hiciera sentirse más cerca de ella y quiso retratar su visita a través de las redes sociales. Aquel día no se fue con las manos vacías y seguro que necesitó de ayuda para trasladar hasta su casa sus nuevas adquisiciones. Según ha confesado la vocalista de Fangoria en conversación con Vanitatis, compró una mesita de noche de Saritísima “para tenerla cerca”, una bandejita de recuerdo del Griffins's cuando le hizo un homenaje en 1980 que quiere poner en una vitrina y varios objetos de porcelana que pertenecieron a Marujita Díaz.

Con todo ello adornarán (aún más) su residencia madrileña sita en la Gran Vía y que todos los espectadores conocen gracias al reality 'Alaska y Mario'. Tan encantados están con ese piso -al que llaman "casa rosa" por el color de sus paredes- que la pareja acaba de comprar otro inmueble situado en el mismo edificio. En su nueva residencia, que recuerda a un salón de juegos de Las Vegas, reciben a Vanitatis para contarles cómo se decidieron a ampliar su patrimonio. “No había cartel de 'se vende' ni nada, pero lo encontramos en una conocida web de venta de casas. La idea era encontrar un sitio en el que pudiéramos recibir a nuestros amigos y, de momento, ya han inaugurado este salón de reuniones Bibiana (Fernanández) y David Delfín y después Mariló Montero y Melani Olivares”, cuenta Mario Vaquerizo.

Alaska y Mario nos invitan a su nueva casa (Gtres) © Proporcionado por Vanitatis Alaska y Mario nos invitan a su nueva casa (Gtres)

La nueva casa de los dos artistas aún está pendiente de decorar. Quedan por colocar muchas cosas porque, según ellos, tienen horror vacui y necesitan recargar las paredes. “Tenemos la influencia de personas cuyas casa son un fiel reflejo de esta como la de Sara Montiel o la de Rappel. Esas son las casas que nos gusta, esas que la gente dice 'qué mal gusto' pero que a nosotros nos encantan. De hecho, muchas veces nos dice la gente: 'Uy, tenemos una cosa que te va a ir genial en tu nueva casa' y entonces sacan una cosa horrorosa y yo pienso: así nos ven”, explica el matrimonio.

Acosados por los fans

Alaska y Mario nos invitan a su casa (Gtres) © Proporcionado por Vanitatis Alaska y Mario nos invitan a su casa (Gtres)

El nuevo domicilio de Alaska y Mario está, como el anterior, en una calle perpendicular de la Gran Vía de Madrid que gracias al reality que protagonizan desde hace varios años se ha convertido en un lugar de peregrinación. Cuando Vanitatis toca el telefonillo de su casa, mientras responden, se pueden leer todos los mensajes que los fans les dejan escritos en la pared, unas muestras de cariño que ya han incomodado a todo el vecindario. “Nosotros no vivimos en un adosado ni en una finca, vivimos en una comunidad de vecinos. A mí no me importa hacerme fotos con todo el mundo porque yo no soy como esos famosos que dicen: 'ay no, la fama me molesta'. Anda, tonta, para eso se cajera del Día. Pero a veces es difícil porque se puede molestar al resto de personas con las que estamos conviviendo. De todas formas, nuestros vecinos son maravillosos y yo cada dos por tres estoy pintando la fachada. Que sé que son demostraciones de amor que se agradecen siempre, pero lo que no se puede no se puede”, afirma tajante Mario, que se apresura a añadir: “Pero fíjate que se nota cuando llaman al telefonillo el que es fan fan de verdad o el que lo hace para reírse de ti porque quiere una foto porque me ve como un friki de esos que dicen ellos”.

Alaska, por su parte, puntualiza que han llegado a un acuerdo con los vecinos de que no van a hacerse más fotos para evitar que se corra la voz. Durante un tiempo tuvieron “un photocall” instalado en la puerta de su casa y ruega que si quieren hacerse una foto en el portal, perfecto, pero que no llamen al telefonillo. “Yo me haría una foto en Ambiciones o en Cantora, pero no llamaría al timbre”, subraya.

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