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Arantxa Sánchez Vicario acude a despedirse de su padre 'in extremis'

Vanitatis Vanitatis 19/02/2016 Andrés Guerra

Su vida se apaga sin conocer ya ni a quién tiene al lado, Marisa, su mujer, su compañera, su enfermera. Tampoco a tres de sus cuatro hijos y sus nietos. Cuando el anciano falte, la que no estuvo allí tal vez piense que debió actuar de otro modo. Pero aun así, ya será tarde. Emilio Sánchez, padre de la campeona de Roland Garros, Arantxa Sánchez Vicario, está ingresado de modo permanente en el hospital Quirón de Barcelona y, hasta este viernes, ella no ha accedido a despedirse.

Según ha podido saber Vanitatis, la salud de Emilio Sánchez se ha deteriorado enormemente en los últimos meses. Tanto es así que el pasado mes de diciembre se vio obligado a dejar su domicilio, en la avenida Diagonal de Barcelona, para ser trasladado al centro hospitalario, donde está en permanente observación y de cuya cama no se separa su esposa. El padre de la tenista, aquejado de alzhéimer desde hace años, ha dejado de reconocer a los suyos, prácticamente no habla y su estado es semivegetativo.

Marisa Vicario y Emilio Sánchez en una imagen de archivo (Gtres) © Proporcionado por Vanitatis Marisa Vicario y Emilio Sánchez en una imagen de archivo (Gtres)

El anciano continúa recibiendo en su habitación las visitas casi a diario de sus hijos Javier y Marisa. Emilio acude con menor frecuencia de la que quisiera por vivir entre Barcelona y Miami (EEUU). Sin embargo, Arantxa prefirió no acompañarlo en estos meses de ingreso: en Navidad la tenista visitó Barcelona con su marido y sus dos hijos, pero no se acercó por el hospital, pese a conocer el precario estado de salud de Emilio Sánchez. Hoy ha decidido cambiar la historia: esta misma mañana aterrizaba en un avión procedente de Miami para despedirse de su padre, cuyo estado de salud se ha agravado en las últimas horas.

El efecto Santacana

Las relaciones entre Arantxa y su familia se tensaron cuando empezó a salir con Josep Santacana. Era verano de 2007 y quien es hoy su marido trabajaba como intermediario en el sector inmobiliario tras haberse movido con soltura en el no siempre prístino mundo de las subastas (su jefe, José Guindulain, se suicidó en 2009). Los padres de la tenista no se fiaban de él. Acumulaba deudas de decenas de miles de euros, según ha podido comprobar Vanitatis, por algunas de las cuales acabaría siendo imputado tiempo después. Emilio y Marisa encargaron un dossier a la agencia de detectives Método 3 y que tal afrenta llegase al conocimiento de Santacana fue su gran error. No pudieron impedir la boda, que se celebró en septiembre de 2008 en el castillo de Peralada (Gerona), pero la grieta estaba abierta. Todo iría a peor.

Arantxa Sánchez Vicario junto a su marido, Josep Santacana (Gtres) © Proporcionado por Vanitatis Arantxa Sánchez Vicario junto a su marido, Josep Santacana (Gtres)

Como el lector recordará, la publicación del libro biográfico ‘Arantxa ¡Vamos!’, en febrero de 2012, sonó como las trompetas de Jericó y demolió para siempre los cimientos que pudiesen quedar en pie entre ella y su familia: en él, la campeona se despachaba contra sus padres, se mostraba como la gallina de los huevos de oro de la que vivió la familia y acusaba a sus padres de volatilizar su fortuna. Ya afrontó anteriormente problemas con Hacienda y ahora, simplemente, no tenía dinero en el banco para pagar sus deudas. La deportista leyó un comunicado entre lágrimas, pero no admitió preguntas de la prensa. La tenista denunció a sus padres y el calvario se cerró en julio pasado con un final extrajudicial: sus padres podrían continuar viviendo en el piso de la Diagonal, del que la tenista pretendió echarlos, y ella se reservaba el derecho de vender el apartamento de S’Agaró (Gerona), escriturado a nombre de una sociedad.

Arantxa Sánchez Vicario junto a sus padres en una imagen de archivo (Gtres) © Proporcionado por Vanitatis Arantxa Sánchez Vicario junto a sus padres en una imagen de archivo (Gtres)

Una familia rota para siempre

Arantxa se instaló definitivamente en Estados Unidos hace dos años, donde trabaja como directora deportiva en la Metropolitan International School de Miami (el año pasado entrenó en tierra batida a la danesa Caroline Wozniacki y es embajadora del circuito WTA) mientras su marido continúa vinculado al sector inmobiliario. De su familia, solo mantiene trato con Emilio, el mayor de los cuatro hermanos, con domicilio también en Miami y quien trató de ser mediador entre ambos lados cuando aún había muebles y cariño que salvar. Arantxa y Pep, que disfrutaron unos días del verano pasado en Formentera, no saben si sus sobrinos llevan 'brackets', les va bien en el cole o la mayor tiene novio. Marisa y Javier no ven crecer a Arantxa Jr y Leo, nacidos en 2009 y 2011. Para Emilio Sánchez y su hija ya todo es tarde.

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