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Así es la poderosa (y discreta) familia Balañá, los 'dueños' de los toros en Cataluña

Vanitatis Vanitatis 24/10/2016 A.S.

Detrás de la sentencia del Tribunal Constitucional que hace unos días tumbó la prohibición de las corridas de toros en Cataluña, no solo hay una alcadesa (Ada Colau) que se niega a acatarla, hay también una poderosa familia que se ha visto recompensada por dicha decisión, la propietaria de la Monumental barcelonesa. Se trata de la familia Balañá, una discretísima saga de empresarios dedicados al ocio en la ciudad condal y que regentan el coso catalán desde 1927. Pero este no es el único negocio que regentan los Balañá en Barcelona.

Dos de los cuatro hijos de Pedro Balañá Fuertes (uno falleció) han continuado con la estirpe empresarial: María José Balañá Mombrú, que se encarga de los teatros (Capitol, Tívoli, Borrás y Coliseum), y Pedro Balañá Mombrú, que se encarga de los multicines (Arenas, Aribau, Aribau Club, Club Coliseum, Bosque, Glòries, Gran Sarrià, Palacio Balañá y Urgell). Y es que, a pesar de tener la titularidad de la Monumental, en su presentación corporativa, la del Grupo Balañá, a día de hoy no hay ni rastro de los toros: "Cines i teatres de Barcelona des de 1943", rezan en su web.

Anna Martínez Balañá, bisnieta del fundador, pidiendo silencio en los cines de la familia. © Proporcionado por Vanitatis Anna Martínez Balañá, bisnieta del fundador, pidiendo silencio en los cines de la familia.

Encontrar fotos de ellos sin recurrir al blanco y negro del fundador de la saga es casi imposible. A pesar de estar tan íntimamente ligados con el espectáculo, su asistencia a actos públicos es nula. El único rostro de la familia con el que el gran público está familiarizado es el de la bisnieta del fundador Anna Martínez Balañá, que es la niña (ya es mayor de edad) que sale en la publicidad de los cines pidiendo a los espectadores que guarden silencio en la sala. 

Pedro Balañá Mombrú. © Proporcionado por Vanitatis Pedro Balañá Mombrú.

Los 329.699 euros por prohibir los toros

La Generalitat, que anunció que pagaba en mayo de 2014 a la familia Balañá 329.699 euros por los perjucios causados por la prohibición de las corridas de toros, cree que la Monumental de Barcelona es más rentable acogiendo espectáculos de circo y conciertos que organizando corridas de toros. El nonagenario Pedro Balañá Fuertes, hijo del mítico Pedro Balañá Espinós, que consiguió que la Monumental plantara cara a Las Ventas, no piensa lo mismo, aunque públicamente han decido no hacer declaraciones. Dicen que haría al menos una corrida, a sabiendas de la multitud de vetos con los que se encontraría. Aún quedan en la memoria de este empresario taurino los dos toros de El Pilar que lidió José Tomás en la última corrida celebrada en la Monumental de Barcelona cuando se cerró el 25 de septiembre de 2011.

Lo cierto es que parte de las nuevas generaciones no profesan ya ese fervor taurino del bisabuelo y el abuelo. Todos miden sus palabras. Respecto a la propiedad de la plaza Monumental, el 'conseller' de Territorio y Sostenibilidad, Josep Rull, ha explicado que los Balañá "son los primeros interesados en que no haya corridas", y, aunque ha apuntado que aún no ha hablado con ellos, "en la Monumental se hacen actividades vinculadas al circo y a conciertos, y es mucho más viable y rentable".

Don Pedro y los 15 millones de pesetas 

Pedro Balañá Espinós nació en el barrio barcelonés de Sants en 1883. Empezó vendiendo periódicos, leche y carne de toros lidiados (por este orden) y acabó llevando la gestión de las plazas de media España. Llevarse bien con Balañá era necesario si uno lo que quería era triunfar en los ruedos. Junto con José Flores González, alias 'Camará', y Rafael Gago, apoderados del mítico diestro Manolete, dominó el circuito taurino en los años de posguerra. Pero ni ellos, ni sus rencillas, formaron parte del espectáculo. Su perfil empresarial y público fue siempre muy bajo.

Pedro Balañá en una foto de archivo de 1960. © Proporcionado por Vanitatis Pedro Balañá en una foto de archivo de 1960.

En 1927, pagó 15 millones de pesetas a la viuda del empresario que construyó la Monumental, que en un principio se llamaba El Sport, y se hizo con la plaza. Se hizo con la explotación de las otras dos plazas de toros de la capital, el Torín de la Barceloneta y Las Arenas, que estaban antes en manos de una empresa madrileña. A la par, gestó su imperio de salas de cine. La entrada de los Balañá en el negocio cinematográfico se produjo en 1943, con la compra del cine Avenida de la Luz, que acabó siendo un cine porno. Balañá padre se lo regaló a Balañá hijo, un heredero que en un principio sentía más afición por el mundo de la exhibición cinematográfica que por los toros. 

De los toros a los eventos deportivos

Balañá Espinós fue militar republicano y murió justo en el año en el que había tomado la decisión de presentarse a concejal por el tercio sindical franquista. Tenía 79 años. Una década después de la muerte de su padre, perdieron la plaza de Las Arenas y La Maestranza de Sevilla. La familia se empezó a centrar en el cine sin perder la afición taurina, pero no con la pasión del fundador. 

De casi todas de las plazas que aún conservan, han cedido la gestión, como hicieron con la Monumental, a la familia García Jiménez, conocida en el mundillo taurino como Matilla, socios suyos desde hace varios años. En el caso de Palma de Mallorca, la familia conserva la gestión y la propiedad, pero se utiliza básicamente para conciertos (por allí han pasado de Estopa a Sting) y para usos deportivos, como una eliminatoria de cuartos de final de la Copa Davis de 2004.  

En marzo de 2015 salió la luz la noticia de que los Balañá querían deshacerse de la Monumental de Barcelona. Y se publicó que la familia de empresarios proyectaba un centro comercial y un hotel, y buscaba un inversor que adquiriera el activo por 41 millones de euros. Por cierto, ni la Generalitat ni el Grupo Balañá han sabido responder a este medio sobre qué pasa con los casi 330.000 euros que recibieron los empresarios cuando el Gobierno catalán prohibió los toros hace ahora dos años. 

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