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'Astral': un Jordi Évole invisible se supera con un 'anti prime time' desgarrador

Vanitatis Vanitatis 16/10/2016 Alfonso Muñoz

Un naufragio; un chaleco flotando en el agua; el testimonio de quien ha visto perderse bajo el agua cientos de vidas “como si un Airbus cayese sobre el mar”. Así arranca ‘Astral’, la película documental con la que Jordi Évole y el equipo de ‘Salvados’ quieren mostrar la cruda realidad que atraviesan los refugiados en su intento por cruzar a Europa a través del Mediterráneo, y que ya hemos podido ver en VANITATIS. Un arranque impactante y desgarrador para anticipar que, lo que viene a continuación, no deja de ser un drama envuelto bajo el anhelo optimista de quien lo deja todo para evitar que se repita.

A lo largo de sus 100 minutos de duración, Évole acompaña al equipo de Proactiva Open Arms en su viaje por las costas de Libia rescatando ‘dinguis’ y embarcaciones de inmigrantes. Todo ello, con la reparación del yate cedido por Livio Lo Monaco y su puesta a punto como hilo conductor y punto de partida: “Un barco de ricos para ayudar a los pobres”.

Fotograma de 'Astral', el documental de Jordi Evolé © Proporcionado por Vanitatis Fotograma de 'Astral', el documental de Jordi Evolé

El espectador, un tripulante más

Un viaje en el que se consigue involucrar al espectador al 100%, como si desde el sofá de su casa pudiese ser testigo de la miseria a la que se enfrenta el equipo de la ONG a diario y participase como uno más en sus complicadas labores de rescate. Un efecto que se consigue gracias a la cámara en mano, con la que pareces un tripulante más del ‘Astral’; pero también a la excelente idea de, en muchas ocasiones, colocar las cámaras en un punto del barco para así ser testigo de la vida en cubierta de estos ‘héroes de alta mar’. Una suerte de ‘Gran hermano’ en el que abundan planos fijos durante la toma de decisiones, la puesta a punto del barco o las reflexiones del equipo sobre su labor humanitaria.

Es ahí, precisamente, donde radica uno de los puntos más fuertes de ‘Astral’. La manera de involucrar al espectador y acercarle algo tan “lejano”, hace que quien esté viéndolo en su casa quiera participar en sus debates y se empape más de sus testimonios. Paradojas tales como aceptar, en un momento dado, que al rescatar a estas personas  y conseguir salvar sus vidas, “se convierten en piezas del engranaje del tráfico de refugiados”. O fuertes críticas a la doble moral religiosa, a la labor de nuestros gobernantes y a  la falta de movilización española ante un problema que consideramos lejano y que, gracias a este proyecto, se consigue acercar al salón de nuestras casas.

En definitiva, conclusiones a las que el propio espectador podrá llegar después de ver a lo que se enfrenta a diario el equipo de Proactiva. Porque sí, aunque tardan en llegar, las imágenes del equipo en plena acción avistando embarcaciones y yendo a rescatarlas acaban ocurriendo. Y de qué manera. El equipo de ‘Salvados’ ha conseguido mostrar la cruda estampa de los rescates en alta mar, las embarcaciones atestadas de gente en posturas imposibles y la lucha agónica de sus pasajeros por la vida, sin caer ni una sola vez en el sensacionalismo. Se muestra la realidad tal y como es, sin maquillársela al espectador, pero sin recrearse en la miseria ni en el morbo. Un complicado ejercicio entre el respeto y la información veraz que hacen de ‘Astral’ un testimonio imprescindible.

Imagen de una embarcación con refugiados en las costas libias | Reuters © Proporcionado por Vanitatis Imagen de una embarcación con refugiados en las costas libias | Reuters

Un Évole ausente

Uno de los aspectos más significativos de ‘Astral’ es el propio papel de Jordi Évole. Acostumbrados a su rol casi protagonista en ‘Salvados’, llama la atención su poca presencia en ‘Astral’. Al menos, en cámara, porque su sello inconfundible está presente constantemente. Únicamente vemos a Jordi Évole cuando entrevista a sus protagonistas o escucha sus testimonios, llegando a estar ausente durante prácticamente todo el metraje. Una decisión aplaudible que pone el toque diferenciador con ‘Salvados’ y que hace que el espectador se olvide de que está viendo un "programa de televisión", para dar el verdadero protagonismo a las imágenes y a los testimonios de sus protagonistas.

El único 'pero' de 'Astral'

El único ‘pero’ de esta nueva joya de La Sexta es su estructura narrativa. Tras los testimonios iniciales del naufragio, se va trasladando al espectador hacia atrás en el tiempo con sobreimpresiones tipo “Tres meses antes” que, a la segunda vez que aparecen, acaban confundiendo al espectador. Llega un momento en el que no sabes si los flashbacks van desde el arranque de la película o desde la última escena que acabas de ver.

Astral, el velero de lujo convertido en un barco de rescate de refugiados (Salvados) © Proporcionado por Vanitatis Astral, el velero de lujo convertido en un barco de rescate de refugiados (Salvados)

Documental de calidad; calidad de película

Este aspecto narrativo es, sin duda, importante pero no relevante a la hora de lograr el objetivo de 'Astral': acercar el drama de los refugiados a nuestras casas y conseguir que el espectador se involucre, sufra, y sobre todo reflexione sobre algo mucho más cercano de lo que todos podemos llegar a imaginar. Todo ello, con un claro enfoque de documental pero sin olvidarse por un momento de las cuestiones estéticas y su vocación de película. Impresionantes planos aéreos con drones; impactantes imágenes del agua o el juego con los sonidos ambiente y la práctica ausencia de música para reforzar aún más el contenido, hacen de 'Astral' un producto cinematográfico de muy buena calidad.

Como el propio ´Évole remarcaba en la presentación, el ritmo es "duro", "100 % documental", pero no por ello tedioso ni soporífero. Al revés, consiguen en la primera parte crear una '"calma tensa" que ser rompe con la llegada de los primeros rescates, creando un clímax in crescendo que acaba, como no podía ser de otra manera por la temática, con la ausencia de un final feliz. O de un final, a secas, porque la historia continúa en la realidad tras los títulos de crédito.

Un producto arriesgado, rompedor y redondo con el que tanto Jordi Évole como La Sexta han conseguido superarse, programando en pleno prime time del domingo un "anti prime time" (en palabras del propio Jordi) de calidad. Un pequeño gran hito televisivo con el que La Sexta vuelve a hacer historia.

© Externa
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