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Bette Davis. Lo demás, 'merde'

Vanitatis Vanitatis 12/03/2016 Nacho Gay

Eran alrededor de las diez de la noche de este viernes cuando Susanna Griso y Marta Sánchez salían de paseo en bicicleta por las calles más linajudas de Miami. Nunca he comprendido muy bien a la gente que va a la peluquería antes de hacer deporte, sinceramente, pero tampoco es algo que condene del todo. Tampoco tengo nada en contra de las personas que se levantan ya maquilladas. Es una cosa que no sabía que existía, pero puede que sea hasta práctico, la verdad.

Imagen de la película 'Las 13 rosas' de Emilio Martínez-Lázaro © Proporcionado por Vanitatis Imagen de la película 'Las 13 rosas' de Emilio Martínez-Lázaro

Mientras observo a las dos damas interpretar un supuesto 'día a día' en la vida de la cantante, pasan por mi cabeza los fotogramas de 'Las 13 rosas', una película española ambientada en las postrimerías de la Guerra Civil. Aún permanece en mi recuerdo el rostro de aquellas chicas de las Juventudes Socialistas maquilladas por el mismísimo Dior justo en el momento en el que iban a ser fusiladas por el régimen. Todo un alarde de credibilidad escenográfica. Tras cada tiro, salía volando una pestaña postiza. Sí, ya sé que la cosa está basada en una historia real, pero mi frialdad en la narración de los hechos no es siquiera comparable a la que sirvió de escenario para rodar semejante cuadro.

Pues, para que se hagan una idea los que no lo hayan visto, el nuevo programa de Susanna Griso es más o menos así, pero con cruasanes.

Susanna Griso y Marta Sánchez en un momento del programa © Proporcionado por Vanitatis Susanna Griso y Marta Sánchez en un momento del programa

El exceso de maquillaje, supongo, a veces es lo de menos. Lo cierto es que ni Michael Haneke sería capaz de rodar un solo plano con un ápice de verdad si su actriz principal fuese Marta Sánchez. Cada vez que la cantante de 'Desesperada' lee las líneas de uno de sus guiones se funden de golpe dos Palmas de Oro. Cada sonrisa de medio lado que ponía la pobre Susanna mientras escuchaba las respuestas de su interlocutora era una especie de sentencia de muerte. Aquello parecía el rodaje de '¿Qué fue de Baby Jane?', con Bette Davis y Joan Crawford reprimiendo en cada plano las ganas que tenían de escupirse en cuanto Robert Aldrich gritaba aquello de “corten”. 

La comparación que acabo de hacer, digna de tres años de presidio por lo menos, no es solo un sacrilegio meramente formal, sino también conceptual. Porque si algún título se ganó en su vida Bette Davis (a mí Crawford nunca me cayó del todo bien) fue precisamente el de reina de lo políticamente incorrecto. Y si algo falta en '2 días y 1 noche' es precisamente eso.

Viene más al caso, sin duda, una comparación entre Griso y Bertín Osborne. Así, de primeras, hablamos de la Bella y la Bestia. Del Jabugo y el York. Y, sin embargo, habiendo dado Susanna al menos dos vueltas más alrededor del mundo, aún no ha olido siquiera, esa es la triste verdad, la naturalidad que desprende el espacio que el 'latin lover' presenta en TVE, hoy en busca del mejor postor. Está el gran Raphael sentado en el diván de Antena 3 y, cosas que pasan, resulta más estimulante ver a Paco Arévalo haciendo una paella en el 'prime time' de la televisión pública. 

El de la impostura es, sin embargo, un problema de índole general en este país. ¿Verdad, compi Reina? Veo a Wyoming hincar el diente a Doña Letizia por los dichosos mensajes a López Madrid. Vale, está muy mal tener amigos corruptos, pero seamos sinceros: ¿quién no tiene dos o tres? Si todos denunciásemos a la vez los desfalcos que conocemos, al día siguiente las cárceles españolas deberían acondicionarse para los inocentes y el resto del territorio español sería declarado prisión federal. ¡Por Dios, eran unos mensajes privados! Si la Guardia Civil me desvalijase el móvil, en 24 horas no tendría trabajo, pareja y probablemente tampoco apellido.

No seré yo quien defienda a una señora que dispone de tres ejércitos, pero no deja de resultar paradójico que los mismos que quieren abolir la monarquía sean también los que les exijan a los Reyes modales de otros tiempos. Les solicitamos recurrentemente que se modernicen y cuando dicen “mierda” les mandamos a la guillotina, de lo que se infiere que “mierda” es una palabra netamente comunista. Y si se pude ser comunista teniendo 19 pisos en Madrid, como Wyoming, ¿por qué no se puede ser reina y decir “mierda”?

Impostura, señores. Así que Bette Davis. Lo demás, 'merde'.

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