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Cómo cuidar la vista de los niños en casa o en el colegio

¡Hola! ¡Hola! 18/12/2015 hola
© Proporcionado por Hola

Muchas veces suelen asociarse las malas notas en el colegio con algún tipo de problema visual. El motivo es la dificultad que a menudo tienen los padres para detectar los defectos en la vista de los más pequeños a una edad temprana, al menos hasta que no dan síntomas notables, como por ejemplo, un bajón en el rendimiento escolar. Los niños no saben por experiencia que su visión es mala cuando lo es, y tampoco es una pregunta que surja de manera espontánea a menos que el pequeño haya manifestado alguna molestia en voz alta. Los problemas oculares pueden pasarse por alto durante algún tiempo, mientras que otras patologías menores, como la conjuntivitis y los orzuelos, son tan o más frecuentes en el entorno escolar, tanto en los colegios como en las guarderías.

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Una manera de prevenir y evitar que los niños sufran de un problema de vista que pasa indetectado es llevándoles a revisiones periódicas, por ejemplo, en fechas señaladas del año como puedan ser las navidades o el inicio del curso escolar; de este modo, la consultas pasan a formar parte de un calendario de rutinas a largo plazo, como la obligada visita al dentista. "Las complicaciones más comunes en los niños son los defectos de graduación, sobre todo la hipermetropía pero también el astigmatismo y, en menor medida, la miopía. Se calcula que en el año 2023 en la Comunidad de Madrid habrá casi 50 mil menores de cinco años con miopía, 282.129 con hipermetropía y 98.743 con astigmatismo”, explica el Dr. Javier Hurtado, director médico de la Clínica Rementería, donde se espcializan en oftalmología para mayores y niños.

¿Se pueden reconocer los defectos de graduación en el colegio?

Mientras están en el 'cole', y siempre que los profesores estén pendientes del comportamiento de los alumnos, es posible detectar un problema de vista. También en casa, mientras leen, o durante las horas de estudio. Algunos síntomas que pueden ponernos sobre la pista: si por ejemplo el pequeño se acerca mucho a los libros cuando lee o dibuja, guiña los ojos cuando quiere ver con definición (un clásico muy evidente es la pizarra, más incluso que los libros), si se frota a menudo los ojos o pierde interés por cosas que están lejos. Además, los problemas de visión suelen provocar que los niños tarden un poco más en leer que sus compañeros de clase.

"Si estos síntomas no se detectan a tiempo, los defectos de graduación en niños por debajo de los 12 años pueden producir un ojo vago. La detección y el tratamiento son prioritarios especialmente si hay antecedentes en la familia de ojo vago, estrabismo, tratamientos con parches, cirugías oculares en la infancia o defectos de graduación", explica el doctor. La graduación aproximada de los niños se mide con una máquina llamada autorrefractómetro, y sería la opción óptima para las revisiones médicas que tienen lugar en los colegios en los que también se revisa la vista. Estos procedimientos no son complejos, y tampoco buscan conocer la graduación exacta, aunque sí "pueden detectar la necesidad de llevar gafas, y por después derivar a una consulta de oftalmología".

Otros problemas oculares muy comunes en los niños son los orzuelos o la conjuntivitis, tanto las que son víricas y que pueden aparecer a lo largo de todo el año, como las alérgicas que se dan en primavera y otoño. Tanto los orzuelos como las conjuntivitis víricas suelen contagiarse con mucha facilidad, especialmente en los entornos en los que los niños están en contacto constante unos con otros. Ambos se tratan con antiinflamatorios y antibióticos durante aproximadamente una semana. "En los niños hay que tener especial cuidado de que la infección no se extienda por detrás del ojo hacia la órbita, ya que hay un mayor riesgo de que afecte a la visión. Las medidas de higiene para evitar el contagio y los lavados con suero fisiológico son los tratamientos más habituales", puntualiza el Dr. Hurtado. En cambio, la conjuntivitis alérgica se suele tratar con colirios antialérgicos durante aproximadamente un mes, aunque siempre conviene consultar con un especialista en alergias si el niño tiene síntomas generales.

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