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Carlos Fabra vende la joya de su imperio: el casoplón que compró en Oropesa del Mar

Vanitatis Vanitatis 18/01/2016 Mayka Paniagua

“La casa fue un comprón”, confiesan al otro lado del teléfono. Tras ocho llamadas a inmobiliarias de la zona de Oropesa del Mar y Benicassim, que no tienen en cartera inmuebles de este tipo, localizamos a la persona que hace ya más de quince años vendió una vivienda en la privilegiada zona de Les Platgetes de Bellver al expresidente de la Diputación de Castellón, Carlos Fabra. “La casa es muy grande y abierta a la playa pero necesitaba una gran reforma. En cualquier caso hizo una gran compra”, recuerdan.

Está situada en una urbanización a pie de mar (con acceso exclusivo a una pequeña playa) y con seguridad, el escondite perfecto para empresarios y políticos. Allí disfrutaban de sus vacaciones el expresidente del Gobierno, José María Aznar, el financiero Joaquín Maldonado, el expresidente de Feria Valencia, Alberto Catalá, los Villalonga, los Carpi, los Pons… la élite de la sociedad valenciana que cerraba negocios en cenas, salidas en barcos o partidos de pádel en Torre Bellver, en el Club Social Playetas o Torremar, en el chiringuito Jota’s o en el club naútico.

Imagen de los accesos a la playa de la casa de Fabra en Oropesa del Mar. © Proporcionado por Vanitatis Imagen de los accesos a la playa de la casa de Fabra en Oropesa del Mar.

Había mejores casas, pero eligió aquella a pesar de la importante obra de rehabilitación que tuvo que hacerle y de la que se encargó su hermano Luis, arquitecto de profesión. El lugar, nos explican, las casas se han quedado un poco antiguas. Si quisiéramos comprar una vivienda hay cerca otras nuevas que se fueron construyendo después, según se iba “quemando la zona”, dice uno de nuestros ‘confidentes’ inmobiliarios. El lugar es, en cualquier caso, de lujo. Hablamos de precios que se cuentan en millones de euros. Situada a cuatro minutos de Oropesa y Benicassim, tiene hasta su propio restaurante. Ninguna de las inmobiliarias con las que contactamos tiene la casa en cartera. Afirman que este inmueble no sale al mercado, como tampoco lo hizo cuando la compró el expolítico del Partido Popular, si no que se vende por contactos.

¿Y por qué ha salido a la venta la casa en la que Carlos Fabra ha fijado su residencia? De hecho, el inmueble no está en la lista de los doce bienes que ha remitido al juzgado. Lo mismo que otros antes que él, pretende saldar su deuda con la Justicia para obtener permisos penitenciarios. ‘Don Carlos’, como aún le llaman algunos, cumple condena en la prisión de Aranjuez por fraude fiscal desde diciembre de 2014 y ha acelerado la venta de su patrimonio para pagar la sanción y conseguir el tercer grado penitenciario como ya han hecho otros honorables como Isabel Pantoja. Fabra ya ha superado un tercio de su condena de tres años y ha abonado la mitad de los 1,4 millones que le impuso el tribunal. Si no paga el total de la deuda se le complicaría disfrutar de beneficios penitenciarios.

Carlos Fabra en una imagen de archivo. (EFE) © Proporcionado por Vanitatis Carlos Fabra en una imagen de archivo. (EFE)

Su mujer, titular de 19 inmuebles

Esta casa es la joya de la corona de su patrimonio y en ella había fijado su residencia. Él mismo la describió en aquella relación de bienes que hizo ante notario para entregarla a la prensa tras estallar el llamado caso Fabra. Decía que era una vivienda de 367 metros cuadrados útiles y 1.100 metros de parcela escriturada en mayo de 1998 a nombre de su mujer, María Amparo Fernández, y de sus cuatro hijos: Carlos, Borja, Claudia y Andrea. Mampa, como la llaman sus amigos, figuraba además como titular de otros 19 inmuebles urbanos (nueve por herencia), dos rústicos y parte de un amarre en Oropesa.

Ella reside ahora en Madrid, en el piso de Las Salesas que la pareja adquirió cuando sus hijas estudiaban en la capital. Fuentes jurídicas aseguran que quiere estar cerca de ellas y de sus nietos. Andrea, la exdiputada del PP célebre por la frase “que se jodan” lanzada desde el escaño del Congreso, y Claudia, que lanzó la firma de camisetas “The Hip Tee” que visten la periodista Sara Carbonero o la propia Reina Letizia y de la que era administradora mancomunada hasta el 12 de junio pasado. Actualmente figura como administradora de dos tiendas de calzado en Madrid y Castellón.

Carlos Fabra, junto a su exmujer, María Amparo Fernández, en una imagen de archivo. (EFE) © Proporcionado por Vanitatis Carlos Fabra, junto a su exmujer, María Amparo Fernández, en una imagen de archivo. (EFE)

Quienes han tenido contacto con Mampa, la describen como una mujer discreta y muy leal a su familia. Lo acreditan los hechos. Nunca habla de los asuntos que la llevaron a ella y a su marido al juzgado. Tampoco de su vida privada. Ni siquiera habló cuando el juez la llamó a declarar para preguntarla por el origen de las ganancias patrimoniales del matrimonio, que ascendían a más de 3 millones de euros. En la vista oral solo dijo que “era él quien hacía y deshacía y que a ella no le interesaba nada”. ¿Les suena? De hecho, estas mismas fuentes aseguran que anuló la petición de divorcio para acogerse al derecho a no testificar contra su esposo consignado en la Ley.

Esther, la novia periodista

Mientras busca comprador a la casa en ese “mercado oculto” de viviendas, ‘Don Carlos’, a sus 69 años, lleva una vida tranquila entre rejas. Partidas de cartas, televisión, dominó, paseos por el patio… y leer o contestar las numerosas cartas que recibe. Fabra sólo ha tenido un permiso penitenciario de cuatro días en septiembre de 2015 y lo pasó en Madrid, cerca de sus hijas y nietos. “Se ha mimetizado con el ambiente de la cárcel”, cuenta Esther Pallardó en el libro 'A Solas: de la vida, de la política' que ha publicado hace un par de meses. Esta mujer rubia, de 40 años, no ha dejado de visitarle en prisión. Experiodista del periódico 'Levante', exjefa de prensa, exvicepresidenta de la Diputación y luego concejal de Burriana hasta las elecciones de 2015, cuando el Partido Popular decidió prescindir de sus servicios. Ella agradece doce años de esfuerzo y de trabajo en los que ha tenido la oportunidad de trabajar como servidora pública.

Los secretos de su relación sentimental con ‘Don Corleone’ se recogen en este libro de 300 páginas que ha leído el propio Fabra y en el que se ha “quedado a solas consigo misma”. Así relata que conoció al político en una cena con empresarios hosteleros. “Una mano firme y segura se posó sobre mi hombro. Cuando me di la vuelta, allí estaba él con sus gafas oscuras, su pelo engominado, tez morena, corbata de corte italiano y un aspecto impecable. Mis ojos interrogantes le llevaron a decir un ‘no te asustes, es que te falta esto y quiero regalártelo’ mientras me tendía un bombín rojo”. Poco después ella dejaba su trabajo en el periódico y se convertía en jefa de prensa de la diputación. Fue entonces cuando intimaron. Dice la autora que tiene un talante seductor imparable. “Conocí a ese Fabra que se emociona escuchando ‘El cielo en casa’ de la cantante italiana Mina mientras emprendíamos el viaje a alguna parte; al que decía no ser guapo pero muy resultón; al Fabra que te hacía reír hasta altas horas de la madrugada con un whisky en la mano”.

Ella que es “una chica de pueblo, sencilla, afable, hija de personas trabajadoras, amante de la tortilla de patatas y el jamón salado, educada y con estudios” pasó a ser Geish para uno de los hombres con más poder en Castellón. “Me llamaba así, como abreviatura de la palabra Geisha, porque decía que siempre intentaba ser muy complaciente y hacer la vida agradable a todo el mundo”. En él también cuenta cómo Carlos la llamaba para cantarle el clásico de Steve Wonder 'I just called to say I love you' y ella le contestaba con el rock de Fito y Fitipaldis.

Alejada de la política, Esther se dedica ahora a promocionar su libro y consolidar Keep Happy, la firma de camisetas de buen rollito que ha lanzado junto a otra exconcejal, Gloria Fandos, y cuyos dibujos diseña (agarrénse) Juan Ripollés, íntimo de Fabra y autor de aquella polémica escultura valorada en 300.000 euros que daba la bienvenida en la entrada del aeropuerto fantasma de Castellón (sí, aquel en el que vivían conejos y no aviones). Para aquellos de ustedes que sientan la tentación de adquirir una de estas camisetas que cuestan unos 40 euros (cuyos modelos pueden ver lucir a la propia Esther en las redes sociales) sepan que recibirán también una lámina del artista con su correspondiente certificado de autenticidad. La marca, dice en la web, es una firma 100% española y está hecha para una mujer con estilo, fuerte, luchadora y familiar. “Princesas de día y rockeras de noche”, sentencian. 

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