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Carmen Sevilla y Augusto Algueró: 45 años de la 'boda de la década'

Logotipo de Vanitatis Vanitatis 14/02/2016 Jose Madrid

Alrededor de 300.000 personas se agolpaban, un 23 de febrero de 1971, en los alrededores de la basílica del Pilar de Zaragoza. Aquel era el escenario en el que se casaban una estrella de cine y un compositor, una joven Carmen Sevilla y un exitoso Augusto Algueró, que por aquel entonces era el creador de algunas de las bandas sonoras más famosas de publicidad televisiva y de las películas más emblemáticas del cine español de la época. Los españolitos del tardofranquismo la llamaron la 'boda de la década'. No iban muy desencaminados, ya que Carmen Sevilla llevaba a sus espaldas más de una década de carrera y estaba considerada un auténtico patrimonio nacional, capaz de despertar el interés mediático de todo un país. Aunque la actriz y cantante quería, al más puro estilo Lola Flores, que todo el mundo fuese a su boda, finalmente hubo que restringir el número de invitados para que no hubiese un colapso.

Vestida con un traje de Pertegaz, la futura presentadora del 'Telecupón' entró en la iglesia como si fuese la princesa de un cuento, con una marcha nupcial de fondo y luciendo una tímida sonrisa. El modelo que lucía la folclórica despertó la admiración de todos: de raso y compuesto por varias capas de tul, era evidente que ningún detalle del vestuario se había dejado al azar. Su cabeza iba coronada por una diadema llena de brillantes y el lacado de sus uñas era lo suficientemente llamativo. Aparte del vestuario, aquel día hubo varias sorpresas tanto para ella como para Algueró, ya que recibieron un telegrama del mismísimo Juan XXIII que fue leído por Pascual Galindo y que también fue registrado por unos cámaras que se agolpaban alrededor del altar para registrar de cerca el 'sí, quiero' de la pareja.

Augusto Algueró y Carmen Sevilla (EFE) © Proporcionado por Vanitatis Augusto Algueró y Carmen Sevilla (EFE)

El paso posterior al intercambio de alizanzas fue el paso de Sevilla y Algeró por la capilla de la virgen para rezar y escuchar la Salve que se les dedicó. Después, se desató la locura. Nada más salir del recinto, los novios fueron jaleados por una enorme multitud que jamás había visto a dos personajes tan famosos de cerca. La policía tuvo doble trabajo ese día, ya que tuvo que contener a las masas y vigilar de cerca que no se acercasen tanto a los novios como para perturbar su día. Bien escoltados y mejor protegidos, ambos se fueron al Hostal del Ciervo de los Monegros, donde se celebró un banquete al que acudieron más de 300 comensales, muchos de ellos rostros populares.

Una relación destinada al fracaso

Una imagen de la ceremonia (EFE) © Proporcionado por Vanitatis Una imagen de la ceremonia (EFE)

Aunque la escenificación amorosa fue buena, el amor no lo fue tanto. Carmen dijo que había llegado “virgen” al matrimonio, tal y como se había propuesto siendo tan sólo una adolescente de educación conservadora y estrictamente católica. “Fue un flechazo, me encantaba la manera de tocar el piano que tenía y lo coqueto que era y...además vestía tan bien. En aquellos momentos fue todo un caballero conmigo”, dijo. Sin embargo, los escarceos amorosos del músico derivarían en un divorcio que tendría lugar en 1974, justo cuando ella trataba de relanzar su carrera como mito erótico en pleno destape, dejando atrás la imagen virginal que había cultivado dos décadas antes. Películas como 'No es bueno que el hombre esté solo' le ayudarían a hacerlo. “Lo que no consiento es que se pasee con cualquier puta de la Gran Vía y luego se venga a acostarse conmigo como si nada”, le contó una vez al periodista Manuel Román acerca del fin de su relación, que le dejó un hijo, Augusto, y un mal sabor de boca que tardaría años en superar.

Hoy, la Carmen Sevilla sin memoria que habita en una residencia de Aravaca sufriendo los estragos del alzheimer ha perdido el recuerdo de aquella boda espectáculo que un día despertó el interés de toda España. También el del hombre que le hizo daño pero que también le dio lo que ella consideraba, en sus propias palabras, lo más importante de su vida: su hijo.

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