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Catorce años para sentar al conde de la Vallesa de Mandor en el banquillo

Vanitatis Vanitatis 14/06/2016 Mayka Paniagua

No son los Trénor muy de papel cuché ni de exhibicionismos a pesar de que uno de ellos, Juan Luis Gómez Trénor Fos, lidera la lista de las fortunas valencianas, siempre con permiso de Juan Roig, dueño de Mercadona. Decir Trénor en Valencia es sinónimo de riqueza, raigambre e influencia. Es, sin duda, una de las familias más influyentes en la ciudad del Turia que se han dividido en diferentes ramas familiares.

La historia de la saga viene de lejos. Fue en 1820 cuando Thomas Trenor Keating, un joven emigrante irlandés, desembarcó en Valencia en busca de una fortuna que no tardó en llegar. Thomas Trenor fundó la Banca Trenor y se dedicó a importar grano para los cultivos de la huerta levantina. Fue un éxito. A partir de aquí levantó un entramado empresarial con cuyos detalles no les vamos a aburrir, pero, para que se hagan una idea, implica inmuebles, tierras, empresas, bodegas… e, incluso, política. Algunos hicieron carrera política en las Cortes valencianas y en Madrid. Otros, en la actualidad, se sientan en el consejo de administración de Coca-Cola. Hay quien, como Pablo Gómez Trénor Aguilar, hizo carrera en la música, en el grupo Presuntos Implicados, aunque ahora (lejos de la música) es consejero de varias empresas. Y, por supuesto, lograron títulos inmobiliarios. Ahí tenemos al conde de Trénor, Francisco Gómez-Trénor y García del Moral, fundador de la Real Sociedad Valenciana de Agricultura y accionista de empresas como Bancaja o Colebega; al marqués del Turia, Tomás Trénor, abogado influyente y letrado del Valencia CF; o el barón de Alacuás, Federico Trénor Trénor, propietario del Monasterio de Sant Jeroni de Cotalba, un centro cultural, económico e institucional de gran peso.

Imagen de un 'stand' de las bodegas de Enrique Trénor © Proporcionado por Vanitatis Imagen de un 'stand' de las bodegas de Enrique Trénor

La mano negra que impide la celebración del juicio

Pero no se dispersen. Nosotros hoy queremos ocuparnos de Enrique María Trénor y Lamo de Espinosa, tercer conde de la Vallesa de Mandor, II conde de Montornés y VIII conde de Noroña. Hijo del senador y diputado Enrique Trénor Despujol (asesinado en 1936 en Quart de Poblet) y de María del Carmen Lamo de Espinosa, condesa de Noroña, de quien heredó la Bodega Enrique Trénor, situada en un paraje cercano a Yecla (Murcia), que levantó su abuelo y donde se elaboran vinos adscritos a la D.O. Yecla. En la herencia había otras cosas, pero también la mayor parte del bosque de la Vallesa, un área forestal de gran valor ecológico propiedad de la familia desde finales del siglo XIX. Fue en 1923 cuando Alfonso XIII, que estaba en Valencia para coronar a la Virgen, visitó la propiedad quedando encantado dicen del modelo de cultivo de las tierras. Los Trénor eran en aquella época el modelo de una aristocracia productiva.

Enrique Trénor Montesinos, conde de Montornés © Proporcionado por Vanitatis Enrique Trénor Montesinos, conde de Montornés

Parte de esa finca es propiedad de Enrique María Trénor y por ella está relacionado con un problema con la Justicia que arrastra desde hace 14 años y que no tiene visos de dirimirse. Trénor y el que fue guarda de su finca entre 2003 y 2006 debían sentarse esta semana en el banquillo de la Audiencia Provincial de Valencia para responder por un presunto delito de maltrato animal por el envenenamiento de siete perros. La Fiscalía pedía para los dos un año de prisión y tres por el delito de daños. Sin embargo el conde envió un escrito pidiendo al juzgado que se le excusara de acudir por problemas de salud y el juez se lo ha concedido dejando el juicio aplazado hasta el 3 de mayo de 2017 con el consiguiente enfado de los abogados de la acusaciones (vecinos, ayuntamiento y la sociedad protectora de animales ) que han confesado a este medio sentirse cansados ya de un caso que lleva muchos años abierto e indignados por que se haya admitido el aplazamiento sin ninguna prueba forense que lo acredite. Algunos van más allá y sugieren que hay alguien interesado en que el juicio no se celebre. Lo que está claro es que no van a claudicar y seguirán adelante con la acusación contra el aristócrata y su empleado.

La investigación de los hechos se remonta a cuando la Guardia Civil tuvo conocimiento de la muerte de una mascota en extrañas circunstancias. Después se fueron sumando otros perros que paseaban por la finca. El Seprona paralizó la investigación por falta de pruebas hasta que unos vecinos vieron al cuidador de la finca con una bolsa de plástico que dejaba en el suelo y que se llevaron para que fuera analizada. Tras un análisis forense, se decretó que se trataba de una cabeza de un ave rellena con bolas de Aldicarb (un producto tóxico para el hombre y para los animales) y recubierta con papel de periódico. Cualquiera podía haber tenido contacto con el veneno.

El parque, aunque de propiedad privada, está abierto en parte al público tras un acuerdo con la Generalitat. Hubo un tiempo en el que algunos miembros de la familia (Enrique, Leonor, María Jesús, Caridad y Federico) intentaron que no fuera declarado parque natural y que se excluyeran del ámbito protegido algunos de los terrenos para ser calificados urbanizables. Esta batalla la perdieron, pero aún queda que se responsabilicen de la muerte de los animales.

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