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Charlène ya es libre: hoy termina el contrato que la ata a Alberto de Mónaco

Vanitatis Vanitatis 01/07/2016 Núria Tiburcio

Ya han pasado cinco años desde que el príncipe Alberto de Mónaco dejaba de ser el soltero de oro de la realeza europea y sentaba la cabeza junto a la atractiva nadadora olímpica Charlène Wittstock. El enlace se convirtió en un verdadera celebración para el principado. Tanto la boda civil, celebrada el 1 de julio, como la ceremonia religiosa, que tuvo lugar al día siguiente, fueron retransmitidas en más de una decena de países y seguidas por casi un millón de personas. Y es que la familia Grimaldi cuenta con un gran tirón mediático, sobre todo en los Estados Unidos, lugar que vio nacer y convertirse en una estrella a Grace Kelly.

Alberto y Charlène en su boda civil (Gtres) © Proporcionado por Vanitatis Alberto y Charlène en su boda civil (Gtres)

Como ya es habitual en las bodas reales, la novia se llevó todo el protagonismo, pero no por su vestido, una preciosa creación de Armani que causó sensación, sino por su cara de tristeza y su llanto desconsolado. Durante toda la ceremonia religiosa, se vio a una Charlène decaída, fría y muy distante. Ni siquiera las palabras o los mimos de su recién estrenado marido consiguieron levantarle el ánimo. La princesa fue rebautizada como la 'novia más triste de la realeza' y corrieron ríos de tinta sobre sus lágrimas por los medios de todo el mundo. Pero su tristeza era totalmente justificada, pues dos semanas antes del enlace, la nadadora vivió un terrible momento que estuvo a punto de echar por tierra la boda. 

Para poder casarse con Alberto, la princesa fue obligada a firmar un duro contrato matrimonial. Tal como publicaron varios medios, una semana antes de la boda se le presentó a Charlène un documento en el que venían recogidas las cláusulas que iban a marcar su matrimonio. Este procedimiento es habitual en todas las casas reales. Letizia, Mary, Máxima... Todas ellas han tenido que consentir ciertos aspectos para poder casarse con un 'royal', como que si algún día se separan perderán la custodia de sus hijos. Sin embargo, las cláusulas de la nadadora iban un poco más allá. En el contrato se estipulaba que Charlène debía permanecer por lo menos cinco años junto a Alberto y darle un heredero para asegurar la continuidad de la dinastía. 

El contrato termina este mismo viernes, día en el que se cumplen cinco años de la boda civil, y Charlène ha cumplido lo exigido. Le ha dado a Alberto no uno, sino dos herederos. El 10 de diciembre de 2014 vinieron al mundo los príncipes Jacques y Gabriella. Aunque la princesa fue la primera en nacer, será su hermano el que un día se convierta en soberano del principado, pues en Mónaco sigue existiendo la ley agnaticia que da preferencia a los hombres por delante de las mujeres. Así pues, teniendo en cuenta que ya ha estado cinco años con él y que ha dado a luz a un heredero, se puede decir que Charlène ya es totalmente libre para separarse de su marido si así lo desea. 

Charlène llorando en su boda (Gtres) © Proporcionado por Vanitatis Charlène llorando en su boda (Gtres)

La relación entre Alberto y Charlène siempre ha estado en el punto de mira. Aparte de las lágrimas de Charlène en su boda, que ella años más tarde aseguró que eran de "pura emoción", hay muchos hechos que hacen pensar que no son un matrimonio al uso. Tras su boda, el matrimonio decidió pasar su luna de miel en Sudáfrica, país de nacimiento de la princesa. Allí se descubrió que los recién casados dormían en hoteles distintos. Aunque se aseguró que era por motivos de seguridad, nadie quedó demasiado convencido. Si a eso le sumamos la frialdad con la que se miraban en los actos oficiales o que apenas se dirigían la palabra, la polémica estaba más que servida.

Con la llegada de Jacques y Gabriella parecía que las cosas entre Alberto y Charlène habían mejorado. Pero nada más lejos de la realidad. En junio de 2015, la nadadora abandonó junto a sus dos pequeños el principado y se mudó a Córcega dejando a Alberto solo y con todo el peso de la agenda oficial. La princesa no regresó a Mónaco hasta finales de noviembre, pero su agenda institucional sigue siendo mínima a día de hoy. Aparte de todo este asunto, están sus continuas ausencias en eventos oficiales tan importantes como el Baile de la Rosa. Charlène se ha convertido en una experta en el arte de escabullirse y lo utiliza cuando no le apetece acudir a algún evento.

© Proporcionado por Vanitatis

Con este panorama, no sería nada sorprendente que un día Alberto y Charlène anuncien su separación. Solo el tiempo dirá si consiguen convertirse en un matrimonio feliz o hacen sus vidas por separado.

© Externa

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