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Chus Lampreave: la tragedia personal detrás de la sonrisa de una gran cómica

Vanitatis Vanitatis 04/04/2016 Jose Madrid

“Eso es lo que tenemos las testigas, que no podemos mentir”. Esta frase de 'Mujeres al borde de un ataque de nervios' es solo una de las muchas que deja para la posteridad María Jesús Lampreave Pérez, nombre real de Chus Lampreave, una de nuestras mejores actrices y la genuina 'chica Almodóvar', ya que participó en una infinidad de películas de nuestro manchego más universal. La portera de aquella película, la tía Paula de 'Volver' o la abuela respondona y adicta a los azúcares de '¿Qué he hecho yo para merecer esto?' quedan en el recuerdo de los espectadores aficionados al universo almodovariano. La actriz fallecía a los 85 años de edad este lunes en Almería, la ciudad de la que era su marido, Eusebio Moreno de los Ríos. Sin embargo, poco se sabe de lo que había tras la sonrisa y los chascarrillos de la actriz, en la vida personal de esta mujer que siempre será identificada con su peculiar voz y el tono serio con el que recitaba los diálogos más rocambolescos.

La anécdota más desconocida es la muerte de su hija Laura, que falleció en la década de los 90 y dejó una profunda huella en su madre, que vivió con ella un largo proceso de enfermedad. “Fue muy duro para ella. Nunca acabó de superar aquel golpe que le dio la vida, el de ver morir a su hija siendo tan joven”, aseguran a Vanitatis fuentes cercanas a la actriz. Antes de trasladarse a vivir a Almería, Chus y su marido eran residentes del barrio de Ventas y ese fue el lugar en donde la intérprete encontró consuelo y refugio para superar el trance. “Era habitual, hará cuatro o cinco años, antes de que se mudase, verla paseando al perro por el cercano parque de Fuente del Berro. Aunque en sus apariciones era bastante divertida, se la veía bastante serie, reflexiva, paseando sola. Lo de ver apagarse a su hija poco a poco, ya que jamás se separó de ella durante la enfermedad, no creo que lo superase nunca”.

Chus Lampreave en 'Volver' © Proporcionado por Vanitatis Chus Lampreave en 'Volver' Chus Lampreave en un fotograma © Proporcionado por Vanitatis Chus Lampreave en un fotograma

Sin embargo,

Chus

era de la vieja escuela, de aquellas mujeres que podían extraer la máxima vitalidad de las mínimas alegrías. Cuando Almodóvar la convirtió en su secundaria favorita ya llevaba a sus espaldas mucho viaje y mucha trayectoria; muchas décadas de cine a sus espaldas. En 1960, el mismo año en el que rodaba 'El cochecito' a las órdenes de

Marco Ferreri,

también se casaba con Eusebio, el hombre que ha estado con ella hasta el final. “Era una pareja envidiable y se querían con locura. Daba alegría verlos”, asegura su círculo. Eusebio fue el hombre que la acompañó en los años en los que la mayoría de las actrices tienen que pelearse por un papel. “Siempre consensuaban. Recuerdo cuando ella hizo un vídeo de apoyo al PSOE para las elecciones del 96. Hacerlo o no hacerlo… él fue el que le dijo que no pasaba nada por permitirse opinar en una época difícil para España”. Chus lo hizo con la misma profesionalidad y alegría con la que anunciaba pasta o embutidos.

Una aficionada a la pintura que compartió clases con Antonio López

Antes de que su marido entrase en escena, la jovencísima María Jesús era una grandísima aficionada a la pintura. “Le encantaba. Casi tanto como ser actriz”, aseguran. Siendo una veinteañera ingresó en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando y allí compartió clase con un genio de la pintura hiperrealista, Antonio López. “Dicen que era muy buena y que podría haber hecho vida profesional de pintora perfectamente”.

Chus Lampreave en una imagen de archivo (EFE) © Proporcionado por Vanitatis Chus Lampreave en una imagen de archivo (EFE)

Sin embargo, lo suyo era el cine. Marco Ferreri le daría su primera oportunidad en 'El pisito' y así, sucesivamente, sería chica Berlanga, chica Armiñán y, finalmente, 'chica Almodóvar'. Al igual que otras actrices, la popularidad le llegó tarde, cuando ya pasaba la frontera de los 50 años. “Siempre que me llama Pedro yo digo que sí”, solía decir en las entrevistas. Y como las grandes cómicas, esa denominación tan de aquella época, ella siempre supo mantener la sonrisa pese a que la enfermedad de su hija hizo mella en su ciclo vital. Un trauma que quedó pero que ella jamás dejó que afectase a sus interpretaciones. Ahora se ha ido y siempre nos quedaremos con aquella tía Paula que gritaba a Penélope Cruz, y a todos nosotros, aquel “¡que tengáis cuidaico!”.  

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