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Coque Calleja, el yerno de Pitita Ridruejo que se resiste a entrar en prisión

Vanitatis Vanitatis 09/02/2016 Amparo de la Gama

Rafael Calleja Villacampa, el yerno de Pitita Ridruejo, se enfrenta a tres años y medio de prisión por cohecho. Esa es la condena que marca la sentencia del caso Malaya. Debería haber ingresado ya en la cárcel al haberse cumplido el plazo concedido por el Tribunal Supremo, pero no ha sido así, según ha confirmado Vanitatis: Coque, como se le conoce familiarmente, no ha entrado en prisión.

Pitita Ridruejo en una imagen de archivo (Gtres) © Proporcionado por Vanitatis Pitita Ridruejo en una imagen de archivo (Gtres)

Puestos en contacto con el entorno de quien fuera concejal del Ayuntamiento de Marbella, indican a este medio que se ha pospuesto su ingreso en prisión porque está enfermo y ha sido operado. Como marca la ley, este hecho fue comunicado al tribunal, que ha pedido los informes médicos correspondientes para que sean valorados por los forenses y, posteriormente, decidir estos días qué hacer al respecto.

La sentencia le condena también al pago de 380.000 euros. Según la acusación, recibía dinero de Roca cuando era concejal en la etapa en la que Marisol Yagüe era alcaldesa. Además, en 2004 y 2005 cobró varios cheques de dos cuentas del Banco de Andalucía de un dinero procedente de Turismo Ayuntamiento de Marbella 2000 SL, una sociedad municipal. Él siempre negó los sobornos: “Lo negué siempre y lo negaré hasta mi lecho de muerte”, dijo ante el tribunal.

El yerno de Pitita Ridruejo caía bien en Marbella por “su condición de bonachón”. Los que le conocen dicen que no tenia necesidad de “meterse en ningún lío, porque venía de buen linaje. La familia de Coque era propietaria de la embotelladora de agua mineral de Solares y su incorporación al GIL estuvo marcada por su claro perfil empresarial y turístico. Otros le recuerdan por su afición a los caballos, lo que le ocasionó una lesión en la pierna que le obligó a hacer uso de un bastón, a los coches de lujo y vivir al límite.

Atrás quedan ya las fiestas de Sotogrande y Marbella en las que el edil de Urbanismo era un asiduo. Le gustaba la juerga y la buena vida. Le llegaron a contar en poco tiempo hasta once multas de tráfico. Una de ellas por circular con un BMW de gran cilindrada a 198 kilómetros por hora. Copas, coches y lujo era la vida que llevaba hasta que se enamoró de Ana, la hija de Pitita, que con su don de la espiritualidad le dio la serenidad que hoy le ha hecho formar una familia.

Con Ana Stilianopoulos dejó atrás su pasado, aunque no para la justicia. Empezaba una nueva etapa para él. Tras la hija de Pitita, llegó la pequeña Julieta, una niña del Este que adoptaron pocos años antes de iniciarse el proceso por el caso Malaya. “Es una lástima que ahora que tiene una vida organizada, bastante alejada de aquella por la que le condenan, con una mujer y una hija a las que adora, tenga que entrar en prisión”, indican a Vanitatis personas de su entorno más próximo.

Ana, la hija de Pitita que cambió la vida de Coque

Pitita Ridruejo, Mike Stilianopoulos y su hija Ana (Gtres) © Proporcionado por Vanitatis Pitita Ridruejo, Mike Stilianopoulos y su hija Ana (Gtres)

Coque era también conocido por su afición al polo, deporte que practicaba asiduamente en la localidad gaditana de Sotogrande. De hecho, llegó a organizar afamados campeonatos de esta modalidad a pie de playa.

Pitita siempre se ha sentido orgullosa de su yerno. Cuando la veíamos y preguntábamos: ¿De vacaciones en Sotogrande? Ella nos contestaba: "Yo he veraneado muchísimos años en Marbella, pero ya llevo bastantes años en Sotogrande. Y más ahora que tengo un yerno polista. Mira, han metido un gol, a mí me gusta mucho el polo. Mi yerno es ese señor, (y señalaba) es Coque Calleja, que es el mejor en el polo. Desde que está con mi hija vengo siempre al polo".

Ana, la mujer que conquistó el corazón del polista, es espigada y tiene el don de la elegancia. Viva imagen de su madre. Se educó en la arena de la diplomacia. Su padre, Mike Stilianopoulos, fue embajador de Filipinas en Madrid y en Londres, y Ana heredó ese don de gentes de su progenitor que le sirvió para ocupar el cargo de la dirección de protocolo del Ayuntamiento de Marbella en la época del GIL.

A Ana nunca se le escuchaba ir de 'hija de'. Siempre desempeñó un trabajo impoluto y señorial en su delegación. Sus padres fueron los artífices de la fundación de la Marbella más glamurosa en la época dorada y ella lo vivió en primera persona. Su disciplina la heredó de su abuelo, Epifanio Ridruejo, un banquero del que aprendió casi todo. Entre otras cosas, que un oficio, se trate del que se trate, siempre requiere dedicación y sacrificio. Su trabajo en el consistorio marbellí la hizo coincidir con Rafael Calleja, de quien se acabó enamorando.

Durante el proceso del caso Malaya, la pareja ha vivido ajena a las apariciones públicas. Según ha sabido Vanitatis, los tres llevan una vida de lo más familiar con la pequeña Julieta, que “es la niña de los ojos de Coque” y esperan que pase esta “pesadilla” para continuar con sus vidas.

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