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Cuando las lágrimas de los Reyes conmovieron a toda España

Vanitatis Vanitatis 01/04/2016 Fermín J. Urbiola

La Reina Sofía lo confesó tres años después: “Sentí un vacío muy grande con la muerte de mis padres y con la de Don Juan”. No era una persona de trato fácil. Era enérgico. Y estuvo entregado al legado que heredó de su padre, siendo el tercer hijo varón: la Corona de España.

Este viernes se cumple el vigésimo tercer aniversario de la muerte de Don Juan Carlos Teresa Silvestre Alfonso de Borbón y Battenberg, conde de Barcelona; para muchos, el Rey Juan III de España (1913-1993).

Las lágrimas de los soberanos conmovieron a la mayoría de los españoles. Luego se supo que las imágenes de dolor que recogieron las cámaras de televisión durante el entierro de Don Juan de Borbón y Battenberg en El Escorial no fueron precisamente del agrado de la Reina. Ella es radicalmente contraria a expresar sus propios sentimientos públicamente.

El Rey Juan Carlos durante el funeral de su padre (TVE) © Proporcionado por Vanitatis El Rey Juan Carlos durante el funeral de su padre (TVE)

Aquel primero de abril el estado de salud de Don Juan no presentaba novedad. Los Reyes se encontraban en la clínica de la Universidad de Navarra, donde estaba ingresado el conde de Barcelona. Ya había entrado en estado de coma. Es verdad que unos años antes, cuando fue operado de un cáncer de laringe en Nueva York, los médicos le habían pronosticado unos pocos meses más de vida. Pero ya en 1993, desde que entró en coma a finales de marzo, la situación parecía ciertamente irreversible. Había ingresado en agosto de 1992 y su vida se apagaba.

“¡Que subamos corriendo!”

Como era habitual cuando se encontraban en la clínica de Navarra, la Familia Real acudió al comedor de invitados a las 14:30 horas. Ese día, el 1 de abril de 1993, Doña Sofía eligió un plato de alcachofas. Pocos minutos más tarde, a punto de servirse el café y unos bollitos, sonó el teléfono. Era un Siemens gris, con teclas negras, que sobresalía sinuosamente sobre la encimera de mármol marrón, abrazado por unos soportes de madera adornada con láminas de oro envejecido.

El conde de Barcelona, junto a su hijo Juan Carlos en los años 40 (Casa Real) © Proporcionado por Vanitatis El conde de Barcelona, junto a su hijo Juan Carlos en los años 40 (Casa Real)

Mari, la doncella que atendía ese comedor de la clínica, descolgó el teléfono. A los pocos segundos pasó el auricular a Fernando Almansa, en aquellos momentos jefe de la Casa del Rey. Y al instante, Don Juan Carlos –que se había levantado de la mesa con gesto de preocupación– cogió el teléfono: “Dígame… Sí, sí, ahora mismo subimos…”. Deja a un lado el auricular, levanta los ojos sin querer concretar la mirada: “¡Que subamos corriendo!”. Fue Doña Sofía la primera en salir. Un movimiento instintivo, rápido, aunque no atropellado. Miró a la doncella: “No tomamos café, nos subimos…”. Don Juan, que hubiera cumplido el 20 de junio de 1993 los 80 años, fallecía a las 15:30 horas.

“Señor, deber cumplido”

El conde de Barcelona había permanecido en Pamplona ocho meses. En octubre de 1992 sorprendió con unas declaraciones exclusivas al 'Diario de Navarra', en las que expresaba su preocupación por el futuro inmediato de la nación: “Veo a España mal, con su unidad amenazada”. Ya había alertado en varias ocasiones a su hijo, años atrás, sobre el “peligro de los nacionalismos periféricos”. Murió con esa preocupación.

Retrato familiar -Don Juan y Don Juan Carlos- durante el exilio (Casa Real) © Proporcionado por Vanitatis Retrato familiar -Don Juan y Don Juan Carlos- durante el exilio (Casa Real)

El 18 de enero de 1993, fecha en la que recibió la Medalla de Oro de Navarra, el entonces príncipe Felipe leyó el discurso que no pudo pronunciar ya su abuelo: “Querida María: tenemos, tú y yo, la satisfacción de poder decir hoy que nuestras esperanzas y deseos no estaban desencaminados y que hemos administrado prudentemente el legado de la legitimidad histórica que es, en definitiva, patrimonio de España y de los españoles. Así, cuando España lo ha necesitado, lo ha podido encontrar y hemos tenido la dicha, como súbditos, y la alegría, como padres, de ver encarnada en nuestro hijo, para bien de España, la Institución a la que hemos dedicado nuestras vidas. Por eso podemos decir con orgullo: Señor, deber cumplido”.

El Gobierno decretó una semana de luto oficial y Don Juan Carlos quiso que su padre tuviera un funeral de Estado. España le rindió un gran homenaje. Unas 30.000 personas visitaron la capilla ardiente, en el Palacio Real, desde el viernes 2 de abril hasta las siete de la mañana del sábado. Llegaron cientos de coronas de flores. Y la Familia Real recibió más de 4.000 telegramas.

Fue enterrado en El Escorial con honores de rey, aunque en su lápida figuraba la inscripción “Don Juan de Borbón, conde de Barcelona”. Pero posteriormente, Don Juan Carlos dispuso que los restos de sus padres descansaran definitivamente en el panteón de los Reyes, cosa que –en el caso de Don Juan– sucederá probablemente dentro de dos o tres años, ya que deben permanecer al menos 25 años en el denominado 'pudridero'.

En la urna que aguarda los restos mortales de Don Juan figura la inscripción: "Ioannes III, comes Barcinonae" (Juan III, conde de Barcelona). Y en la reservada a su esposa, Doña Mercedes, “Maria de Mercedibus, comet Barcinonae”.

Fermín J. Urbiola © Proporcionado por Vanitatis Fermín J. Urbiola

Fermín J. Urbiola

Periodista y escritor

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