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Cuando Marichalar era el yerno 'malo'

Logotipo de Vanitatis por EC de Vanitatis | Marichalar y Urdangarin en un fotomontaje de Vanitatis

Marichalar y Urdangarin en un fotomontaje de Vanitatis

El Rey Juan Carlos no ha tenido especial suerte con sus yernos. Vivió una época creyendo que había casado muy bien a sus hijas con hombres bien posicionados y que las hacían felices.

Hasta que en el año 2009 el anuncio del “cese temporal de la convivencia” entre Jaime de Marichalar y la infanta Elena echó al traste esa estampa de familia perfecta.

A partir de ahí el exduque de Lugo fue coronado como el enemigo número uno de la estabilidad de la Corona, ya que su ruptura matrimonial fue entendida como un signo de humanidad de una familia vista como auténticos iconos institucionales que vivían al servicio del pueblo.

También es cierto que la relación entre el ahora Rey emérito y Marichalar nunca fue tan fluida como con Urdangarin, su yerno preferido. Compartían aficiones como el deporte y su interés por el mundo de los negocios. También tenían amistades en común, como la princesa Corinna, que más tarde les traería algún que otro quebradero de cabeza.

Don Juan Carlos estaba con Urdangarin en público se le veía más campechano e incluso paternalista, mientras que la postura frente a Marichalar siempre ha sido más formal o políticamente correcta.Hasta que llegó el traslado (forzado) de los duques de Palma a Washington huyendo de una bomba que tardó varios años en estallar y que ahora conocemos como el caso Nóos.

Urdangarin le arrebató el trono a Marichalar como la verdadera amenaza a los pilares de la Corona española. Una situación que le obligaba a cortar lazos de unión y dejar que tanto su yerno como su propia hija se defendiesen por su cuenta ante la larga lista de delitos que se les imputa. Eso sí, sin descuidar el caso y prestando medios para asegurar al menos una vía de escape para su hija.Mostramos en imágenes la comparativa entre el trato del Rey a sus dos yernos: el malo y el peor.

© Externa

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