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De Accenture a Change.org: 17 hombres y mujeres ejecutivos salen del armario

Logotipo de Vanitatis Vanitatis 23/06/2016 Ana Sánchez Juárez

Las grandes empresas salen del armario

Estas empresas salen del armario © Proporcionado por Vanitatis Estas empresas salen del armario

Todavía sigue siendo tabú salir del armario en el entorno laboral. La falta de aceptación de la diversidad por parte de muchas entidades revierte en la productividad de sus empleados. Una empresa diversa es una empresa productiva, porque sus empleados son felices...

Estas fueron algunas de las conclusiones que se sacaron a primeros de mes en el Congreso Internacional por la Diversidad e Inclusión LGBT en Empresas e Instituciones, donde varias multinacionales, desde la pionera IBM a British Telecom, pasando por Procter &Gamble o Deustche Bank, mostraron sus políticas inclusivas y no discriminatorias hacia sus empleados. Desafiando los prejuicios de sus propios clientes, muchas empresas han dado un paso al frente para lograr sus objetivos comerciales, dirigiéndose directamente al consumidor homosexual. Tal es el caso de IKEASAS, Schweppes o American Airlines, que crearon estrategias publicitarias especialmente para el cliente LGBT. 

Carla Quintela, responsable de Diversidad de Deustche Bank España, apunta que para su entidad la gestión de la diversidad se ve como "una ventaja competitiva y algo bueno para el negocio". Se aborda desde el departamento de recursos humanos, donde tienen establecido el plan de igualdad. "La visibilidad del colectivo LGBT y el fomentar un clima de inclusión es fundamental para generar que los empleados trabajen en un mejor ámbito laboral, lo que redunda en su satisfacción y en la productividad". Las empresas que apuestan por la diversidad coinciden: "Las multinacionales son pioneras y siempre es más fácil salir del armario en una gran empresa que en una pyme local". 

En lo que se refiere a los beneficios, en algunos países existen compañías que incluyen en los seguros de salud los tratamientos de fertilidad tan importantes en las familias LGTB y también en los préstamos para empleados en esta materia o bien disponen de baños unisex para ellos. En Estados Unidos incluso cubren parte de las operaciones de transgénero. Por eso son tan valiosas las inciativas como REDI, la red de empleados LGTB que lidera, entre otros, el directivo de SAP Miguel Castro. O que el mismo Instituto de Empresa desde su fundación, con Margarita Alonso a la cabeza, acabe de alumbrar el primer informe Aequalis para abordar la diversidad en la empresa, apadrinado por el embajador de Estados Unidos, James Costos

Por segundo año un grupo de empleados y directivos de grandes y pequeñas empresas hacen visible su orientación sexual en Vanitatis para servir como referente a otras entidades y a otros trabajadores que estén en su misma situación. Aquí están sus miedos, sus errores, pero también sus triunfos y sus metas.

Mateo Diego Prada, socio de Accenture Strategy

Mateo Diego, Accenture © Proporcionado por Vanitatis Mateo Diego, Accenture

Me llamo Mateo Diego Prada, nací en Salamanca hace 40 años y trabajo en Accenture Strategy. Se lo conté a mi familia hace unos veinte años. Al principio, hubo cierta tensión; pobres, les pilló de sorpresa, pero desde hace mucho tiempo lo ven como algo absolutamente normal. Si el amor mueve montañas, qué no hará con los prejuicios… 

En mi trabajo soy visible desde hace muchos años. Accenture siempre ha apoyado la causa LGBT y mis compañeros me han tratado siempre desde el más absoluto de los respetos y desde la más completa normalidad. Es un honor para mí trabajar en un entorno que ni discrimina ni premia la diferencia en el sexo, color, credo o inclinación sexual, sino la meritocracia, los resultados y la superación personal.

Estoy casado desde hace siete años, tengo dos hijos maravillosos, mellizos, de tres años y medio. Aunque nunca pensé que fuera posible, he formado una familia y no puedo estar más orgulloso de ello. 

Echando la vista atrás, hemos avanzado tanto que no puedo ser más feliz. Normalización y visibilidad son dos objetivos cumplidos en la vida de muchos de nosotros. Pero otros tantos están recorriendo su camino y es nuestra responsabilidad -la de todos- ayudarles. ¡Adelante!  

Irene Milleiro, directora de campañas para Europa de Change.org

Irene Milleiro, Change.org © Proporcionado por Vanitatis Irene Milleiro, Change.org

Me llamo Irene, nací en Pontevedra, estoy cerca de cumplir los 40 y trabajo en Change.org. Tardé mucho en contárselo a mi familia, mucho más que a mis amigos. No tenía miedo al rechazo, sino de que lo pasaran mal por el 'qué dirán'. ¡Y resulta que a ellos les preocupaba cómo me pudiese afectar a mí el 'qué dirán'! Tenemos una relación estupenda y mis padres ahora son orgullosos abuelos.

He trabajado en la Comisión Europea en Bruselas, en Oxfam y ahora en Change.org. Siempre he tratado el tema con naturalidad: simplemente cuando en la conversación tocaba, hablaba de mi novia en lugar de mi novio y ya. Y jamás he tenido una reacción negativa.  No sé si porque he tenido suerte o precisamente porque no le he dado ni más ni menos importancia que si mi pareja fuese un hombre. O porque con el 'shock' de enterarse así no les daba tiempo.

La verdad que en los 90 no había muchos referentes para las chicas. 'Beatriz y los cuerpos celestes', de Lucía Etxebarría, fue un libro muy importante para mí, porque fue la primera vez que leía algo que abordaba una relación entre dos chicas de una manera muy normal. Estoy casada, tenemos dos hijos y mi grupo de amigos es mayoritariamente hetero, soltero y sin hijos. Al final resulta que la de vida más conservadora voy a ser yo.

Me parece importante visibilizar mi orientación sexual para que se normalice una situación que, de hecho, ya es normal en nuestra sociedad. Doy fe de que puedes llegar a donde quieras siendo tú misma. Sé los tópicos que tienes en la cabeza sobre mí. Y me gustaría invitarte a cenar a mi casa para que veas que mi familia es exactamente igual que la tuya. Quiero conseguir que se reconozcan de una vez en todos los ámbitos, y en particular en el de la Administración, las realidades de todas las familias, incluida la mía. No sabes la de líos que hemos tenido con la Administración por no ser una familia de papá y mamá… Lo bueno es que no me callo y algunas cosas ya he conseguido cambiarlas a base de ser muy pesada.

Miguel Castro, 'workforce planning' de SAP y CEO en REDI

Miguel Castro © Proporcionado por Vanitatis Miguel Castro

Me llamo Miguel Castro, crecí en As Pontes (A Coruña), tengo 38 años y trabajo en SAP siendo responsable de Workforce Planning a nivel global en la división Servicios de Consultoría. Antes de trabajar en SAP, mi familia y mis amigos sabían que era gay, siendo esto una parte más de mi vida. Sin embargo, en la consultora en la que tuve mi primer trabajo intentaba ocultarlo por miedo al impacto que podría tener en mi carrera profesional. En la empresa siguiente, con políticas claras de Diversidad e Inclusión LGBTI (Lesbianas, Gais, Bisexuales, Transexuales e Intersexuales), decidí dar el paso de hablar abiertamente de mi vida y la experiencia fue totalmente positiva. Desde entonces considero que es importante trabajar en empresas en las que pueda ser yo mismo.

Cuando comencé mi proceso de selección en SAP, en el año 2009, me había informado previamente sobre las políticas hacia el colectivo LGBTI, y estas estaban claramente definidas y eran públicas. Desde entonces trabajo en Operaciones de los Servicios de Consultoría de la compañía. Actualmente soy responsable de Workforce Planning en dicha división a nivel global.

Al mismo tiempo de mi incorporación en la empresa, me uní a la red de empleados LGBTI Pride@SAP. Esta red existe desde el año 2001, con lo que entonces era ya algo habitual dentro de nuestro colectivo, y que en la actualidad cuenta con más de 5.000 miembros registrados. Establecer redes de trabajo y comunicación entre empleados de todo el mundo es algo muy habitual en mi empresa. Igual que existe Pride@SAP existe por ejemplo la SAP Business Women Network. Los referentes LGBTI en el entorno empresarial siempre me han parecido críticos para mostrar el compromiso de las compañías con el colectivo, demostrando así la ausencia de prejuicios y discriminación en el desarrollo de la carrera profesional. En mi empresa, hay líderes abiertamente gais en todo el mundo. Personalmente, creo que la labor que el IE Business School está llevando a cabo, en especial con la celebración anual del LGBT@Work es muy importante, ya que muestra referentes nacionales e internacionales. 

En mi grupo de amigos la mayoría tienen un perfil profesional, siendo muchos de ellos también gais y lesbianas. Lo que me gusta ver es cómo con el paso del tiempo muchos de ellos se sienten cómodos de mostrarse tal y como son en sus empresas, aunque todavía quedan algunos que no han salido del armario en el entorno laboral. Mi consejo para ellos siempre es o que tengan el valor de dar el paso de ser ellos mismos en la oficina o que se busquen una empresa en la que los valoren por cómo son, independientemente de su orientación sexual.

Hace años que soy uno de los líderes a nivel mundial de Pride@SAP, habiendo conseguido una gran inclusión del colectivo gracias a acciones con visibilidad interna y externa. Estoy particularmente orgulloso de haber realizado acciones de comunicación y sensibilización con la dirección de SAP en países en los que la homosexualidad no está socialmente aceptada. Lo que me gustaría conseguir es que en España nadie tenga que esconder su orientación sexual o su identidad de género en sus empresas. Por ello soy el coordinador de REDI, la Red Empresarial por la Diversidad e Inclusión LGBTI. REDI la fundamos hace una año junto con otros empleados de empresas líderes en esta área en España.

Tina Recio, agente cívica en el Ayuntamiento de Barcelona

Tina Recio © Proporcionado por Vanitatis Tina Recio

Me llamo Tina Recio Rojas, nací en Barcelona, tengo 47 años, trabajo como agente cívica en la empresa BSMSA concesionaria de servicios del Ayuntamiento de Barcelona y soy una mujer transexual. Se lo conté a mi familia en 2009 y reaccionaron no demasiado bien. No sentí la oposición porque para cuando lo conté, era una persona autosuficiente económicamente. Eso facilitó que pudiera costear los cuantiosos gastos que suponía el cambio físico, social y emocional que consideré que necesitaba. Hoy estoy orgullosa de haber conseguido el éxito en mí vida, sin aceptar tutelas de ninguna ideología, que demasiado a menudo rodea a un colectivo de mujeres estigmatizadas.

Llevo 26 años trabajando con los mismos compañeros que vivieron todos mis cambios físicos. Desde el primer momento de revelar mi decisión de iniciar una transición de género, traté de mostrar una determinación sin fisuras, di los pasos necesarios para conseguir mis cambios físicos, que consideraba imprescindibles para alcanzar mi bienestar emocional, procurando una precisión milimétrica en todo lo concerniente a mi proceso de transición, teniendo presente que de esa forma, además, podría esquivar con mayor facilidad los previsibles inconvenientes que pudieran surgir.

No tenía referentes. En la época cuando comencé mi transición de género, fue una época donde aún no se habían generado los tipos de referentes que yo necesitaba. Soy una mujer deportista, en el momento del inicio de mi transición realizaba 8000 kilómetros al año de entrenamiento en la modalidad de ciclismo de fondo en carretera. Hoy en día soy una mujer 'trans' que se prepara meticulosamente para participar en pruebas de ciclismo de gran fondo, con recorridos de casi 200 kilómetros. Hace un par de años tuve la ocasión de volver a otro de mis deportes favoritos, el tenis. Hace un año coincidí con un entrenador que creyó en mis posibilidades y hoy estoy compitiendo en el circuito internacional de la federación de tenis para veteranas. 

Mi pareja es un hombre maravilloso, con una historia de superación increíble también. Teniendo en cuenta que soy una mujer extremadamente feminista, no me imagino estar con otro hombre o con otro hombre que no fuese como él. He conseguido gracias a visibilizar mi condición en mi empresa realizar mejor y de forma más efectiva mi trabajo. He cambiado de categoría profesional y de departamento, a una categoría más acorde con mi personalidad y donde puedo ofrecer mucho más de mi potencial para la empresa. En lo personal, es un trabajo que me empodera en mi condición de mujer 'trans', porque he pasado de tener miedo de salir a la calle a poner orden en las mismas.

Javier Naranjo, HR de Nielsen

Javier Naranjo, Nielsen © Proporcionado por Vanitatis Javier Naranjo, Nielsen

Soy Javier Naranjo, tengo 43 años y trabajo en Nielsen. No recuerdo el hecho de habérselo contado a mi familia, sí recuerdo cuando me lo conté a mí mismo. A lo largo de mi vida laboral (larga porque empecé a trabajar muy joven), siempre he sido visible; por ese motivo he podido vivir una por una todas las etapas: indiferencia, aceptación (odio esta palabra), el 'tener un compañero gay mola', '¡qué guay que te cases!' y por último 'si ya podéis casaros… ¿ahora qué queréis?'.

Llevo más de una década dedicándome a los recursos humanos, los dos últimos en Nielsen. Nunca había trabajado en una multinacional, no sé exactamente si mis compañeros y superiores sabían o no mi condición de gay antes de llegar yo (vengo de una adquisición empresarial), pero la verdad me encontré un ambiente estupendo en el que he continuado siendo yo, tal cual. Existen los vicios más comunes, esos que vienen de la falta de información y de la buena fe al mismo tiempo. Soy activista de PRIDE, uno de los Employees Resources Groups que tenemos en Nielsen. Es la primera vez que practico el activismo empresarial y he de confesar que cada vez le encuentro más sentido. He pasado de ver los grupos como 'guetos' a darme cuenta que es necesario trabajar para construir entornos cómodos en los que todos podamos crecer de forma plena. Tenemos mucho por hacer y mucho por aprender. 

Estoy casado con Marcelo hace 21 años (y 10 con papeles). Esa fue la primera vez que entendí que tenía que trabajar por conseguir cosas. Fuimos una de las tres parejas que, tras la aprobación de la ley de matrimonio, un juez de paz se negaba a casar. Pese a la seguridad que nos daba la aprobación de la ley, fuimos víctimas de coacciones y amenazas. En ese momento fui consciente de que tenemos que trabajar porque las leyes sean explícitas y no dejen lugar a la interpretación del funcionario de turno. Afortunadamente, en lo social hemos avanzado mucho; ahora le toca el turno al mundo empresarial. 

Ludwig Recoder, HR Business Partner en Pfizer

z © Proporcionado por Vanitatis z

Me llamo Ludwig Recoder, nací en la Ciudad de México, tengo 34 años y actualmente trabajo en Pfizer, en el departamento de RRHH como HR Business Partner. Salí del armario hace 10 años, se lo conté a mi familia y en principio su reacción fue de sorpresa y un poco de desconocimiento en su manera de actuar. Actualmente mi relación con ellos es mucho mejor que la que tenía antes de salir del armario.

En mi entorno laboral todo el mundo conoce mi orientación sexual. Con ellos no tuve que salir formalmente del armario y creo que tampoco se debería hacer. Todo fue de manera muy natural, en lugar de hablar de chicas que me gustaban, hablaba de los chicos con los que salía y de las actividades y sitios que frecuentaba en mi tiempo libre.

Los únicos referentes LGTB que tenía eran personas del mundo de la farándula y de la televisión y creo que hace falta normalizar y hacer más visibles a referentes LGTB en el mundo empresarial. Actualmente no tengo pareja y mi grupo de amigos son casi en su mayoría heterosexuales. He conseguido que muchas personas de mi entorno laboral que nunca habían tenido amigos o conocidos homosexuales en primera persona conozcan la normalización que tiene el colectivo LGTB y quitar tabúes y clichés del entorno que muchos medios han provocado. Todo ello gracias a visibilizar mi condición en mi empresa y mi entorno.

Ana Belmonte, jefa de proyectos IT de Sopra Steria

Ana Belmonte © Proporcionado por Vanitatis Ana Belmonte

Me llamo Ana, tengo 41 años, nací en Valencia y trabajo en Sopra Steria, en Madrid, como jefa de proyectos IT. Respecto a mi salida del armario, por denominarlo así, nunca he tenido ningún problema ni en el ámbito personal (familia, amigos, conocidos, etc..) ni en el laboral. Tengo más problemas por mis tatuajes que por mi orientación sexual. Me empezaron a atraer las chicas cuando ya era mayor y no tuve relaciones con otra chica hasta los 25; se lo conté a mi familia más próxima y a mi círculo de amigos a los 30 años, a todos. La verdad es que fue muy curioso y gracioso visto con la perspectiva que da el tiempo, sobre todo, con mi madre. No puedo decir que me diera un abrazo y me dijera: “No pasa nada, tranquila”. Al revés, el primer momento no fue nada agradable. Yo ya no vivía en Valencia hacía años, por lo que quizás esto facilitó que poco a poco lo asumieran sin más complicaciones. 

Con mis hermanos, todo perfecto; tengo 4 sobrinos que lo saben desde niños; ahora 3 de ellos tienen ya 13 años y hablamos de ello con toda la normalidad del mundo. Ellos me preguntan si tengo 'novia' al igual que hago yo con ellos. Respecto a mis amigos, no me he sentido rechazada por ninguno de ellos; a día de hoy, mantengo los mismos que tenía. Ser lesbiana es solo un aspecto más de mi vida, si a alguien no le ha parecido bien y se ha alejado, considero que es lo mejor que puede pasar.

En mi trabajo actual no se suele hablar de relaciones ni otros asuntos personales. Trabajo en una sala con 7 personas más de las que no sé si tienen pareja, de dónde son o si tienen perro o gato. En otras empresas en las que he trabajado anteriormente sí que he hablado abiertamente; mis compañeros de trabajo han conocido a la persona con la que estuviera en ese momento, todo de forma muy normal y sana. Ahora mismo no tengo pareja, pero sobre mi orientación, si surge el tema, no tengo ningún inconveniente en hablar, no me siento incómoda. Considero que cuanto más naturales seamos, mejor lo lleva también el de enfrente. Muchas veces somos nosotros mismos los que nos condicionamos, por temor al rechazo, ya que es la reacción que esperamos o la que nos han enseñado como habitual y frecuente, porque se nos presupone diferentes.

Aunque no he tenido problemas mayores, opino que ser homosexual es una desventaja, que te complica un poco la vida o mucho, depende del pais donde nazcas. Vivimos en una sociedad llena de prejuicios, estamos llenos de etiquetas, también dentro del propio colectivo LGTB. 

Oscar Martín, ex Procter & Gamble y directivo REDI

osca © Proporcionado por Vanitatis osca

Mi vida como hombre homosexual empieza a los 26 años. En un viaje de estudios, recién terminada la universidad, me enamoré de otro hombre. Debo decir que casi me pilló por sorpresa. La sociedad y las leyes en España están cambiando muy deprisa, pero hace 20 años no había apenas información ni referentes sociales de personas homosexuales más allá del cliché y del insulto. Yo sentía que no había nada equivocado en mí, que era hermoso amar como yo lo hacía y, a la vez, me entristecía profundamente saber que la vida que había imaginado para mí (mujer, hijos, éxito profesional...) ya nunca sería igual. Pasé de ser un alumno brillante, becado por las mejores universidades y con un prometedor futuro profesional a la discreción del 'armario' social.  

Ese mismo año empecé a trabajar en el seno de una importante multinacional. Aprendí a evitar con soltura situaciones que pudieran resultar incómodas para mí y para mis compañeros de trabajo, eludiendo cualquier conversación sobre temas personales. El momento más temido eran siempre las comidas y cenas de empresa. Pronto se me colocó la etiqueta de persona discreta e introvertida, lejos del modelo del líder decidido y agresivo que triunfaba en los años 90. Un día me di cuenta de que tener que ocultarme y vigilar cada palabra me estaba convirtiendo en una persona gris y desapasionada en mi trabajo. Al día siguiente decidí reconciliar, de una vez por todas, mi vida personal y profesional y en medio de un curso multitudinario salí del armario delante de mis compañeros y mánagers.  

Sin haberlo previsto, fui invitado a formar parte del comité de diversidad de la empresa como portavoz de los empleados LGBT y me encontré dando cursos y charlas sobre mi experiencia personal. He sensibilizado a directivos y empleados en toda Europa acerca de los obstáculos que, todavía hoy, tienen las personas LGBT para poder ser ellas mismas dentro del entorno laboral y desempeñar su trabajo con eficiencia y compromiso. Les recuerdo la responsabilidad que tienen las empresas de contribuir a una sociedad más justa e inclusiva a través de la educación en valores de sus empleados. Esta experiencia ha sanado y ha cambiado mi vida, recuperando el camino de dignidad que nunca debió perder. Y espero que ayude a otras personas también: todavía hoy alrededor de un 50% de las personas LGBT no se atreven a salir del armario en sus trabajos.  

Y es que, dentro del armario no se trabaja bien. Pero salir de él es un proceso interminable y agotador. Son años de aceptación personal venciendo el peso de los prejuicios y los miedos con las que las personas LGBT somos estigmatizadas. Lo que viene a continuación es contarlo a familiares y amigos, empezando por aquellos más cercanos, cuyo apoyo incondicional resulta imprescindible. Y desde ahí, poco a poco, ganar terreno y ejercer con orgullo el derecho a llevar una vida más auténtica, en donde no necesitemos ocultarnos. En algún punto de este recorrido, con mayor o menor fortuna, nos encontramos todas las personas LGBT. Es muy doloroso para mí escuchar comentarios del tipo ‘no sé de qué os quejáis los gais, si ya os podéis casar’ cuando todavía hoy perviven en España prejuicios, comentarios discriminatorios, acoso escolar, acoso laboral, despidos y agresiones físicas contra personas homosexuales y transexuales. Recuerdo un momento muy duro de mi infancia en el que fui perseguido durante minutos por un grupo de compañeros de clase que me escupían al grito de ‘maricón’ mientras atravesaba el patio del colegio. Fuera estaba esperando mi padre que, al verme llegar todo mojado, me preguntó qué había ocurrido. ‘Me caí en un charco’ fue mi respuesta. El mayor dolor de las personas LGBT es no poder compartir nuestro dolor.  

Aún queda mucho por hacer. Es necesario educar a la sociedad en abrazar y celebrar la diversidad como algo natural para evitar que se sigan trasmitiendo los prejuicios socioculturales que obstaculizan el desarrollo personal y profesional de las personas LGBT. Mientras escribo estas líneas, 50 personas han sido asesinadas en Orlando en un atentado homófobo. Es atroz. No es una cuestión de sexualidad, es una cuestión de derechos humanos.  

Patricia Galán Castro, 'product manager' en Infoempleo

Patricia © Proporcionado por Vanitatis Patricia

Me llamo Patricia y nací en Madrid hace 33 años. Soy diseñadora de experiencia de usuario y desde enero trabajo como UX Product Manager en Infoempleo.

Antes de contárselo a mi familia tuve cientos de conversaciones mentales guionizando qué les iba a decir y cómo. Recuerdo que elegí una fecha para hablar con ellos y conforme esta se acercaba menos sentido veía a esa conversación. No me oculté. Pensé que mis padres se darían cuenta y por eso me sorprendió la reacción de mi madre el día que se le conté.

Llegué a casa después de haberlo dejado con la chica con la que salía cuando me llamó por teléfono. Intenté aparentar normalidad pero después de mi 'hola mamá' vino su '¿qué te pasa?' y me desarmó. Entre lagrimas, las suyas y las mías, le conté que ya no salía con Marina, a lo que ella contestó: "No pasa nada, tienes más amigas".

Recuerdo que la conversación se volvió cómica por momentos y nunca faltó el cariño y la ternura de mi madre. Al día siguiente fui a comer a su casa. Mi padre estaba esperándome en la puerta, no hicieron faltan palabras. Me miró y me abrazó. Estoy orgullosa de la educación, el respeto y la tolerancia que mis padres nos han inculcado tanto a mi hermano como a mí.

En mi anterior trabajo tomé la decisión de dejar de mentir por omisión y tener que inventarme una vida que no era la mía. Me sentí arropada por mis compañeros. Algunos de ellos, hoy amigos, me comentan que les hubiera sentado mal no enterarse por mí. Desde ese día hablo de mi vida personal con toda la naturalidad del mundo y reconozco que soy una privilegiada. No he experimentado un trato diferente en el trabajo desde que soy visible. La aprobación del matrimonio igualitario fue un punto de inflexión. Desde ese momento todo comenzó a cambiar y los referentes fueron más numerosos. Un ejemplo de ello fue la incorporación de personajes y tramas lésbicas en muchas de las series de 'prime time' de este país. 

Hoy seguimos necesitando dar un paso al frente para ser visibles, respetadas y libres. Actualmente no tengo pareja y tampoco me preocupa, ya que formo parte de un variopinto grupo de solteras, divorciados, casados, parejas, madres solteras y familias monoparentales. La gente de fuera del grupo a veces se extraña de la normalidad con la que hablamos de nuestras vidas. Tengo mucha suerte.

¿Tópicos? Me corté el pelo hace unos meses, disfruto montando en moto, he entrenado a un equipo de fútbol femenino y en ocasiones llevo camisas de cuadros que combinan con mis vaqueros ajustados y mis zapatos de tacón. ¿Qué quiero conseguir? Vivir la vida que quiero.

Roberto Boccardi, IT Support Engineer en Oracle, coordinador Plan de Igualdad y cofundador de REDI

Roberto Boccardi © Proporcionado por Vanitatis Roberto Boccardi

Salí del armario tempranísimo, con tres o cuatros añitos. Lo que pasa es que no me hacían caso. Recuerdo perfectamente preguntar a mi padre por qué dos hombres no podían ser novios o casarse. O jugar con mi mejor amigo y dos niñas en la escuela infantil a inventarnos competiciones cuyo premio era, si ganaba yo, darme un piquito con él y si ganaban ellas o él, los besitos serían entre niña y niño. Todo se vivía con bastante normalidad hasta que llegué a la pubertad. Fue la sociedad quien me informó de que era gay. En concreto, las personas que me discriminaban. Por esto no le tengo especial cariño a una etiqueta inventada para separarnos del resto de la sociedad. Es una identidad instrumental para una lucha política que no describe lo que soy.

Alrededor de los 11 años, tuve el primer gran amor de mi vida, por un amigo. Hasta que su familia le prohibió verme. Mi madre también se enteró de lo nuestro tras leer una de mis cartas, y sintió asco y desprecio hacia mi orientación, como si fuera una perversión. En vez de ayudarme a superar el dolor por mi ruptura, su religión le enseñaba a odiarme. Con el tiempo su amor de madre -y mi cordura, porque nunca le permití avergonzarme por lo que soy- supo encontrar el camino para entender. Mi padre se enteró más tarde, a los 14, porque leyó un 'email' en el cual preguntaba información sobre cómo conocer otros chicos gais. Me dijo que ya no era su hijo, me pegó y dejó de hablarme completamente durante un año. Pero cuando ocurrió yo ya estaba acostumbrado a gestionar la homofobia tanto ajena como mía propia y pude trabajar en hacerle entender lo que no veía. Ya llevaba años recibiendo agresiones constantes de compañeros de clase o gente que no conocía, solo por tener pluma y no esconder mi orientación. Al no ser fuerte ni saber pegar, tuve que aprender a desorientarles cuestionando sus prejuicios de género incluso en el medio de un ataque. Me llamaban maricón y les contestaba: “Sí, ¿y qué?” o “¿supiste de mí por tu padre?”. Me agarraban por el cuello y les decía mirándoles fijamente a los ojos: “¿Tanto deseas hacerme tuyo?” o cosas así. 

Un dolor parecido sentimos en nuestras empresas cuando vemos que no hacen nada, o no lo suficiente, para protegernos. Como me ocurrió en mi anterior trabajo para una importante consultora francesa en Madrid, cuando Pedro Zerolo me casó poco después de ser contratado. Todo el personal supo inmediatamente que era gay porque pedí los 15 días de permiso matrimonial. Mi equipo dejó de hablarme, evitaban cualquier contacto físico y me excluían. Ningún mánager ni RRHH, hizo nada para solucionarlo y yo pensé en dejar mi trabajo. Hasta que me armé de valor y les dije que les iba a denunciar por acoso homófobo. A partir de ahí, todo cambió radicalmente y hasta he conseguido, con el tiempo, convertirme en amigo de algunos de aquellos que ahora reconocen haberse equivocado sobre las personas LGBTIQ+. 

Unos años después, ya en mi nueva empresa, Oracle, conseguí ver reconocido mi matrimonio por el alcalde de Nápoles, gracias a su valiente insumisión frente al Ministerio de Interior italiano, provocando una cadena de insumisiones en otros ayuntamientos y forzando así la aprobación de una ley para las parejas del mismo sexo. Fui noticia en varios países. Pero hubo muchas ausencias en los equipos en los que trabajo. La igualdad legal es un punto de partida, no de llegada. La homofobia se reprime con la policía, pero se cura con la educación.

Alicia García-Anguita, bióloga y ejecutiva en una multinacional farmacéutica

Alicia © Proporcionado por Vanitatis Alicia

Me llamo Alicia, nací en Madrid y tengo 40 años. Soy bióloga, doctorada en medicina. Desde muy pequeña sabía que me gustaban las mujeres, pero la adolescencia fue caótica y llena de sentimientos encontrados, por lo que hasta tuve una relación más o menos larga con un chico. Fue a los 24 cuando le dejé, se lo conté a mis padres y su reacción fue de todo menos normal. 

He tenido dos trabajos muy diferentes, y a día de hoy, en una farmacéutica importante, nadie sabe de mi inclinación sexual... Nadie me ha preguntado tampoco, lo que sé es que no tengo ningún problema en aceptarme y si surge, pues surgirá. La verdad que no tengo pareja desde hace cuatro años. Si la tuviera, no la iba a esconder, como tampoco lo hice con mi pareja de tres años. Vivimos juntas y mis padres, entre otros, jamás subieron a mi casa en presencia de ella, porque les daba náuseas. Nunca tuve referentes lésbicos, por mucho que intuía quién a mi alrededor sí lo era. Mis amigas, la mayoría mujeres, son indistintamente hetero y homosexuales. La amistad no surge por el con quién te acuestas; nace de algo más profundo y duradero.

En mi empresa, como cualquier multinacional, habrá representadas todas las orientaciones... No voy a abanderarme como nada, a menos que infiera en mi trabajo. Ojalá hubiera más mujeres que lo hagan desde el sosiego, la absoluta normalidad, quizás en el futuro yo sea una de ellas. De hecho, en este reportaje, a pesar de tener un puesto de responsabilidad, prefiero que no salga el nombre de mi empresa. Los tópicos sobre mí son en general los mismos que para todas, pero en mi caso ser femenina y tener un 'look pijito'... eso aleja a la gente. Siempre oigo el típico 'pues no lo pareces' por muchas señalitas discretas que con el tiempo he ido añadiendo a mi vestimenta y mi vocabulario.

José Ignacio Pichardo, vicedecano de la facultad de Trabajo Social (Universidad Complutense de Madrid)

José Ignacio Pichardo © Proporcionado por Vanitatis José Ignacio Pichardo

Mi nombre es José Ignacio Pichardo Galán. Soy madrileño, del barrio de Lucero y de Malasaña. Tengo 45 años y estoy encantado con mi edad. También soy gay, homosexual, marica… Y trabajo como profesor de Antropología Social en la Universidad Complutense de Madrid.

Empecé a frecuentar el COGAM (Colectivo de Lesbianas, Gais, Bisexuales y Transexuales de Madrid) al inicio del año 1994. Ese año asistí a mi primera manifestación del orgullo, que iba de Tirso de Molina a Sol y donde solo habría unas 500 personas. A algunos nos preocupaba que nos echaran una foto y salir en los periódicos: ¡qué ilusos! En esos años el Orgullo casi no salía en los medios.

En COGAM tuve la oportunidad de conocer a algunos de mis mejores amigos, que lo siguen siendo hasta hoy; a referentes como Pedro Zerolo, que era el presidente en ese momento, así como a otros muchos hombres y mujeres que me enseñaron de forma cotidiana la rica diversidad del ser humano y de sus formas de amar, desear y vivir la sexualidad.

En esa época, un vecino me vio besándome en la calle con mi ligue del momento, lo comentó en el bar del barrio y un amigo de la familia se lo dijo a mis padres. Mi madre me preguntó si era homosexual, le dije que sí y -aunque me consta que en ese momento les costó aceptarlo- siempre me han respetado y querido. Hace muchos años (¡décadas!) que mi familia está orgullosa de mí y me lo demuestra cada día.

Mi trabajo como investigador en cuestiones de diversidad sexual, género y familias formadas por personas lesbianas, gais, bisexuales y transexuales me ha hecho ser visible como homosexual tanto con mis colegas como con mis estudiantes. Actualmente soy vicedecano en la Facultad de Trabajo Social y coordino la Oficina de Diversidad Sexual e Identidad de Género en la Universidad Complutense (Somosaguas), la primera de este tipo en una universidad pública española. Por desgracia, la homofobia, la transfobia, la lesbofobia y la bifobia siguen presentes en nuestra sociedad y, por lo tanto, también en la universidad. Pero cada vez somos más las personas de todas las opciones sexuales que creemos que es posible un mundo donde cada persona pueda amar y tener relaciones sexuales con quien desee sin que eso suponga ningún tipo de amenaza para sus derechos humanos, ni tenga mayor relevancia en sus relaciones cotidianas que cualquier otro aspecto de su personalidad. Seguiremos luchando por ello.

María Giralt, CEO en Gayles.tv

María Giralt © Proporcionado por Vanitatis María Giralt

Me llamo María Giralt, nací en Barcelona y después de pasar por varias multinacionales de la publicidad trabajo como CEO en Gayles.tv, una cadena para la comunidad LGTBI. Nunca lo he contado a mi familia porque ya lo dieron por supuesto al conocer a mis parejas. Sé que verbalizarlo les hubiera supuesto una preocupación. Además, las personas heterosexuales no cuentan a sus familias que son heterosexuales. Y tampoco tenía necesidad de que lo supieran. Viví mi primer amor de los 14 a los 17 años hasta que ella me dejó porque quería ser "normal".  Yo pensaba que era la única lesbiana del mundo. En 1976 no existía Internet. Al año siguiente, paseando por la Facultad de Psicología vi que se estaba celebrando en el paraninfo la presentación del FAGC (Frente de Liberación Gay de Cataluña). Al finalizar el acto me acerqué a uno de los organizadores para preguntar si había chicas en sus filas, me dijeron que no, pero me dieron una hoja A4 escrita a máquina con papel copia y de ahí nació el primer colectivo de lesbianas dentro de una organización gay (1977). Sí, no hace falta que cojas la calculadora, soy de la misma cosecha que Madonna, Prince y Michael Jackson

En los años 70 no tenía referentes de LGTB, ni libros ni Internet, en Barcelona quizás Ocaña y Nazario pero poca cosa más. Y los libros que existían eran de tratamiento para la cura de la homosexualidad, así que mejor ni abrirlos. Lógicamente hubiera ayudado mucho tener referentes, pero no solo del mundo del espectáculo sino también del entorno empresarial, deportivo, científico, político. Estamos ahora en esta fase, por esto aplaudo cada salida del armario de gente relevante y mediática. Aunque no se puede obligar a nadie a salir del armario, sí que considero que los políticos o religiosos que, siendo homosexuales, hacen proclamas contra las libertades LGTB merecen un 'outing'.

Para los jóvenes es importantísimo tener un amplio abanico de referentes de distintos ámbitos en los que reflejarse. Y para los no tan jóvenes, también. He conseguido el respeto de mis compañeros y compañeras de trabajo gracias a visibilizar mi condición en mi empresa, pero también algún jefe que se proponía conquistar a una lesbiana, aunque utilizando una lógica aplastante pude deshacerme del acoso. Creo que en España las empresas están cada vez más convencidas sobre la necesidad de gestionar la diversidad entre sus empleados y empleadas y las ventajas que ello supone para la compañía. Recientemente se ha realizado la presentación de Aequalis, el primer informe en España sobre las mejores prácticas en la gestión de la diversidad LGTB en la empresa e instituciones. Y que ha sido impulsado desde Gayles.tv con la dirección académica de Margarita Alonso, directora de la Fundación Instituto de Empresa.

Sé que los tópicos que tiene la gente sobre las lesbianas son muy negativos: camionera, fea, mal vestida; un horror, vaya. Es una forma de castigo social por no cumplir la norma. Por este motivo, para las lesbianas es importante que salgan referentes que sean justo lo contrario al estereotipo típico. Ahora bien, reivindico que las lesbianas también pueden ser mujeres absolutamente normales y no despreciar a las que no cumplan el canon de belleza lésbica Lipstick. Que te diga un taxista al entrar en el coche: "Anda, pensé que eras un chico y he pensado: Mira qué chico más guapo..." no tiene precio y no dejo de esbozar una sonrisa cuando lo recuerdo.

José Luis Martín, IBM Global Services

José Luis © Proporcionado por Vanitatis José Luis

Me llamo José Luis Martín, nací en Salamanca, tengo 26 años y trabajo en IBM Global Services. Trabajo como especialista TI y desde que entré en la empresa no he tenido que ocultar mi orientación sexual. Tampoco he percibido comportamientos discriminatorios por parte de mis compañeros o mis jefes. 

En IBM tratamos de que cualquier persona se sienta completa profesionalmente (bajo el lema 'Lleva tu persona completa al trabajo'), que principalmente quiere decir que debes poder trabajar en un entorno laboral en el que no tengas que ocultar partes de tu personalidad o de tu vida. El poder visibilizar mi orientación sexual me ayuda a confiar de una manera más sana en mi puesto de trabajo y, al fin y al cabo, me ayuda a ser más productivo.     Bajo la práctica que se promueve a nivel global dentro de IBM conocida como 'Treasure wild ducks', que traducido al español se puede entender como 'valora aquello que es diferente', se ponen en marcha políticas de diversidad que apoyan a la gente que piensa diferente o tiene un estilo de vida diferente. IBM valora el individualismo y los puntos de vista poco convencionales para poder llevar a cabo ideas innovadoras que nacen a partir del talento de sus empleados.     Trabajando en el grupo de diversidad LGTB de IBM quiero conseguir que esta empresa crezca aportando todo mi potencial como empleado. Esto es posible si el ambiente de trabajo es propicio y soy plenamente aceptado ya no solo como empleado sino como persona, independientemente de mis ideales, raza, género, identidad u orientación sexual. 

Susana Font, responsable del marketing digital para EMEA 

Susana Font © Proporcionado por Vanitatis Susana Font

Me llamo Susana Font, nací en Tarrasa, aunque vivo en Barcelona, tengo 39 años y trabajo en marketing digital. Le conté a mi familia que era lesbiana en 1995, con 18 años, hace ya tantos años que da un poco de vértigo. Soy la mayor de tres hermanas y la primera reacción de mis padres fue regular. Era evidente que no se lo esperaban y necesitaban algo de tiempo para asimilarlo. Además, en aquella época no estaba tan normalizado y la falta de información de los padres era algo que nos tocaba suplir con nuestros propios recursos. Por suerte no tardaron mucho en entenderlo y aceptarlo.

En el trabajo saben que soy lesbiana y hasta ahora no he tenido problemas por ello, pero tiene truco: si te lees mi CV lo deduces. No es que lo ponga directamente, a nadie le interesa, pero siempre he incluido algún trabajo o colaboración con algo LGBT. Desde hace casi 10 años soy la directora de 'Ambiente G', uno de los blogs LGBT más leídos en castellano, y tiene sentido incluirlo en el CV de alguien que se dedica al marketing digital. Así que si tienen algún problema al respecto, ya ni me llaman. Es evidente que esto me ha hecho perder algunas oportunidades, pero también me ha evitado problemas ya que, con un perfil público como el mío, es evidente que tarde o temprano lo iban a saber y a mí no me gusta esconderme.

Normalmente no te encuentras referentes LGBT en las empresas. En la que estoy ahora, AppRiver, no conozco a nadie más que esté fuera del armario, pero alguien debe empezar. En otros trabajos sí que los he encontrado, pero no es extraño cuando vas a cara descubierta que los demás te cuenten que son LGBT sin reparo.

Tengo pareja y se llama Paula. Nuestros amigos son de lo más variopinto, pero, sobre todo, tenemos muchos amigos que se dedican al mundo de la tecnología e internet, un mundo que, según mi experiencia, es bastante inclusivo. Muchos de ellos saben lo que es la discriminación, la sufrieron en el colegio por empollones o frikis. No les cuesta aceptar lo diferente.

A nivel laboral, mi intención es crecer y ser buena profesional, consiguiendo que mi orientación sexual no marque ninguna diferencia, que se me trate igual que a los demás. Lo que sí que es cierto es que estando fuera del armario aportas un plus de visibilidad. Algo que es una parte importante de 'Ambiente G'. Somos 8 personas con perfiles laborales altos, trabajando para informar, entretener y acercar los referentes a las personas LGBT y sus familias. 

Me gusta mirar los estereotipos por su parte graciosa: la gente todavía se sorprende de que sea lesbiana cuando se lo cuento y no debería ser así. Me han llegado a preguntar que cómo es que una heterosexual está al frente de 'Ambiente G' y, claro, lo único que consiguen es desencajarme la cara y que suelte una carcajada. Mi única intención es que se acostumbren a no dar por hecho que los demás son heterosexuales. Las lesbianas no somos invisibles.

Carme Rovira, exolímpica y CEO de Connecting Business

Carme © Proporcionado por Vanitatis Carme

Me llamo Carme, nací en Barcelona y en la actualidad soy CEO y Founder de Connecting Business, compañía que estoy estableciendo por mí misma en Bangladesh, país del tercer mundo que se encuentra en  Asia del Sur, donde la mayoría de la población es musulmana y la homosexualidad está prohibida y penada.

Durante 16 años estuve ocupando cargos ejecutivos en diversas multinacionales. Soy exatleta de élite y fui seleccionada para los JJOO de Barcelona ’92, internacional y representante de España en muchas ocasiones y categorías, así como poseedora de diversos títulos tanto a nivel nacional como internacional. Me retiré en el año 1993.

Desde Connecting Business me dedico a linkar y/o conectar personas, emprendedores y pymes de diversa índole y sectores, con proveedores o productores relativos a los servicios o productos que estos ofrecen, en una primera fase entre España y Bangladesh para en una segunda poder saltar a Europa y Asia del Sur. En casa y desde muy pequeños nos hablaron con total transparencia, libertad y respeto de cualquier tema que se tratara: de dónde venían los niños, religión, política, amistad, amor y relaciones sexuales. Nunca tuvimos que ir a buscar las respuestas fuera, siempre las encontramos dentro.

Lo cierto es que, a pesar de toda esta libertad, cercanía y facilidad, y de llevar viviendo fuera de casa desde que tenía 14 años por el deporte, etc., no salió de mí el decirlo de forma abierta y desde un inicio mi madre me lo preguntó un día asintiéndolo y yo no lo negué. Esto sucedió cuando yo tenía 27 años y en la recta final de mi carrera deportiva.

Desde jovencita me di cuenta de que percibía a las personas como seres humanos, donde su género no era lo que primaba, sino su calidad como individuo. Vivo mi sexualidad y amor como una persona bisexual. Inclinación que no siempre es entendida y aceptada y curiosamente menos por las mujeres; por lo menos esa es mi vivencia. Para mí lo más importante es que mi familia lo sepa, lo demás lo considero secundario. En casa se aceptó con total normalidad desde un inicio y siempre han tratado a mis parejas (sean hombres o mujeres) por igual. En casa somos pocos, pero lo saben todos, desde el más pequeño al mayor.

Reflexionando soy consciente de que en mi entorno laboral nunca lo he mencionado de forma abierta, simplemente porque soy una persona que, a pesar de lo cercana que pueda ser, intento separar muy bien mi vida personal de la profesional, ni siquiera contando otras cosas personales o familiares que considero se deben hablar o compartir fuera de ese entorno. Digamos que a nivel profesional puedo tener excelentes colegas y compañer@s, pero no me voy de vacaciones con ell@s ni de fiesta en un entorno no profesional.

No tengo que esconderme de nada, pero tampoco tengo que decir con quién me voy a la cama o no en un entorno laboral, de la misma manera que tampoco lo pregunto a mis compañer@s. Si tengo que hacer referencia a mí pareja, lo hago diciendo 'mi pareja', de forma neutra. Sí es cierto que posiblemente cuando la pareja ha sido masculina, lo he mencionado utilizando su nombre. No me gusta el cotilleo, escapo de él siempre. Sin dar pie a ello la condición humana que tenemos hace que normalmente etiquetemos y juzguemos, y donde más se origina esto en nuestro país es en el entorno laboral (por desgracia). Por lo tanto prefiero no meter más leña al fuego aportando detalles sobre lo que hago o dejo de hacer en mi vida personal, que piensen lo que quieran.

Me encantaría que ahora mismo no tuviéramos que estar hablando de esto, al igual que de la igualdad de la mujer; significaría que hemos madurado y evolucionado profundamente como sociedad y raza, aceptando de forma madura, racional y cívica que en esta vida además del negro y el blanco existen los grises u otras tonalidades que son igual de fantásticos y elegantes, que se pueden vestir según el gusto de cada un@. ¿Qué me gustaría? Que en la cabeza de ninguna amiga pudiera entrar que soy su amiga por mi inclinación sexual hacia las mujeres. Es como si me tuvieran que gustar todos los hombres porque soy heterosexual y eso no es así, ¿verdad? 

Gaby Castellanos, CEO de Socialphilia

Gaby Castellanos © Proporcionado por Vanitatis Gaby Castellanos

Me llamo Gaby Castellanos, nací en Venezuela pero vivo hace 2 décadas en España (mi segundo hogar), tengo 45 años y fundé, presido y dirijo un importante grupo de publicidad @socialphilia con oficinas en los extremos de Hispanoamérica.

Se lo conté a mi familia hace unos 15 años y reaccionaron de manera relajada preguntándome: ¿Ha cambiado algo?, ¿eres diferente? Trabajo en publicidad desde los 16 años. En mi entorno laboral es sabido porque no lo escondo y hablo abiertamente de ello. Durante los años que fui directora creativa ejecutiva en grandes agencias multinacionales. Los directores generales no sabían cómo tratarme, me hablaban de “culos y tetas” pensando que era una manera de entablar una conversación/relación conmigo. Tuve algún jefe misógino que no podía con el hecho de que fuese mujer y gay, e intentaba herir con preguntas como '¿por qué te enfadas, acaso tienes la regla?' y cosas como esas.

Doy más de 200 charlas al año sobre el mundo digital, marketing y publicitario y en los primeros tres minutos de charla dejo claro que soy: mujer, gay e hispana. Es mi forma de romper el hielo y dejar claras las posiciones.

No he tenido referentes en el mundo LGBT. He tenido referentes en el mundo de empresa y negocios, pero siempre he hecho lo que me ha dado la gana en el mundo profesional, social, cultural y creativo. Me han llamado rebelde y yo lo que creo que soy es libre.

Tengo pareja formal hace más de 2 años y nos conocimos por Tinder, y mi grupo de amigos es bastante mixto. En el mundo digital y 'offline' se me considera abanderada y sin tapujos. Este año tengo muchas charlas donde se me ha invitado precisamente por ser gay, mujer, hispana y haber obtenido el éxito en los negocios en Europa , Latinoamérica y USA, teniendo o considerando estas características como obstáculos y que yo entiendo como uno de mis mayores beneficios.

Podríamos hablar horas tanto sobre tópicos, mitos y prejuicios hacia nosotr@s. El amor debe ser libre, así como debe ser libre elegir con quien deseas ser feliz. La felicidad es una de las decisiones más complicadas de la vida (tanto o más que cualquier inversión y/o negocio); hay que tener el talento, talante y entereza para afrontar cualquier situación en tu vida. La que sea.

Jamás ningún cliente (grandes corporaciones internacionales como Disney, P&G,  Warner, Unilever, etc) ha dudado en poner en mis manos una campaña o un gran presupuesto. Jamás un político ha dejado de considerarme talentosa (no importando su tendencia) para preparar su estrategia, pero sí un jefe dejó de considerarme apta para seguir subiendo por ser mujer y gay. Y por esa misma razón, me independicé. El que yo use chaqueta, cuando se espera que use falda, jamás cambiará el talento que puedo poner en manos de mis clientes o el amor hacia la gente que amo.

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