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Divorciada, valenciana y poco coqueta: así es la Ana Botella del PSOE

Vanitatis Vanitatis 19/12/2015 Mayka Paniagua

Cuando Pedro Sánchez comenzaba su mitin en Valencia el pasado domingo unos jóvenes gritaron: “Esta es la buena ¡La buena!” mientras botaban en los asientos. Se referían a Ana Botella, la cabeza de lista del PSOE a las elecciones de este domingo por Valencia. No hacían más que entonar lo que se ha convertido en casi en el himno en la campaña de los socialistas valencianos fruto de un vídeo que su equipo ideó para distinguirla de la exalcaldesa de Madrid, con quien comparte nombre pero no ideología.

La otra Ana Botella de la política española responde al teléfono con este mismo eslogan que reconoce utilizar últimamente mucho con cierta ironía. Lo cierto es que llevar el mismo nombre que la ex primera dama la ha ocasionado protagonizar alguna situación divertida. “Más de una vez me he quedado sin reserva en un hotel o restaurante porque creen que es una broma. Al final lo que hago es utilizar el nombre de mi hija”, relata divertida. Esta Ana Botella que les queremos presentar es espontánea, suele saltarse el argumentario del partido, le gusta la gente honesta y valiente y entre sus colores favoritos no está el azul, sino el rojo y blanco, los colores corporativos.

No se parecen. Ni siquiera se conocen, aunque en una ocasión fugaz se vieron de lejos. “Estaba sentada en una terraza en Madrid y ella pasó rodeada de su equipo. Lo gracioso es que las dos íbamos de blanco y negro pero invertido”. Idéntico nombre, pocas coincidencias. “Yo soy un poco más alta y menos peripuesta”, afirma con una sonrisa maliciosa. Divorciada, 57 años, madre de dos hijos, Alejandro y Esperanza, de 22 y 25 años, que “la ponen al día”. Quizás por eso 'Misión Imposible' sea una de sus películas favoritas y entre la música de Beethoven que a ella la hace desconectar se cuelan otros ritmos más modernos. Prefiere una conversación real a los 140 caracteres y su twitter se lo lleva su equipo. “Hay que ser transparente”, dice. De otras redes sociales ni hablamos.

A la Ana Botella del PSOE le apasiona la poesía, las novelas de John Le Carré y muchas biografías con las que vivir otras vidas. Le preguntamos qué biografía política no leería y contesta con rapidez: “La de José María Aznar. Un señor que no tiene nada que decir ya en política”. La Botella valenciana aún no puede afirmar aquello de “tengo una vida plena: soy abuela” que ha dicho en alguna entrevista la exalcaldesa madrileña, pero sí dice que “meterse en política” ha sido lo mejor que ha hecho en su vida por el compromiso que ha logrado con los ciudadanos.

Ana Botella en un mitín del PSOE valenciano (EFE) © Proporcionado por Vanitatis Ana Botella en un mitín del PSOE valenciano (EFE)

Dicen de ella que es una política de perfil bajo. Quizás sea por el tono educado y suave que emplea en sus intervenciones. Sus colaboradores la definen como una mujer inteligente, sensible, muy trabajadora, que sabe escuchar (lo que no suele ser muy habitual), que le importan las personas y que cree que político puede ser cualquier ciudadano comprometido con los problemas de su comunidad y no el que vive aferrado a un cargo toda la vida. Considera un honor que la eligieran para ser cabeza de lista, a pesar de que hay quien dice que es candidata porque Jordi Sevilla dijo no. Ella no cree que sea así y si lo fuera le da igual. El honor es que hayan pensado en ella.

La descubrió Carmen Alborch

Lo que sí comparten las dos Botellas es su carrera previa como funcionarias antes de dar el salto a la política, aunque la socialista se especializara en cultura, innovación y competitividad. Vean su currículum. Licenciada en Geografía e Historia. Diplomada en Comercio Exterior por la UNED, Máster de Dirección y Gerencia Pública en la Universidad Politécnica de Valencia. Funcionaria de Carrera de la Generalitat Valenciana desde 1987, su labor se desarrolló en el Instituto de la Mediana y Pequeña Industria de la Generalitat Valenciana como Jefe de Área en materias relacionadas con el Fomento de la Innovación y de la Competitividad y en 1991 fue nombrada directora general del Instituto Turístico Valenciano. Fue durante el desempeño de este cargo cuando conoció a Carmen Alborch. En 2007 ella le dijo: “Voy a ir en las listas ¿te apetece?”. Y ella, que ni siquiera poseía el carnet del partido, se apuntó a esta aventura que ahora tiene su segunda parte.

Su bautismo en política fue como concejal en el Ayuntamiento de Valencia, momento en el que decidió estrechar sus lazos con el partido afiliándose porque, como ella dice, en política hay que “arremangarse” y llamar a los compañeros de “tú a tú”. La oposición la curtió. Años de combate contra el Gobierno de Rita Barberá en los que aprendió a ser humilde. “Imagínate. No conseguíamos ganar nada. Batallando todo el día. El vicealcalde me acusaba de que lo que pretendía es darme a conocer y yo le respondía que lo que quería es dormir por las noches”. No conseguía ganar ninguna batalla. Pero su mayor prueba llegó cuando la nombraron delegada del Gobierno. La única socialista en un Gobierno popular de mano férrea. Una isla en el océano.

Ana Botella en una imagen de archivo (EFE) © Proporcionado por Vanitatis Ana Botella en una imagen de archivo (EFE)

No se ha hecho rica con la política. Declara 26.158 euros en el banco, además de dos planes de pensiones de 11.961 y 6.283 euros. Percibe un sueldo neto mensual de 2.855,87 euros de la Generalitat y cuenta con dos viviendas, una adquirida y otra heredada, con valores catastrales de 31.038 y 31.000 euros. Además aún debe 72.000 euros de un préstamo de 80.000 que le concedieron en 2012.

En lo que sí coinciden las dos Botella es en el estilo educado y correcto de sus intervenciones. La ‘Botella socialista’ tampoco sabe pronunciar café con leche en inglés, pero sí en francés y en alemán. Y cuando se le pregunta por Felipe González, Zapatero o Sánchez prefiere no decantarse por ninguno. "Todos. Se complementan", contesta muy diplomática. La exalcaldesa madrileña se sentía más cómoda en la política nacional. Su homóloga da ahora el paso al Congreso y quién sabe lo que la depara el destino.

Si ustedes se preguntan qué ha sido de la 'Botella popular', aquella que fue primera dama y mano derecha de Alberto Ruiz-Gallardón, vive alejada de mítines y batallas electorales centrada en la Fundación Integra que creó hace quince años y en cuyo patronato figuran otros notables del mundo empresarial y político como Abel Matutes, Esther Alcocer Koplowitz, Juan Ignacio Entrecanales o Rafael Arias-Salgado.

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