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Dos hermanos enamorados: lo que contaría la secuela de 'Lo que escondían sus ojos'

Vanitatis Vanitatis 24/11/2016 Jose Madrid

Este martes, la historia de 'Lo que escondían sus ojos' conquistaba a la audiencia. La miniserie de Telecinco superó los 3,3 millones (3.348.000) de espectadores tras conseguir el respaldo del 19,3% de la audiencia. La historia de amor adúltero entre Ramón Serrano Suñer y la marquesa de Llanzol, romance que narra la novela de Nieves Herrero y en la que se basa la serie, ha dado para cuatro capítulos de ficción y ha molestado a los hijos de la noble, que se mostraron airados cuando este medio de comunicación se puso en contacto con ellos. La historia real que cuenta la obra de Herrero, que según ha sabido Vanitatis está muy contenta con el resultado de la serie, podría tener una continuación igual o más jugosa. Esa segunda parte ahondaría en la forma en la que la hija de Serrano Suñer y Sonsoles de Icaza, el fruto de aquella relación ilícita, descubrió que estaba enamorada de su propio hermano.

Esa hija, la ya fallecida Carmen Díez de Rivera, vivió marcada por ser la hija ilegítima del cuñado de Franco. Su padre ni siquiera quiso reconocerla cuando ella murió en 1999 a los 57 años, víctima de un cáncer fulminante. Lo más tremendo de la historia de la hija de los dos amantes ocurrió bastantes años antes, cuando Carmen tenía 17 años y se enamoró del hijo de Ramón Serrano Suñer, Ramón Serrano Suñer Polo, sin saber que, en realidad, era su propio hermano. Con una boda casi organizada, la tía de la protagonista de esta historia le acabó contando la verdad. “Cuando supo que eran familia el mundo se le cayó encima. Él era el amor de su vida y nunca superó aquello. Le costó años perdonar, sobre todo a su padre, que jamás quiso reconocerla”, asegura a este medio un miembro de la nobleza que conoció bien a la familia.

Destruida por dentro, Carmen ingresó en un convento, tal y como recogerá la miniserie de Telecinco, que no hablará, sin embargo, de lo que ocurrió después, ya que Carmen se fue a Costa de Marfil de misiones y vivió apesadumbrada por el drama familiar descubierto durante su juventud. Los que la conocen aseguran que se metía en charcos infectados para perder la vida, que buscaba la muerte para superar su desamor. En aquellos años abrazó la moda 'hippie' y quiso huir de los oropeles y las alhajas que caracterizaban la indumentaria de su madre, con la que empezó a tener una relación bastante complicada a raíz de conocer su secreto. “¿Cómo han podido ser ustedes tan inconscientes para no decirme nada?”, se preguntaba en su diario, revelado en un libro por la periodista Ana Romero.

Una mujer bandera

Carmen Díez de Rivera en sus días como mano derecha de Adolfo Suárez (YouTube) © Proporcionado por Vanitatis Carmen Díez de Rivera en sus días como mano derecha de Adolfo Suárez (YouTube)

Lo que daría para otra serie apasionante vino después: cuando la hija de estos dos amantes furtivos volvió a España, se dedicó a la política y su currículum hizo historia. Heredera de los ojos y la mirada de su padre y con un estilo parecido al de su madre, que causaba sensación, se convirtió en una especie de musa de la Transición, tal y como la bautizó Paco Umbral. Su éxito fue imparable, ya que fue la primera mujer que dirigió el gabinete de un Gobierno, el de UCD, a lo largo de un año, y estrechó lazos con Adolfo Suárez, llegando a ser una de las personas de su confianza.

Cuando se convirtió en diputada en el Parlamento Europeo con el PSOE, en 1989, su fuerte personalidad hizo las delicias de aquellos que la seguían en numerosos debates políticos televisados. El propio Alfonso Guerra, que participó en el documental 'Quiero ser libre', espacio que reivindicaba su figura, admitía en el mismo que a menudo tuvo que ayudarla porque ella actuaba por su cuenta. Sin volverse a enamorar y bastante firme en sus decisiones, actuó de forma contundente cuando descubrió que estaba enferma de cáncer. Huyendo de Madrid y abandonando el Parlamento en el verano de 1999, cuando vio que su enfermedad era irreversible, se acabó refugiando en la finca de Candeleda (sierra de Gredos) de su amiga Catalina Garrigues.

Carmen Díez de Rivera en sus años de juventud (YouTube) © Proporcionado por Vanitatis Carmen Díez de Rivera en sus años de juventud (YouTube)

La chica encargada de cuidarla aseguraba en el documental que la frase de Carmen cuando se presentó fue contundente. “Hola, buenos días, soy Carmen Díez de Rivera. Tengo cáncer, me voy a morir. Por favor, láveme bien, que no me quiero morir antes de tiempo”, le espetó a la joven.

Rebelde ante la muerte, entre visitas a Madrid y a la finca donde se instaló, decidió frenar el tratamiento contra el cáncer cuando vio que no la conducía a nada. Su padre, ese personaje al que interpreta Rubén Cortada en la serie de Telecinco, jamás la llamó por teléfono para interesarse por su estado. Impasible ante su quebrada salud, nunca admitió que era su hija. Carmen se fue sin hacer ruido y con la pena de que su progenitor no reconociese que ella era el fruto de aquel amor ilícito, el de sus padres, que en el fondo supo entender mejor que nadie, dada la equívoca atracción que ella había sentido por su propio hermano. Muchos, de hecho, dijeron que aquella muerte no fue por el cáncer, sino por amor.  

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