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El último capítulo del legado envenenado del hombre fuerte de Franco en Barcelona

Vanitatis Vanitatis 04/04/2016 Ana Sánchez Juárez

En la Barcelona de los años 50 había un refrán: "Primero Dios y luego Muñoz". El protagonista de este dicho popular eraJulio Muñoz Ramonet (1912-1991), uno de los industriales más ricos de la posguerra afincado en Barcelona, cuyo palacio en el número 282 de la calle Muntaner será sede de una biblioteca municipal espacializada en literatura extranjera. Hijo de los dueños de los almacenes El Barato, consiguió el favor de régimen de Franco gracias a convertirse en uno de sus delatores. Una sintonía que le aupó en sus negocios y le engordó su afán de protagonismo. Muñoz Ramonet, siempre de la mano de su hermano Álvaro, será recordado como el hombre que compró el hotel Ritz de la Ciudad Condal solo para tener la potestad de despedir a su 'maître', que no le había servido a su gusto, ese que se jactaba de encenderse los puros con billetes de cien pesetas, que sacaba una vajilla de oro para sus invitados y el que solo se afeitaba en casa para evitar que algún enemigo le segara el cuello. 

Pinche aquí para ver el documental de la TV3 sobre la vida de Julio Muñoz y su legado © Proporcionado por Vanitatis Pinche aquí para ver el documental de la TV3 sobre la vida de Julio Muñoz y su legado

Muñoz Ramonet se enriqueció con la industria del algódón y el estraperlo, gracias al crédito bancario ilimitado que le proporcionaba haberse casado con Carmen Villalonga en 1946, que era hija del presidente del Banco Central. Su flamante esposo que daba con este enlace el salto a la alta sociedad. (Por cierto, ella llevaba encima en su boda 12 millones de pesetas en joyas). Cimentó así un fastuoso imperio que le permitió comprar el Palau Robert, los almacenes El Águila, dos entidades bancarias en Suiza y la Compañía Internacional de Seguros con sedes en América y en Asia, llegar a Kuwait antes que Javier de la Rosa y a tratar con personajes tan dispares como José María Gil RoblesJuan Guerra o la familia Trujillo, el dictador de la República Dominicana, a quienes introdujo en la banca europea, a la que luego se enfrentó.

Carmen Villalonga y Juan Muñoz Ramonet el día de su boda en 1946 © Proporcionado por Vanitatis Carmen Villalonga y Juan Muñoz Ramonet el día de su boda en 1946

Hoy el Ayuntamiento de Barcelona está en guerra con sus cuatro hijas, herederas universales de su inmensa fortuna, menos de su mansión barcelonesa, en la que el consistorio anuncia que hará una biblioteca pública, y de una colección de arte sin precedentes, donde supuestamente había cuadros de Rembrandt, Renoir, Velázquez, Ribera, Zurbarán, Sorolla, Fortuny, Goya, El Greco, Murillo y un largo etcétera. ¿Por qué? Los problemas arrancan de 1995 cuando se supo de la existencia del testamento de Muñoz Ramonet, en el que donaba el palacio barcelonés y las obras de arte. Cuando en julio de 1993 los técnicos del ayuntamiento entraron, faltaban los cuadros más valiosos. La laureada fotógrafa Isabel Muñoz y el resto de sus hermanas, Carmen, Helena y Alejandra, tardaron 17 años en entregar las llaves de la casa donde nacieron al ayuntamiento. La institución pública constató que dos furgones blindados cargados de cuadros habían salido del domicilio del rico franquista con origen desconocido.

Las hijas, acusadas de la desaparición de los cuadros

Quienes conocieron a Muñoz Ramonet aseguran que la relación con sus hijas se había deteriorado. El industrial se había divorciado de su madre en 1966, y tras multitud de amantes por medio, entre ellas Carmen Broto, la famosa prostituta de la 'jet' cuyo crimen inspiró a Juan Marsé 'Si te dicen que caí, contrajo segundas nupcias con una joven a la que doblaba la edad y con la que no tuvo su ansiado varón. El industrial murió en un balneario en Suiza perseguido por el juez Garzón, que lo acusaba de fraude fiscal. 

La laureada fotógrafa Isabel Muñoz, hija mayor del industrial (EFE) © Proporcionado por Vanitatis La laureada fotógrafa Isabel Muñoz, hija mayor del industrial (EFE)

El juzgado de Instrucción 29 de Barcelona admitió a trámite en 2014 la querella criminal en la que se acusa a las hijas del industrial de haber hecho desaparecer 853 obras de arte. El útimo capítulo de estas casi dos décadas de litigios ocurre en Madrid, donde viven tres de las cuatro hijas. La fotógrafa Isabel Muñoz ha conseguido paralizar este enero la decisión del Juzgado de Primera Instancia número 4 de Alcobendas, que la condenaba a pagar 2.000 euros semanales hasta que no aparecieran un cuadro de Goya ('La Vírgen del Pilar') y 'La Anunciación de El Greco', que habían salido a la luz gracias a una denuncia de ella misma contra su exmarido acusándole del robo de los mismos, hecho que aprovechó el Ayuntamiento de Barcelona para reclamárselos.

Una vez recuperados en Alicante por la Guardia Civil en 2011, por una extraña razón según inciden en el consistorio catalán, el juez estimó que el lugar más seguro para su conservación era el propio domicilio de la hija. Parecía que los cuadros volverían al manto municipal después de la la sentencia del Supremo de 2014, pero las pinturas están en manos ahora de un nieto de Julio Muñoz, Jesús Castelo Muñoz, que asegura que las obras no pertenecen ni a su madre, Isabel Muñoz, ni a sus tías ni a la empresa familiar Culturarte, sino a él y sus cuatro hijos. Esta publicación se ha puesto con el portavoz de las hijas, que no han querido hacer declaraciones "por estar el proceso judicial abierto". 

Fachada del Palau del marqués de Alella, futura biblioteca municipal de Barcelona (Ayuntamiento de Barcelona) © Proporcionado por Vanitatis Fachada del Palau del marqués de Alella, futura biblioteca municipal de Barcelona (Ayuntamiento de Barcelona)

Paralelamente al litigio por los cuadros desaparecidos en el domicilio de Isabel Muñoz, el ayuntamiento descubre que numerosas miniaturas de la colección de Muñoz, la más importante de Europa, empezaron a ser subastadas en Londres y Ginebra. Personas del entorno de Julio Muñoz aseguran que no hay datos sobre la totalidad de los cuadros porque si bien parte está inventariadas por proceder de la compra de la colección a un importante coleccionista catalán, el industrial adquirió obra a personas de dudosa reputación como el traficante de arte Erik el Belga.

Los 'delatores': el arquitecto alemán y la coleccionista americana

Muñoz Ramonet no murió pobre, pero sí acosado por la Justicia. El hombre que falleció el 9 de mayo de 1991 en la habitación del hotel Quellenhof, en el cantón suizo de Chur, dejó unos 20.000 millones de pesetas a sus hijas, según calcula su exsecretario personal Guido Hugelshofer. A principios de los años 60 cambian los ministros de Franco, se termina el estraperlo y marcha a Suiza donde abre dos bancos. Sus operaciones levantan las sospechas de la justicia helvética que lo detiene e investiga. Regresa a España y el desmoronamiento de su fortuna lleva parejo la inundación de una de sus fábricas textiles (no tenía seguro), se separa de su mujer, se enfrenta a su suegro que era su banquero y empiezan las suspensiones de pagos y los embargos. En 1974 es acusado de estafa en Andorra.

Por cierto, que nada de esto se hubiera sabido si el arquitecto alemán Bernd Walter, que reside en Tarragona, no hubiese enviado una carta al consistorio catalán y a un diario informando de la soprendente última voluntad del empresario. La familia sigue luchando judicialmente para demostrar que cuando murió su padre parte de las mejores obras de arte del magnate no estaban en su casa y por tanto les pertenecen. También ha sido determinante en la causa el testimonio de Lori Gross, la experta estadounidense en arte que contrataron las hijas para seleccionar qué obras tenían más valor y organizar su traslado a Madrid de forma segura, una operación que se llevó a cabo de noche, se supone que para levantar menos sospechas.

De momento, los barceloneses se conformarán con disfrutar de la futura biblioteca en el Palau Muñoz compuesta por 400.000 volúmenes. Actualmente se está licitando el anteproyecto, que costará tres millones de euros. Si volverán o no los cuadros a sus paredes, es otra historia.

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