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El archiduque Juan Salvador de Austria, una vida marcada por el misterio

¡Hola! ¡Hola! 15/04/2016 hola

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La dinastía de los Borbones conoce un gran número de ramificaciones. Una de ellas es la que surge del matrimonio de María Antonia de las Dos Sicilias (1814-1898), nieta de Carlos IV de España (1748-1819), con el último Gran Duque de Toscana, Leopoldo II (1797-1870), miembro de la Casa Habsburgo-Lorena y archiduque austriaco. La pareja, que contrajo matrimonio en 1833 - el segundo, en el caso del Gran Duque, una vez que ya había estado casado con María Ana de Sajonia (1799-1832) hasta la prematura muerte de ésta – tuvo diez hijos. Entre todos ellos hoy dedicaremos estas líneas al benjamín de la familia, el archiduque Juan (1852-¿1890?), cuya vida se caracteriza por un gran número de incógnitas, la mayor, su extraña desaparición a bordo de su barco Santa Margarita. Pese a que el Archiduque fue declarado oficialmente muerto en 1911, aún hoy en día no se sabe a ciencia cierta si realmente feneció en un naufragio en el Cabo de Hornos o si, como muchos mantuvieron, siguió viviendo con una nueva identidad. Hoy pues la biografía de Juan Salvador de Austria y Borbón Dos Sicilias ocupa este espacio.

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El archiduque Juan Salvador de Austria – fue bautizado como Juan Nepomuceno María Anunciadora José Juan Bautista Fernando Baldasaro Luis Gonzalo Pedro Alejandro Zanobio Antonio de Habsburgo-Lorena – nació el 25 de noviembre de 1852 en Florencia. La infancia del Archiduque y de sus hermanos estuvo marcada por los graves problemas políticos a los que tuvo que hacer frente su padre, el Gran Duque de Toscana, quien era muy poco popular en tierras italianas. El pueblo transalpino consideraba al Gran Duque y a su familia como extranjeros y como invasores. Pese a los denodados intentos del Gran Duque por congraciarse con sus súbditos, el conflicto derivaría en una invasión de la Toscana por parte de las tropas del rey Víctor Manuel II (1820-1878) que terminaría con la expulsión del Gran Duque y de toda su familia. La Asamblea Nacional de Toscana, en 1860, zanjaría para siempre su relación con el Gran Duque, rechazando de forma oficial su autoridad y la de su hijo Fernando (1835-1908), quien había sido nombrado heredero del Gran Ducado pero que jamás volvería a él, teniendo que conformarse con reclamarlo desde su exilio austriaco durante el resto de su vida.

La familia del Gran Duque se instalaría en primera instancia en Boloña, pero finalmente, se produce el traslada a Austria, donde los Grandes Duques, completamente arruinados y abatidos por la humillante pérdida del poder, son acogidos por el emperador Francisco José I de Austria (1830-1916). Es en la corte vienesa donde los hijos más pequeños de los Grandes Duques pasan sus años de formación y, entre ellos, Juan. Es el benjamín de la familia un joven alegre e inteligente que pronto destaca por su pasión por los deportes. El joven Archiduque, al llegar a la adolescencia, entra con entusiasmo en la academia militar del Ejército Imperial. Será aquí donde conozca a Rodolfo de Habsburgo (1858-1889), Príncipe Heredero de Austria y que en 1889 se suicidaría junto a su amante en un episodio rodeado de enigmas. Juan y Rodolfo se convierten en amigos inseparables, por lo que la carrera marcial del pequeño de los de Toscana es meteórica. En 1877, con veintidós años de edad, es nombrado coronel y, tres años después, comandante.

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El futuro del Archiduque no parecía limitarse tan solo al mundo militar. Sus ambiciones de poder quedaron meridianamente claras en 1886 cuando el Archiduque se postuló para convertirse en Rey de Hungría, después de que Alejandro I (1857-1893) renunciara al poder tras un turbulento reinado que incluyó un periodo de exilio en Ucrania. La candidatura de Juan de Toscana es rechazada de inmediato por considerarse poco idóneo para el puesto. La Corona de Bulgaría acabaría en manos de Fernando Maximiliano de Sajonia-Coburgo-Gotha (1861-1948).

UN CAMBIO DE VIDA
Probablemente la frustración de no haber sido valorado para convertirse en el Soberano de los búlgaros, unido a la trágica muerte de su amigo del alma, el príncipe Rodolfo, llevan al archiduque Juan a experimentar una crisis vital de gran importancia – algunas fuentes apuntan a una grave depresión – que le llevaría a renunciar a todos los títulos y honores que le correspondían como Archiduque e hijo de los Soberanos de la Toscana. Este paso atrás se produjo de forma oficial el 16 de octubre de 1889. El Archiduque pasaba a adoptar el nombre de Juan Orth, haciendo referencia el apellido al castillo de Schloss Orth, situado en la localidad de Gmunden, y lugar de residencia de su madre quien había enviudado en 1870.

En esta nueva etapa de su vida, el antiguo Archiduque no estaba solo. En uno de sus destinos como alto mando del ejército, en la ciudad de Linz, el joven había conocido a una bailarina de cabaret llamada Ludmille Stereubel de la que se enamoró perdidamente y con la que, para escándalo de no pocos cortesanos, compartía su vida. Este hecho, unido a la incomprensión que encontró en su familia a su renuncia a los derechos de linaje, le hicieron tomar la decisión de abandonar Austria de manera definitiva.

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La pareja – que terminaría contrayendo matrimonio en Londres sin la presencia de ningún miembro de la familia del novio y sin que se le diera la más mínima publicidad - se instaló en primera instancia en Suiza, donde el Archiduque se planteó seriamente obtener la ciudadanía helvética. Es en estos años en los que Juan Orth descubre su pasión por el mar y los barcos. Su fascinación es tal que no duda en gastar todos sus ahorros en la compra de un yate de considerables dimensiones – tres mástiles - al que bautizará como Santa Margarita.

MISTERIOSA DESAPARICIÓN
Será la Santa Margarita la que traiga la desgracia a la vida de Juan Orth. En marzo de 1890, el antiguo Archiduque decide emprender una larga aventura a Sudamérica en su amada embarcación. El primer destino fue Buenos Aires, en donde Juan Orth y su esposa pasan unas jornadas de descanso. Según varios testigos, el antiguo Archiduque se mostró durante esos días taciturno y malhumorado e incluso algunas fuentes afirman que Orth anunció su desaparición, extremo que de ser cierto descartaría la teoría del naufragio. Sea como fuere, la pareja continuó el viaje, haciendo escala en Uruguay. En la capital uruguaya sería la última vez que Juan Orth y Ludmille Stereubel fueran vistos con vida. Según la versión oficial, una furibunda tormenta habría destrozado al Santa Margarita en el Cabo de Hornos, cuando los Orth se dirigían a Valparaíso, en Chile.

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Los restos del barco nunca fueron encontrados. Tampoco los cadáveres de ninguno de los ocupantes de la embarcación, alrededor de veinte tripulantes, además de los Orth. La prensa mundial comenzó a especular sobre el paradero de éstos, haciendo circular infinitos rumores que los situaban en los sitios más variopintos, como Estados Unidos, varios países de Asia – especialmente Japón - o Australia, en donde habrían asumido una nueva identidad y vivirían en el más absoluto de los anonimatos. Su familia nunca aceptaría la versión del naufragio – su madre, por ejemplo, se negaría a vestir luto, convencida de que su hijo seguía vivo en alguna parte -. No obstante, en 1911 las autoridades austriacas los declararían a ambos oficialmente muertos.

En 1945 un litógrafo alemán residente en Noruega llamado Alexander Hugo Køhler afirmaría, en sus últimos días de vida, ser Juan Orth. Según su confesión, se habría hecho con la nueva identidad tras pagar al verdadero Køhler una importante suma de dinero para suplantarle. La veracidad de las aseveraciones de Køhler nunca serían en cualquier caso confirmadas por lo que el misterio continúa en nuestros días. Cuál fue el destino de Orth y su esposa – en el caso de no perecer en aguas argentinas- y cuáles sus motivaciones son de hecho uno de los grandes enigmas pendientes de resolver de la historia de las Casas Reales.

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