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El cazador cazado: el dueño del coto de la jet, condenado por un delito contra la fauna

Vanitatis Vanitatis 04/06/2016 Raoul Higuera

Javier Juan Medem de la Torriente procede de una de las sagas familiares con más nombre en el mundo de la caza. Medem lleva esta pasión cinegética en las venas. Gestiona la finca La Nava, un coto privado de caza menor en el término municipal de Castellar de Santiago (Ciudad Real) que se ha convertido en un exitoso negocio familiar desde 1950. Miembros de la realeza, magnates internacionales, líderes mundiales, grandes fortunas de todo el planeta… Para muchos cazadores de todo el mundo La Nava es la Meca de la caza menor. De hecho, incluso el fabricante de armas Beretta, uno de los más prestigiosos del planeta, le ha dedicado un vídeo vendiendo las excelencias de este coto.

Imagen de la finca La Nava en Ciudad Real (Página web) © Proporcionado por Vanitatis Imagen de la finca La Nava en Ciudad Real (Página web)

Dicen los expertos que el ojeo de perdiz es un arte que comenzó en España a finales del siglo XIX. Fue Alfonso XIII quien involucró a las familias más importantes de la época para que en sus propiedades se cazara de esta forma. Después, el general Franco impulsó esta modalidad. La familia Medem es una de estas sagas familiares que acompañaban al general en sus cacerías, según narra Roberto Medem en el libro 'La caza de perdiz en el ojeo'. Ricardo Medem, abuelo de Javier, era amigo personal de Franco. Roberto, su padre, siguió con la tradición hasta que, desde hace 21 años, Javier Juan ha creado y definido un estilo de caza y una forma de atención que les ha llevado a organizar batidas a los personajes “más exigentes”, según ellos mismos explican. Otro miembro del clan, su tío Ricardo, es uno de los tres únicos españoles distinguidos con el prestigioso premio Weatherby.

Javier Juan tuvo como mentor a Olivier Dassault, un millonario francés forjado en empresas de defensa, aeronáutica y medios de comunicación y un habitual de la finca. En una entrevista confesó que a los 18 años se lo presentaron y, a partir de ese momento, le acompañó como hombre de confianza para todo. Después, hizo pequeñas incursiones en el mundo audiovisual con algún corto (en el que aparecían Natalia Estrada, Pablo Carbonell y Jorge Sanz). Puede decirse, por qué no, que también lo lleva en las venas. Su primo segundo es el director de cine Julio Medem, con quien parte de la familia se ‘enemistó’ tras rodar ‘La pelota vasca’. A los 25 años, Javier se centró en diseñar un producto innovador de organización de cacerías en España. Su mujer, Almudena del Moral, le acompaña en esta aventura, pendiente siempre de los detalles y decoración de la finca, y figura como administrador suplente de la empresa Pista La Perdiz SL. En su boda, el Rey Felipe VI (entonces príncipe de Asturias) fue uno de los testigos.

Álvaro y Almudena del Moral y Javier Medem (Página web) © Proporcionado por Vanitatis Álvaro y Almudena del Moral y Javier Medem (Página web)

La finca de la 'jet set'

A la finca La Nava, situada en el término de Castellar de Santiago, y en cuyo diseño intervino el arquitecto Otto Medem, se llega por la A-4 (autovía de Andalucía) hasta Valdepeñas. Otra opción es hacerlo en avión y aterrizar en una pista de aterrizaje particular preparada para recibir vuelos internacionales. Son numerosos los clientes que llegan en su jet privado. Allí reciben al visitante con flamantes vehículos 4x4 con chóferes particulares y doncellas ataviadas de uniformes para la ocasión. Dicen los Medem que ofrecen un servicio exclusivo de caza y, la verdad, los detalles no escasean. La organización se encarga de todo: desde la importación de armas a la tramitación de licencias y ojeadores, pasando por el alojamiento en un hotel de siete estrellas en la propiedad. Una vez allí, el paisaje es espectacular: 1.000 hectáreas en medio de la tierra de Don Quijote repletas de olivos centenarios, viñas y paisajes infinitos con inmejorables condiciones geográficas. Cacerías a medida para los tiradores más exigentes “sin abandonar, un exquisito cuidado del campo siguiendo un sistema tradicional que respeta el entorno y repercute en la calidad de la cacería”, aseguran.

La trampa para ‘Grazalema’

Esta idílica paz se truncó en 2011, cuando Medem colocó diez cajas trampa en el coto para acabar con los predadores que amenazaban la caza menor en la finca. Su propiedad está dentro del área crítica para el lince ibérico y, por lo tanto, el Plan Técnico de Caza vigente no le autorizaba a instalar las trampas por el peligro que suponía para esas especies protegidas.

En agosto de ese año, un ejemplar de lince ibérico de 17 meses criado en cautividad y liberado en el marco del programa Life y al que los investigadores llamaban cariñosamente Grazalema, cayó en una de aquellas jaulas y murió, atrapado bajo el implacable sol por deshidratación. La autopsia determinó que el animal murió presa de un golpe de calor y no sufrió heridas, fracturas ni laceraciones por la trampa en la que había caído, más allá de las lesiones superficiales propias del forcejeo del animal, dice textualmente la sentencia. El cuerpo de esta hembra de lince ibérico fue encontrado por el propio personal de guardería de la finca Barranco de la Gomera de Castellar de Santiago.

Imagen de la casa de la finca Las Navas de Ciudad Real (Página web) © Proporcionado por Vanitatis Imagen de la casa de la finca Las Navas de Ciudad Real (Página web)

Medem confesó en el juicio haber colocado aquellas trampas, pero alegó en su defensa que no lo hizo con ninguna intención y que desconocía tanto la legislación ambiental como el plan técnico de caza, así como la presencia del preciado animal en la zona. De hecho, dijo, nunca había visto ningún lince en sus terrenos. También añadió que revisaba las cajas trampa dos veces al día; por la mañana y por la noche. Parte de sus argumentos fueron rebatidos por las acusaciones al demostrar que sí conocía el plan técnico porque para que fuera aprobado era necesario que él presentara un proyecto, como así ocurrió. Tampoco contaba con el permiso especial necesario para instalar las cajas trampa en su finca. Durante la vista oral también se escuchó el testimonio del guarda de la propiedad, que fue quien denunció el hallazgo a los técnicos del cuerpo de agentes medioambientales de la zona. “Hemos encontrado un lince en el interior de una caja trampa destinada a la captura de zorros”, dijo. Al animal no le sirvió de nada el radiotransmisor que llevaba porque, al parecer, había dejado de funcionar.

El juzgado de Ciudad Real le ha condenado por un delito contra la fauna e inhabilitado a ejercer su derecho a cazar durante tres años y a indemnizar con 90.000 euros, junto con Adin Inversiones 95, S.L. (la empresa de la que es administrador), a la Junta de Castilla-La Mancha por la muerte del ejemplar. En su defensa el cazador alega que la sentencia ha reconocido que no tuvo intencionalidad de matar al animal y que recurrirá la resolución judicial. Lo que está claro es que el juzgado considera que el acusado, aún siendo consciente de que el coto está dentro del área crítica del lince ibérico, instaló diez cajas trampas para dar muerte a los predadores que amenazan la caza de perdiz y a su negocio cinegético. La sentencia dice que lo hizo sin los permisos preceptivos y sabiendo que el animal que cayera en las jaulas moriría porque no tenían ni comederos ni bebederos para las presas y no estaban situadas en zona de sombra.

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