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El conde de Chinchón: viudo y sin herederos pero con una fortuna gracias a Goya

Vanitatis Vanitatis 06/03/2016 Jose Madrid

Se llamaba Rosario Herbosch y Huidobro, era una de las mujeres más elegantes del país, miembro fundador de la fundación Ágatha Ruíz de la Prada, y a finales del pasado mes de febrero fallecía en la más absoluta discreción, exactamente igual que vivió. La condesa de Chinchón llevó una existencia en segundo plano desde que se casó con Carlos Rúspoli y Morenés, descendiente directo de aquella otra condesa, la de Chinchón, que protagonizó el famoso cuadro de Goya. La boda tuvo lugar en 1980 en el palacio del infante Don Luis, según informaba en sus crónicas de la época el diario 'ABC'. Aunque el matrimonio no fue precisamente dado a los grandes fastos, a dejarse ver o a las entrevistas, la historia detrás del cuadro de Goya que heredó la familia sí que recorrió diversos medios de comunicación y es lo suficientemente curiosa como para merecer la atención periodística.

Vestido donado por la condesa de Chinchón a la Fundación Ágatha Ruíz de la Prada © Proporcionado por Vanitatis Vestido donado por la condesa de Chinchón a la Fundación Ágatha Ruíz de la Prada

Nacido en San Sebastián, Carlos Oswaldo Rúspoli y Morenés será el encargado de velar, a sus casi 84 años, por la memoria de su esposa y también por un legado que tiene un futuro incierto, ya que jamás tuvo hijos con su mujer. Entre ese legado y esa herencia se encuentra la cantidad que ganaron por la venta del cuadro de Goya. Sin pelos en la lengua y ciegamente firme en sus creencias, este licenciado en Derecho e inversor en bolsa, sexto conde de Chinchón, ha asegurado a lo largo de su vida que, pese a las sombras de algunos de sus antepasados, él se sentía muy “orgulloso” de todos ellos. Se refería seguramente a Manuel Godoy, el primer ministro de Carlos IV y un personaje “muy vituperado” según manifestó él en una de las raras entrevistas que ha conocido. También hacía referencia a María Teresa de Borbón y Vallabriga, la XV condesa de Chinchón que protagonizó el cuadro de Goya. El retrato perteneció a Carlos Rúspoli y sus hermanos hasta que, a finales de la década de los 90, el gobierno Aznar se lo quiso comprar después de que él y los otros dos, Luis y Enrique, mostrasen su deseo de venderlo.

De pleitos con el Estado

Fue entonces cuando el Estado quiso utilizar su derecho de adquisición preferencial sobre el patrimonio nacional. El cuadro les fue entregado a los administrativos del ministerio de Cultura en febrero de 2000 pero la tardanza en pagar por parte de la Adminstración llevó a los Rúpòli a interponer tres demandas administrativas y un recurso. El objetivo era que el Estado saldase su deuda con los herederos de la condesa y ya expropietarios del cuadro.

Carlos Rúspoli y Morenés © Proporcionado por Vanitatis Carlos Rúspoli y Morenés

El gobierno Aznar acabó cumpliendo con el pago en dos plazos: en el primero, que se produjo en enero de 2001, se entregó a la familia 2500 millones de las antiguas pesetas. El segundo se llevó a cabo medio año después y su cantidad fue de 1500 millones. Sin embargo, ni Carlos Rúspoli ni sus hermanos estuvieron de acuerdo con el retraso y hace ahora quince años acudieron a la Audiencia Nacional para obtener una revalorización conforme a la subida del IPC por el tiempo que había tardado el Estado en pagarles el cuadro. La demanda familiar fue rechazada incluso por el Tribunal Supremo.

La familia acudió entonces al Tribunal de Estrasburgo, que ratificó lo dispuesto en nuestro país asegurando que los demandantes no habían “soportado una carga desproporcionada y excesiva” y que se había mantenido el “justo equilibrio” entre el interés general y los derechos de los Rúspoli, denegando una revalorización del precio de venta por la demora que la familia sufrió en el pago de la inmortal obra de Goya. Los hermanos siguieron manteniendo hasta el final que el Estado no “había respetado” las condiciones de compra.

El de Chinchón no es el único cuadro ni el único título que posee el viudo, nacido en San Sebastián pero de ascendencia italiana, ya que los orígenes del apellido y de la saga se remontan a la Florencia del siglo XIII. Además, también es el quinto duque de Alcudia, título que también ha sabido llevar con dignidad. Al no haber tenido descendencia con Rosario, serán sus hermanos y sus sobrinos los que perciban la enorme herencia proveniente de la obra artística una vez que él fallezca. Hoy por hoy, nonagenario y retirado de la vida pública, llora en silencio la muerte de una mujer, la condesa, que supo vivir en silencio esa cualidad tan propia para la exhibición: la elegancia.

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