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El día en el que un adolescente Felipe de Borbón pidió que le retirasen el cojín de su silla

Vanitatis Vanitatis 03/10/2016 Fermín J. Urbiola

Lo había memorizado, por supuesto. Pero, aun así, el príncipe Felipe quiso leer su primer discurso oficial, que pronunció con pausa y una casi perfecta vocalización ante el abarrotado auditorio del Teatro Campoamor de Oviedo, el sábado 3 de octubre de 1981, hoy hace 35 años.

Fue en el marco del solemne acto de entrega de los Premios Príncipe de Asturias (ahora Princesa de Asturias), la fundación que lleva el nombre del heredero al trono de España, constituida un año antes bajo su presidencia. El Príncipe Felipe, que con 13 años acababa de iniciar el primer curso de BUP, permaneció todo el acto sentado a la derecha de su padre, junto al presidente del Gobierno (Leopoldo Calvo Sotelo).

Los mismos gestos de su padre

Al igual que solía hacer el Rey Juan Carlos en los actos que presidía, el joven príncipe había ido tachando punto por punto cada uno de los apartados previstos en el programa y, al llegar al final, siguiendo igualmente la costumbre del Rey, se puso en pie, levantó el micrófono y comenzó a leer su discurso de clausura. Fue breve, muy breve: un minuto y 36 segundos. Inmediatamente después, el teatro estalló en un cerrado aplauso (54 segundos), que concluyó únicamente porque el príncipe tomó asiento de nuevo, por indicación de su padre.

El Rey Juan Carlos junto a su hijo en una imagen de archivo (Gtres) © Proporcionado por Vanitatis El Rey Juan Carlos junto a su hijo en una imagen de archivo (Gtres)

Al decir de las crónicas, el futuro Rey de España superó con nota alta, muy alta, la prueba de su primer discurso oficial.

La Reina, sentada a la izquierda de su marido, hizo honor a su habitual “saber estar” y ahogó sus íntimas inquietudes bajo la apariencia de la normalidad. Pero el Rey no pudo ocultar su nerviosismo. Por eso se llevó la mano derecha a la barbilla en varias ocasiones, ojeando disimuladamente el auditorio para captar la aprobación (o no) de los prohombres de la Patria a la actuación de su hijo, su sucesor, mientras este desgranaba las escasas líneas de su primer discurso oficial.

De muy serio, a sonriente

Y el adolescente príncipe, “sobre-responsabilizado” en esos momentos, miró con rostro muy serio al público inmediatamente después de la frase final (“…en beneficio de esta Asturias querida, que llevo y llevaré siempre en lo más profundo de mi corazón”), para dejarse llevar posteriormente por una sonrisa de satisfacción, tras comprobar que el selecto público premiaba su estreno como orador con un intenso y prolongado aplauso.

Pero antes de la clausura, el príncipe Felipe –que jamás hubiera imaginado sus futuros vínculos familiares con Asturias– fue testigo de sucesivos cantos a la libertad y a la democracia en España. Cantos, algunos de ellos excelsos, que se vertían en un solemne acto cuando ya se asomaba el final de un año convulso en España.

Un año convulso

1981 fue el año de la fracasada intentona de Tejero. Aquel 23 de febrero en el que el Príncipe de Asturias pudo seguir en directo cómo gestionaba su padre un golpe de Estado, hasta que el sueño venció su capacidad de resistencia y se quedó dormido en una butaca de la sala de máquinas de La Zarzuela. Fue el año en el que Adolfo Suárez presentó su dimisión como presidente del Gobierno, por el bien de España. Fue el año en el que dimitió un ministro de Justicia (Francisco Fernández Ordóñez), expresión de la profunda crisis del partido en el Gobierno (UCD) que le llevó a su propia desaparición. Fue un año en el que ETA golpeó con dureza en la línea de flotación de una joven democracia parlamentaria, con atentados y secuestros. Fue un año de fiebre autonómica, en el que Galicia coronaba sus aspiraciones de autogobierno al aprobarse su Estatuto de Autonomía… También, fue el año de decenas de muertos y miles de afectados por el síndrome tóxico del aceite de colza en toda España y en el que el Congreso de los Diputados aprobó la Ley del Divorcio. También, en el que volvió a España el Guernica, el famoso cuadro de Picasso, pintado por encargo de la república para el pabellón español en la exposición de París…

Aires de libertad

En ese contexto se puede entender, por ejemplo, el alegato por la libertad, la cultura, la Corona y la democracia que hizo el poeta madrileño José Hierro (1922-2002) ante el escogido auditorio del Teatro Campoamor, al tomar la palabra en nombre de los premiados.

Junto al poeta madrileño José Hierro (EFE) © Proporcionado por Vanitatis Junto al poeta madrileño José Hierro (EFE)

Y se puede entender, incluso, que los Reyes de España y el propio Príncipe de Asturias aplaudieran sin rubor las palabras del poeta, que se permitió la licencia de citar –como ejemplo de lo que es, en la práctica, la democracia– a Santiago Carrillo y a Blas Piñar:

“Este aire de libertad que respiramos, el que nos permitirá continuar adelante en la tarea de lograr esa España que anhelamos, tiene una fecha: 24 de febrero (…) si el presente no hubiese empezado el 24 de febrero, sino que se llamase tarde del 23 de febrero, no estaríamos aquí (…) Vuestra Majestad no pregunta cuántas divisiones puede movilizar un hombre de la cultura (…) Por eso decía, Alteza, que no son mis palabras sino los ejemplos lo que importan. Tal vez un día comprenderéis la importancia que para España ha tenido esta actitud de Vuestro Augusto padre que no ha permitido avanzar un paso más hacia la tiranía. Ha ido hacia la tolerancia, es decir, ha ido hacia la democracia, que consiste, entre otras muchas cosas, en el respeto mutuo, consiste en que don Santiago Carrillo pueda decir lo que antes no podía, y que don Blas Piñar pueda seguir diciendo lo mismo que decía”.

El dichoso cojín

Liberado de su novedosa y principal responsabilidad, el adolescente príncipe advirtió que en la silla que debía ocupar, según el protocolo, durante el almuerzo posterior al acto institucional, los responsables del Hotel Reconquista habían colocado un cojín para facilitar su acceso a los cubiertos… Por favor, dijo dirigiéndose a un camarero, ¿puede retirar el cojín de mi silla?

Fermín J. Urbiola © Proporcionado por Vanitatis Fermín J. Urbiola

Fermín J. Urbiola

Periodista y escritor

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