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El hijo de la marquesa de San Eduardo hereda título pero no joyería

Vanitatis Vanitatis 29/09/2016 Jose Madrid

“Yo solo sé lo que es trabajar y trabajar… No sé de dónde se saca eso de que los nobles somos unos gorrones. La aristocracia tiene que trabajar y más en un momento como el que atraviesa ahora nuestro país”. Así sentenció en Vanitatis, allá por 2012 y en plena crisis, María Ignacia López de Soto, una de las joyeras con más solera de Madrid. La marquesa joyera, como muchos la llamaban coloquialmente, fallecía el pasado mes de mayo dejando por todo lo alto la reputación de la joyería San Eduardo, que había abierto en 1982. Su hijo mayor, llamado precisamente Eduardo, ha solicitado, según publicaba este martes el Boletín Oficial del Estado, el título que ostentaba su madre, aunque él poco o nada tiene que ver con el mundo de las joyas, ya que en ese aspecto es su hermano el que ahora se encarga del mítico local heredado, situado en la calle Ayala de Madrid.

Primogénito de la familia y hombre de negocios gracias a su empresa de productos del mar, Inselmeer, Eduardo “nunca ha estado vinculado a ese mundo de zafiros, diamantes y diademas en el que están inmersos sus familiares, sus hermanos

Conrado

y

Miguel

”, según cuenta a Vanitatis una fuente cercana a la familia. "Sí, yo tengo una empresa y mi camino ha ido por otro lado", aseguraba él mismo a este medio, poco antes de marcharse de viaje. Su mundo es otro y también el de su mujer,

Ana Arauz

, que posee una de las escuelas de flamenco más célebres de la capital. Su hijo

Edu

, que ni siquiera llega a la treintena, tampoco ha optado por el negocio familiar de las joyas, ya que “su gran pasión son los toros y lo tiene claro pese a lo joven que es”. No se descarta, por tanto, que sus pasos se acaben encaminando hacia ese mundillo con el beneplácito de sus padres ya que “su abuela era una apasionada de la tauromaquia y el niño ha mamado ese mundo desde muy pequeño”.

Discreto y ajeno a los medios o a esos titulares negro sobre blanco que sacaron en la prensa a su hermano Miguel cuando se convirtió en el director de la joyería de su madre, Eduardo ha optado por hacer menos vida social que los suyos pese a que también es amigo de gran parte de la alta sociedad capitalina.

Eduardo en su juventud, con su esposa y su madre (Joyería San Eduardo) © Proporcionado por Vanitatis Eduardo en su juventud, con su esposa y su madre (Joyería San Eduardo)

Para muestra, un botón: cuando se casó con Ana Arauz en julio de 1990 en la iglesia de San Jerónimo el Real (enlace que, por cierto, se celebró en ese castillo de Viñuelas tan de actualidad gracias al 'sí quiero' de personajes tan opuestos a esta familia como Kiko Matamoros y Makoke), apenas apareció una pequeña crónica de las nupcias en los diarios más afines al universo nobiliario.

Ana Arauz (tercera por la izda.), mujer de Eduardo Mas (Facebook) © Proporcionado por Vanitatis Ana Arauz (tercera por la izda.), mujer de Eduardo Mas (Facebook)

Una joyería legendaria

Ubicada en la calle Serrano y trasladada más tarde a Ayala, la joyería San Eduardo fue un empeño personal de la difunta marquesa, a la que todos llamaban Iñi en la intimidad. Ella, de carácter “alegre y parlanchín”, vio en el local un refugio tras su divorcio. “Era maravillosa, generosa y divertida. La mujer más generosa que he conocido en mi vida. Si estabas mal de ánimos, llegaba a mandar sándwiches o aperitivos. Solía ir con ella a los toros porque le encantaban”, recuerda a este medio Carmen Lomana, que es cliente habitual del local y una gran amiga de la familia. Cuentan los allegados a esta saga de nobles y joyeros que Edu, como se conoce al hijo de Eduardo era “su nieto favorito” y quizá por eso le inyectó esa querencia especial por el mundo de los toros.

Una imagen de la joyería San eduardo (Google) © Proporcionado por Vanitatis Una imagen de la joyería San eduardo (Google)

Referentes de la alta joyería no solo en Madrid, sino internacionalmente, los Mas y López de Sa tienen entre sus clientes y amigos a gente como los Martínez- Bordiú, Kalina de Bulgaria, Margarita Vargas o Alfonso de Hohenlohe. Desde que está regentada por el hermano del futuro marqués, Miguel, esta orfebrería del 'glamour' se dedica a “rejuvenecer” las joyas de sus afamados asiduos. Medio año después de la muerte de la mujer que dio luz verde al proyecto, su hijo más discreto continuará el legado del marquesado de San Eduardo. Su brillo es más el de la sangre azul que el de los diamantes.  

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