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El millonario portugués que quiso matar a su 'princesa rumana' en un hotel de Vigo

Vanitatis Vanitatis 09/05/2016 Mayka Paniagua

Son las 8.30 de un lunes. El sol se cuela en las habitaciones del céntrico hotel NH de Vigo, pero apenas se oye más que el trajín de las limpiadoras y las puertas de algunas habitaciones cuyos huéspedes bajan ya a desayunar. El matrimonio formado por Carlos Ignacio y Eliza Pinto ocupa  una de las habitaciones minimalistas del establecimiento. Eliza se despereza, camina hacia la ducha y sigue su ritual diario. Está de espaldas a la puerta del baño mientras coge su bote de crema. Nota una presencia, pero no la da tiempo a más. Recibe cuatro golpes en la cabeza y cae al suelo mientras alguien se pone sobre ella e intenta acabar su trabajo. ¿Un ladrón? El brutal ataque y el shock no la impide ver que quien la ataca es el hombre con el que comparte su vida desde hace siete años. Saca fuerzas de flaqueza y se deshace de él, se arrastra por el suelo y logra alcanzar la puerta del dormitorio. En el pasillo pide ayuda a gritos y una limpiadora la socorre. Desnuda y sin fuerzas la explica, como puede, lo que acaba de ocurrir. Atrás, en el suelo y rodeado de sangre quedaba Carlos, presa de un infarto, con las marcas de defensa en su espalda y el rostro manchado de la sangre de su mujer. Días después, ella ha vuelto a su casa en Portugal. Él está ingresado en prisión provisional sin fianza en el hospital de Pontevedra. De ahí saldrá a una celda en la cárcel de A Lama.

Carlos Ignacio Pinto junto a su Ferrari (Facebook) © Proporcionado por Vanitatis Carlos Ignacio Pinto junto a su Ferrari (Facebook)

No es una escena de una película negra. Tampoco te estamos contando un guion de un libro de Benjamin Black. Es el relato que hizo Eliza Pinto ante la Policía y la juez encargada del caso el pasado miércoles. Es también el final de un matrimonio que según ha declarado la víctima era “feliz e idílico”. La pareja se conoció hace ya siete años y se casaron hace tres. Él era un ingeniero con negocios ya retirado que llevaba una vida acomodada en el barrio residencial lujoso de Sao Felix da Marinha de Vilanova de Gaia, en las afueras de Oporto con vistas a la playa de Granja, en el que viven empresarios y grandes fortunas de la ciudad. El empresario hizo su fortuna años atrás con empresas relacionadas con las energías renovables y aluminio cuando residía en Viseu, donde aún vive su exmujer con sus dos hijos gemelos. No tiene empresas a su nombre ni en España ni en Portugal.

Carlos Ignacio Pinto en una imagen de Facebook © Proporcionado por Vanitatis Carlos Ignacio Pinto en una imagen de Facebook

Ella es una joven guapa, de 26 años, que pertenecía a una familia rumana de clase media alta y nacionalizada portuguesa. Había trabajado como modelo para algunas marcas de moda portuguesas, pero ahora no trabajaba. Sus páginas personales en Facebook muestran con todo lujo de detalles las comodidades que los rodeaban. En una imagen a él podemos verlo junto a un Ferrari rojo. A ella con diseños y joyas de marcas de lujo. No tenían hijos y parece que se dedicaban a viajar por diferentes países y disfrutar de la vida; a vivir una luna de miel interminable. De hecho, en un comentario del 13 de abril, él escribió: “Minha esposa, minha princesa, minha senhora”(Mi esposa, mi princesa, mi señora).

Los medios portugueses inciden en varios testimonios de vecinos que constatan esa vida de cuento de hadas que refirió la víctima en su declaración. “Se casaron en su casa. Se les veía salir y pasear siempre juntos muy felices. La diferencia de edad era notable, pero parecía que se entendían muy bien”, dicen. Otros, en cambio, hablan de alguna discusión violenta entre la pareja. Ella salía por correr por la urbanización y en su red social solía comentar fotografías y post de amigos brasileños y de diseñadores de su país del que aún mantenía amistades.

Las pesquisas apuntan a un móvil económico o los celos

Aunque Carlos estaba retirado parece que realizaba proyectos puntuales. Esa fue la excusa que esgrimió ante su mujer para viajar el domingo a Vigo. El lunes tenía previsto una reunión de negocios que al final resultó falsa. El empresario ha negado los hechos a la Policía. Los investigadores, sin embargo, empiezan a atar cabos y descartan la posibilidad de una enajenación mental transitoria. La Policía examinó el lugar del crimen y el rastro de la sangre confirmó la versión de Eliza. Todo parecía indicar una pelea matrimonial con un final desgraciado, pero el arma del crimen hallado en el escenario (un martillo de cantero) otorga más peso a la tesis de que el detenido había planeado matar a su joven esposa. Este tipo de martillo no suele encontrarse en un hogar, ni siquiera en el hotel, sino que precisa de “intencionalidad” de comprarla. Eliza declaró no haberlo visto antes. Los agentes también encontraron en la habitación unas ligaduras de cinta aislante que podrían explicar la intención de atar a la víctima. Pero ¿por qué?, se preguntan los agentes. Hay dos líneas de investigación que parecen cobrar fuerza: Eliza tenía un amante y él lo había descubierto o las dificultades económicas del empresario y la posibilidad de que quisiera cobrar el seguro de vida. Carlos se enfrenta ahora a nueve años de prisión.

Imagen de la habitación del hotel © Proporcionado por Vanitatis Imagen de la habitación del hotel

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