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El palacio madrileño de la 'duquesa mendiga' abre sus puertas

Vanitatis Vanitatis 28/02/2016 Ana Sánchez Juárez

En la esquina de las madrileñas calle Huertas y Príncipe, en pleno barrio de las Letras, emerge el Palacio de Santoña, un edificio de corte neoclásico que esconde una apasionante historia de nobleza, infidelidades, litigios y ruina desconocida para la mayoría. La protagonista es María del Carmen Hernández y Espinosa de los Monteros (1828-1894), duquesa de Santoña, una gran dama de la alta sociedad que no solo se limitó, cuando adquirió con su marido este imponente caserón a la poderosa familia Goyeneche (Juan Francisco Goyeneche era banquero de Felipe V e Isabel de Farnesio), a gastarse miles de reales en decorarlo, sino que también hizo una importante obra social que llega hasta hoy. A ella (a la duquesa de Santoña) se la debe el germen del Hospital Niño Jesús, referencia nacional en la pediatría infantil, y para sufragar los gastos de esta institución médica ella fue la creadora de la famosa Lotería del Niño. Además de ser mecenas de artistas de la época, la duquesa mandó construir el edificio-balneario de los manantiales granadinos de Lanjarón, adquiridos en la desamortización de Madoz. Y es que María del Carmen, o la señorita Mariquita, como se la conocía en su pueblo, era hija de unos terratenientes de Motril, en Granada, que habían invertido con acierto en el negocio del azúcar.

Fachada del estado actual de Palacio de los Duques de Santoña en Madrid © Proporcionado por Vanitatis Fachada del estado actual de Palacio de los Duques de Santoña en Madrid

Pareja de moda en la corte de Alfonso XII

¿Y qué hace Vanitatis hablando de una historia de mediados del siglo XIX? Pues que como por aquel entonces no existíamos (pero porque todavía no se había inventado Internet) y no pudimos contar aquel apasionante litigio entre la duquesa y la hijastra de su marido, lo hacemos ahora. Sin duda alguna esta historia nos hubiera nutrido de grandes titulares y numerosas aperturas. Asi que vayamos por partes.

María del Carmen tenía un gracioso desparpajo andaluz, que cautivó (y enceló) enseguida a la sociedad madrileña. La duquesa tuvo desde niña una fatal relación con su padre. Con solo 16 años se enamoró de un capitán de caballería que le dobla la edad y de su mano logra salir de casa. Pero su marido fallece víctima de un cáncer en 1863. No obstante, su suerte volvió a florecer. La viuda fue invitada a un acto organizado por  el Partido Liberal para atraer a la causa de la Restauración Borbónica a las clases sociales más distinguidas. Y en la fiesta conoció a Juan Manuel de Manzanedo y González de la Teja (1803-1882), entonces marqués de Manzanedo (más tarde también duque de Santoña), un hombre de origen humilde pero que terminó siendo uno de los hombres más ricos de la época gracias a sus negocios en Cuba. Se casan, se instalan en Madrid y compran este palacio que empezó a denominarse como el de los duques de Santoña, convirtiéndose en la pareja de moda de la capital. Tras dos años de reformas, la inauguración de la residencia oficial de los duques es todo un acontecimiento en la alta sociedad, tanto que acude al evento el mismo rey Alfonso XII y su esposa, Doña María de las Mercedes.

Interior del Palacio de Santoña © Proporcionado por Vanitatis Interior del Palacio de Santoña

Traicionada por su hijastra y sus propios abogados

La vida de la duquesa transcurre tranquila entre obras de filantropía y mecenazgo, pero su fortuna cambia cuando de nuevo vuelve a sobrevivir a otro marido. El 19 de agosto de 1881 muere Juan Manuel de Manzanedo. Esto no hubiera sido un problema si no es porque poco antes de su muerte llega a Madrid desde Cuba una hija natural del duque. La joven se llama Josefa y había nacido en 1932, fruto de una relación prematrimonial en Cuba con una bella joven mallorquina, Luisa Intentas, que había emigrado allí con su familia. Josefa era hija natural, no legítima, pero consiguió que su padre la reconociese y así el duque se lo hizo saber al rey. ¿Qué pasó cuando se abrió el testamento que aparejaba nada menos que 2.000 millones de reales? Pues que había varias modificaciones.

En este documento de últimas voluntades, que data de 1862, se declaraba heredera única y universal a su hija. Pero después de casarse con nuestra duquesa, el empresario añadió un codicilo en 1882 en el que legaba a su esposa un quinto de sus bienes. ¿La consecuencia? Hija y madrastra se enzarzaron en nada menos que diez años de pleitos en los que la duquesa viuda se vio traicionada por sus abogados y administradores y el juicio terminó con fallo a favor de la hija. 

Sala de fumadores del Palacio de los Duques de Santoña © Proporcionado por Vanitatis Sala de fumadores del Palacio de los Duques de Santoña

De nada le valieron sus contactos con la realeza y la alta sociedad. Ya nadie se acordaba de la duquesa mujer del rico indiano convertido en Grande de España. En el año 1893, arruinada a consecuencia del largo proceso, la duquesa de Santoña abandona su casa por embargo judicial y 

moría en la miseria, por lo que se la conoce como la "duquesa mendiga"

La propiedad, –el palacete que se puede visitar estos días dentro de la iniciativa que ha puesto en marcha laComunidad de Madrid, 'Bienvenidos a Palacio 2016', por la cual se abren las puertas de varios palacetes de la región– pasó entonces a José Canalejas, político del partido Liberal, que lo habitó hasta el día de su muerte, en 1912. Uno de sus sobrinos vendió la propiedad en 1933 a la Cámara de Comercio de Madrid, de la cual fue sede hasta el año 2003. Como curiosidad decir que este palacio había pertenecido en la época de Felipe II a Felipe 'El Negro', Meuley Xeque, el hijo de un rey marroquí que se exilió en Madrid y que se convirtió al cristianismo. Por cierto, el actual duque de Santoña es Juan Manuel Mitjans y Manzanedo, cuyo abuelo ya mezcló su sangre con la Casa de Alba al casarse con Eugenia Sol Firtz-james Stuart y Falcó, condesa de Teba. Ya saben, cosas de nobles.

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