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El vía crucis de Alfonso Díez por la Vía Dolorosa de la herencia de la duquesa de Alba

Vanitatis Vanitatis 16/01/2016 Paloma Barrientos

Alfonso Díez tiene por fin la vida resuelta en el apartado económico. En el afectivo aún le falta tiempo para asumir con nostalgia, y no con tristeza como hasta ahora, la ausencia de la duquesa de Alba, que fallecía el 20 de noviembre de 2014.

Como adelantó Vanitatis y confirmó el propio duque de Alba, a finales de diciembre de 2015 se daba carpetazo al testamento y cada uno de los hijos más el viudo se repartían esas últimas voluntades agotando el plazo que marcaba la ley. Como aseguraba Carlos Fitz-James Stuart: “Todo está en orden. Alfonso ha firmado y no hay problemas de ningún tipo con él”. Dos días después de que este medio publicara la noticia, era Díez quien ratificaba la información y las declaraciones del hijo primogénito de su mujer. “Se han hecho las cosas como se debían hacer. No hay que dar más vueltas porque son temas muy personales y no voy a dar explicaciones de cuestiones muy intimas”. En este sentido, parece que hay entre todos un pacto de confidencialidad para evitar filtraciones.

El funcionario jubilado no es hombre de muchas palabras y menos cuando se trata de comentar cuál es su situación personal desde que murió su mujer. En su momento, Díez participó en varios reportajes junto a la duquesa, pero más por vanidad de la propia aristócrata que por él mismo, porque no hubo compensación económica. “No lo he hecho nunca porque no es mi estilo”, explicaba justificando esas exclusivas y aclarando que jamás se había movido por dinero cada vez que se cuestionaba su papel afectivo junto a Cayetana. Sus amistades dicen de él que es un hombre que nunca ha vivido por encima de sus posibilidades: “Ahora tampoco lo hará. A él le gusta viajar, el cine y estar con sus amigos. No tiene veleidades de millonario”, aseguran reconociendo que la herencia recibida es importante. Rondaría el millón de euros, que es la cantidad que le correspondería de ese 25% de la cuota viudal. Parece que cómo y cuándo recibiría este dinero fue uno de los puntos que más costó definir y que alargó las negociaciones.

La duquesa de Alba, su hijo y su viudo en un fotomontaje de Vanitatis © Proporcionado por Vanitatis La duquesa de Alba, su hijo y su viudo en un fotomontaje de Vanitatis

“Alfonso fue ninguneado”

Llegar al acuerdo final con los hijos de su mujer no fue fácil. Entre otras cosas porque tampoco ellos se ponían de acuerdo en la repartición y valoración de los lotes. Para Alfonso ha sido una especie de vía crucis. Estaba en tierra de nadie mientras los miembros de la Casa de Alba se posicionaban, unos a favor de las decisiones del primogénito (Eugenia, Fernando y Alfonso) y otros, en contra (Cayetano y Jacobo). Durante meses Alfonso no tuvo información, ni explicación alguna de lo que estaba sucediendo. No hacía caso a las recomendaciones de sus amistades, que le aconsejaban en sentido contrario. “Hubo un ninguneo importante y como Alfonso es tan bueno dejaba pasar los días sin mover ficha. Si hubiera querido dar la lata lo podría haberlo hecho”, aseguran a Vanitatis. Para empezar, alargando su estancia en el palacio de Dueñas, que fue su domicilio conyugal. De allí se marchó con lo puesto y acompañado de su perro, Jonás. Una salida poco convencional para un duque viudo.

Su respuesta a su falta de interés por la herencia de su mujer era siempre la misma: “Ya habrá tiempo”. Pero el tiempo corría en su contra porque cuando se casó con Cayetana había solicitado un excedencia y, por lo tanto, los 2.000 euros que cobraba por su trabajo en el Instituto Nacional de la Seguridad Social desaparecieron. No recuperó su puesto de trabajo al considerar que no tenía mucho sentido retomar su vida laboral. Sobre todo porque confiaba en que el 'sueldo' vitalicio prometido por la duquesa iba a ser inmediato. Y no lo fue. No era una exigencia, pero sí una necesidad. No solo había dejado todo por amor –ciudad, casa, trabajo–, sino que lo más importante fue que hizo feliz a la duquesa.

Alfonso Díez en una imagen de archivo (Gtres) © Proporcionado por Vanitatis Alfonso Díez en una imagen de archivo (Gtres)

Hace dos meses, al cumplir los 65, solicitó la jubilación y por fin empezaba a recibir su pensión, que según su nivel rondaría los 1.000 euros. Desde que murió Cayetana hasta ese momento ha vivido de los ahorros, porque nadie en la Casa de Alba estuvo pendiente de sus necesidades.

A partir de ahora, la vida de Alfonso será mucho más cómoda. Tiene intención de vender la casa de Sanlúcar de Barrameda, que nunca le gustó, y puede ser que por fin compre un piso muchos más amplio que el apartamento de un dormitorio en el que vive. Dicen que su ilusión es adquirir un ático con terraza en el mismo barrio donde conoce al vecindario desde hace años.

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