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En su último concierto, Juan Gabriel lucía cansado, pero no dejó de cautivar

Variety LatinoVariety Latino 29/08/2016 Yoselín Acevedo
© Provided by Variety Latino

Decir que el mundo del entretenimiento está de luto puede sonar a cliché, una frase trillada con la que los periodistas solemos iniciar las notas sobre muertes de famosos. Pero en esta ocasión me siento totalmente cómoda utilizando estas palabras, pues con toda seguridad puedo afirmar que el mundo de la música y todos los latinos ciertamente estamos de luto.

Más que una de las mejores voces de todos los tiempos, Juan Gabriel fue un ícono cuya música trascendió generaciones. Un hombre que, como cualquier figura pública, se vio involucrado en más de una polémica, pero cada vez que subía al escenario era su voz, carisma y la conexión con su público lo que reinaba.

FOTOSEl álbum del recuerdo de Juan Gabriel

Aun no he podido procesar el hecho de que Juanga haya muerto, y mucho menos que tuve el inmenso honor de presenciar su último concierto, el cual ofreció este pasado viernes en The Forum, en Los Angeles. Allí estaba yo, como niña emocionada viendo a aquel gran ídolo mexicano por primera vez… sin saber que también sería la última. Allí estaba yo coreando a todo pulmón cada una de sus canciones, canciones eternas, temas que han marcado cada etapa de mi vida. Allí estaba yo, junto a las otras 17,504 personas que abarrotaron aquel recinto, lleno a capacidad.

Y allí estaba Juanga interpretando sus canciones de siempre, aquellas con las que nos hemos enamorado, aquellas que hemos escuchado en momentos de amor, desamor, felicidad y dolor. Allí estaba Juanga con su voz impecable, dando lo mejor de sí a su público que disfrutó al máximo, sin saber que este sería su último concierto.

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Acompañado por un mariachi, una orquesta completa, coristas y bailarines, Juanga ofreció una auténtica fiesta llena de música, baile y mucho color. El escenario, ubicado en el centro del recinto, tenía forma de guitarra cuadrada y el Divo de Juárez se desplazó por el permitiendo que todos los presentes pudieran verlo de frente, sin importar dónde estaban sentados. Y mientras recorría el escenario, Juanga cantaba, bailaba y bromeaba con su presentes. Pero se le veía cansado. Cuatro sillas fueron colocadas alrededor del escenario, y fueron varias las ocasiones en las cuales el artista tuvo que sentarse para recuperar las fuerzas.

Eso sí, en ningún momento dejó de cautivar a los presentes quienes coreábamos a todo pulmón sus irónicos temas. “Querida”, “Siempre en mi mente”, “Por qué me haces llorar” y “Amor eterno” formaron parte del repertorio musical. Recuerdo que en varias ocasiones dije: “Definitivamente, este es uno de los mejores conciertos latinos al que he asistido en toda mi vida”; y no estaba exagerando, y mucho menos mintiendo. También recuerdo decir que estábamos frente uno de los últimos grandes íconos y leyendas de la música latina, sin saber que dos días después lo perderíamos.

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La conexión y complicidad entre Juanga y su público era tangible y ser parte de ello fue algo sencillamente hermoso. ¡Cuánto amor mutuo se respiraba en aquel lugar!

Al final, el cantante cerró su espectáculo con el tema “El Noa Noa” y con un mensaje en las pantallas que leía: “Felicidades a todas las personas que están orgullosos de ser lo que son”. Y justo eso vi sobre el escenario, a un hombre feliz y orgulloso de ser quien fue y, sobre todo, en paz consigo mismo.

Hasta siempre, querido Juan Gabriel.

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