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Fiona Ferrer despide a su madre y ya prepara su funeral

Vanitatis Vanitatis 12/09/2016 Paloma Barrientos

“Ha sido muy duro con entradas y salidas del hospital, pero parece que mamá se está recuperando”. Con estas palabras Fiona Ferrer explicaba cómo había reaccionado su madre, Mietta Leoni, al trasplante de médula unos meses después. Ella había sido la donante y el destino quiso que la intervención se realizara el mismo día que nacía en Italia, León, su tercer nieto. La propia Fiona contaba a sus íntimos que eso era “una señal. Todo va a salir bien. Siempre ha sido una campeona”. Pero no pudo ser. Casi un año después de la donación, Mietta Leoni fallecía este domingo por la mañana en Madrid, en el hospital de la Princesa.

Con ella estaban sus tres hijos y los amigos más íntimos, que durante todo este tiempo han estado apoyando a la que fuera una de las mujeres con más carisma de Palma en los años sesenta. Junto con la princesa Smilja revolucionaron el panorama social de la isla recibiendo e invitando a personajes como Bianca Jagger o Polanski.

Desde el primer momento Fiona Ferrer supo que la enfermedad de su madre no iba a ser un camino de rosas. “Es difícil y complicado, pero mamá es una mujer muy fuerte y sobre todo tiene un sentido del humor que hace que todo sea menos doloroso”. Y contaba cómo Mietta, muy coqueta ella, se pintaba los labios de rojo, se colocaba su turbante y así recibía a las enfermeras y a los médicos en su habitación del hospital. Después abría su 'tablet' y empezaba a sonar sus óperas preferidas, a las que muchas veces acompañaba con su voz. Era parlanchina y las millones de anécdotas que contaba al personal de la Princesa hacían que su cuarto fuera uno de los más concurridos. Entre viajes profesionales, reuniones y presentaciones, Fiona procuraba pasar todas las horas posible con su madre. Mientras Mietta se hacía la manicura o elegía la camiseta que se iba a poner ese día –porque pasaba de llevar camisones– la miraba y la regañaba: “Hija, ¿vas a descansar alguna vez? Viajas más que un piloto o un revisor del AVE”.

Y Fiona se reía. Como decía, “tenemos un carácter muy parecido. Aparentemente dulce, pero somos muy fuertes cuando vienen mal dadas”. Precisamente esta última semana los hijos estaban más esperanzados porque parecía que iba remontando dentro de la gravedad. Ese hilo de esperanza tenía que ver con esa manera de afrontar el día a día.

Fiona Ferrer y su madre, en el centro de la imagen (Gtres) © Proporcionado por Vanitatis Fiona Ferrer y su madre, en el centro de la imagen (Gtres)

“Hoy nos ha regañado a todos. Eso quiere decir que está mejor”, decían. Incluso el viernes, con esa especie de resurgir, Fiona acudía al cumpleaños de su amigo Emiliano Suárez. “Se han quedado mis hermanos con ella y luego iré yo”, comentaba cuando la preguntaban cómo se encontraba Mietta.

Y es lo que hizo, como casi siempre. Si volvía de un viaje Fiona iba directamente al hospital igual que si tenía un almuerzo de trabajo o una fiesta. “Ya es como mi casa”, decía. Para distanciarse un poco del drama que estaban viviendo, Fiona quedaba con sus amigos en cualquiera de los bares de la zona.

Todo comenzó hace un año con un resfriado como otro cualquiera. “Sucedió muy rápido. No se encontraba bien y pensamos que era una gripe, pero como no desaparecía fue cuando decidió ir a su médico de Palma. Le hicieron análisis y descubrieron que padecía leucemia. Cuando dieron el diagnóstico me quedé en shock”.

Fue entonces cuando Mietta, con su fuerte carácter, dijo que nada de lágrimas y a luchar. No había que perder el tiempo con compasiones ni con frases de '¿por qué a mí?'. Y así fue. De los tres hijos, las células de Fiona resultaron compatibles. En este tipo de intervenciones el problema era el rechazo y no lo hubo. Fiona tuvo que prepararse y una mañana se hizo el cambio de energías con toda la alegría y la positividad que acompaña en su manera de ser a la empresaria y bloguera. Todo funcionó y hace unos meses las células cancerígenas habían remitido totalmente. Después, hace unas semanas, llegó una infección de la que ya no se recuperó.

“He tenido un año completo para estar con ella. Estos días no nos hemos separado. Ha sido muy duro verla sufrir, pero cuando estaba despierta nos sonreía al vernos a los hermanos juntos. Se ha ido, pero siempre nos quedará su fuerza para afrontar las tragedias que nos presenta la vida”, contaba Fiona. Por deseo expreso de su madre no hubo velatorio y solo habrá un responso esta tarde en el madrileño cementerio de la Almudena. Dentro de unos días habrá una misa oficiada por el padre Ángel. “Se querían muchísimo y varios fines de año los pasaba con él ayudando y compartiendo las cenas solidarias de Mensajeros por la Paz”. 

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