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Grace y Rainiero: 60 años de la boda entre el príncipe de Mónaco y la plebeya de Hollywood

Vanitatis Vanitatis 18/04/2016 Jose Madrid

Hitchcock cambió la historia de Mónaco. Dicha afirmación puede parecer muy tajante, pero es cierta. Si Grace Kelly no hubiese rodado 'Atrapa a un ladrón', una de las cintas 'menores' del mago del suspense, en los alrededores del Principado, jamás habría conocido a Rainiero. Y sin ese amor tampoco se habría producido la boda que tuvo lugar el 19 de abril de 1956, hace ahora seis décadas. Aquel publicitado enlace convirtió a la actriz en princesa. En la meca del cine, se hablaba mucho de los romances que la gélida rubia había mantenido con William Holden, Clark Gable o Cary Grant. Sin embargo, cuando le presentaron al príncipe monegasco sobraron las estrellas de cine. La estrella estaba demasiado ocupada recibiendo a Rainiero en Estados Unidos cada vez que este cruzaba el Atlántico para visitarla de forma secreta.

Grace y Rainiero, el día de su boda (Gtres) © Proporcionado por Vanitatis Grace y Rainiero, el día de su boda (Gtres)

Antes de eso, su primer encuentro ocurrió de la forma más fortuita. Fue en 1955, en mitad del rodaje de la película, cuando Grace acudió al Festival de Cannes para representar a la Asociación de Productores Cinematográficos de América. El príncipe Rainiero aceptó hacerse una sesión de fotos con ella para la revista 'París Match' y fue entonces cuando surgió el flechazo. La correspondencia entre ambos fue abundante desde entonces. Ambos compartían la misma inquietud: cómo hacer partícipe a la prensa de algo tan inusual como el enamoramiento entre una actriz de Hollywood y un príncipe monegasco, la farándula mezclada con la realeza europea. Pese a todo, los dos siguieron adelante con sus citas secretas. Se dice que cuando la actriz rodaba 'Alta Sociedad', un improbable 'remake' musical de 'Historias de Filadelfia', ya lucía el anillo de compromiso de 10,47 quilates que él le había regalado.

El romance parecía de cuento de hadas pero tras la estampa del príncipe y la plebeya norteamericana existían realidades y acuerdos muy poco idílicos. El más importante, el que imponía que ella debía dejar su profesión, ya que lo de ser una estrella del cine no era compatible con ser la princesa de Mónaco. Desde que se anunció el compromiso hasta que llegó el mes de abril (y con él la boda) la prensa habló de “acontecimiento del siglo” hasta convertir la expresión en un cliché. Se cursaron hasta 600 invitaciones para el gran día y no quedó puntada sin hilo. Esto incluyó el célebre vestido que lució Grace en la ceremonia, de encaje en la parte superior y diseñado por Helen Rose, que había trabajado durante años para la Metro-Goldwyn-Mayer, estudio que quiso regalarle el vestido a la novia. Todo parecía encajar aquel día: desde la colocación de los invitados hasta una diseñadora de cine para una actriz que, cual Cenicienta en el baile, se convertía en princesa.

Boda de cine

(Gtres) © Proporcionado por Vanitatis (Gtres)

El 18 de abril tuvo lugar la boda civil y un día más tarde la religiosa. En los bancos de la

Catedral de Mónaco

había notables ausencias, sobre todo de familias europeas que se manifestaban contra el enlace de un príncipe con una actriz, algo demasiado escandaloso para la década más conservadora del siglo XX y para el cerrado mundo de la realeza. El pueblo llano no pensaba lo mismo ya que, pese al vacío 'royal', la boda fue seguida, a través de las televisiones de nuevo cuño, por más de 30 millones de espectadores. Todo lo sucedido ese día pasó a formar parte del imaginario colectivo: desde las seis damas de honor con vestidos de organdí de seda de color amarillo a la presencia de

Ava Gardner

, la guardia militar que flanqueaba a la pareja o el Rolls Royce descapotable en el que se subieron nada más salir de la catedral.

La nueva princesa se adaptó perfectamente al universo monegasco. Sin embargo, no todo fue un camino de rosas para ella. Algunos rumores apuntan a que siguió teniendo amantes durante el matrimonio con Rainiero como respuesta a las muchas mujeres que también ocupaban la cama de él. Hitchcock le pidió ser su 'Marnie, la ladrona' en 1962, cuando Grace estaba cansada de ser la princesa para todo. Había días que, según sus biógrafos, se preguntaba por qué diablos había dejado su gran pasión, el cine, a cambio de ser una princesa que estaba lejos de vivir en un cuento. Fueron sus hijos, Carolina, Alberto y Estefanía, los que acabaron haciéndola feliz y acomodándola a un sitio que en principio no parecía el suyo. La oferta cinematográfica del cineasta fue rechazada y la 'actriz princesa' acabó encontrándole sentido a ese día en el que dejó de vivir cuentos de cine para vivir uno de verdad, algo que resultó ser mucho más duro que cualquier fábula de los hermanos Grimm.

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