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Haakon y Mette Marit, un 15 aniversario entre rumores de abdicación

Vanitatis Vanitatis 25/08/2016 Fermín J. Urbiola

Si hace 48 años Harald de Noruega consiguió casarse por amor con la plebeya Sonia Haraldsen, después de casi once años de “pelea” y fuertes tensiones de carácter institucional, justamente hace hoy 15 años que su hijo y heredero Haakon conseguía llevar al altar a la plebeya Mette Marit Tjessem, poniendo de nuevo a prueba la solidez de la monarquía noruega y la capacidad comprensiva de los noruegos y de las instituciones del país.

Son estas, en efecto, fechas de aniversarios relevantes para la familia real Noruega. El 20 de julio cumplió los 43 años el príncipe heredero, Haakon Magnus; el mismo mes en el que su madre, Sonia de Noruega, cumplía 79 años. El viernes pasado, día 19, celebraba también su 43 cumpleaños la princesa Mette Marit, aunque sin la compañía de su esposo, que animaba en esas fechas a los olímpicos noruegos desplazados a Río de Janeiro. Hoy, ambos conmemoran el décimo quinto aniversario de su boda, la primera que celebró la realeza europea en el nuevo milenio. Y este domingo, día 28, los monarcas noruegos podrán felicitarse en el 48 aniversario de su matrimonio.

Haakon y Mette-Marit el día de su boda (Gtres) © Proporcionado por Vanitatis Haakon y Mette-Marit el día de su boda (Gtres)

Punto final a la época ‘rebelde’

Aquel domingo de 2001, la solemne boda del príncipe heredero con una joven madre de la que se enamoró perdidamente en un festival de rock, puso oficialmente el punto final a un relativamente breve periodo de ‘rebeldía’, en el que tanto Haakon Magnus como la que denominaron nueva Cenicienta –en una clara exageración, sin duda– quisieron ser ellos mismos, tomar sus propias decisiones y vivir su propia vida… Algo así como si el príncipe heredero hubiera querido ir más allá de lo que significó el ‘desafío institucional’ protagonizado por su padre.

En los años 60, el joven Harald amenazó con renunciar a los derechos dinásticos o, en su caso, a contraer matrimonio con otra persona que no fuera Sonia Haraldsen, poniendo en riesgo la propia continuidad de la dinastía Glüscksburg de Noruega (fundada por el príncipe Carlos de Dinamarca en 1905, que reinó con el nombre de Haakon VII).

Y cuarenta años más tarde, a finales de los años 90, el joven Haakon Magnus decidió unir su vida a la de Mette Marit Tjessem, que ya era madre del pequeño Marius Borg (1997), al margen de aprobaciones oficiales y protocolos.

Sin embargo, tanto en uno como en otro caso, los noruegos acabaron por encajar los embates, en épocas bien distintas, reforzando incluso su apoyo a la institución monárquica, que sigue gozando de una muy buena salud.

Conquistaron el corazón de los noruegos

El anuncio del compromiso oficial entre Haakon y Mette Marit amansó de nuevo las aguas. Y una boda por todo lo alto, para algunos de ensueño, situó al joven matrimonio en el corazón de la mayoría de los noruegos, que acogían con cariño –de nuevo– a una futura reina sin una gota de sangre azul.

En este ambiente tan favorable nacieron la princesa Ingrid Alexandra (2004), llamada a ser un día la reina de Noruega, y el príncipe Sverre Magnus (2005). Mette Marit parecía haber renunciado a sus ‘rebeldías’ de juventud, de las que se arrepintió públicamente en unas declaraciones que se emitieron en televisión. Y la opinión pública aceptó sus explicaciones con respeto, entendiendo además que su prioridad era ocuparse fundamentalmente de su familia, en detrimento de su dedicación a la agenda oficial.

Una agenda perezosa

Haakon y Mette Marit (Gtres) © Proporcionado por Vanitatis Haakon y Mette Marit (Gtres)

Es verdad que al mismo tiempo, como es bien sabido, la princesa Mette Marit se ha involucrado muy directamente en iniciativas sociales de gran interés, como la lucha contra el sida o su apoyo por las medidas contra el cambio climático. Pero no es menos cierto que su agenda ha sido, en términos generales,

escasa e intermitente

. Es decir, un tanto perezosa, como para salvar el expediente. Y en bastantes ocasiones, para tratar de neutralizar ciertas corrientes críticas, que han arreciado en los últimos años.

Una parte de esas críticas se fundamentan en rumores –de escaso crédito, por tanto, aunque muy intensos– sobre sus relaciones privadas, alimentados por algunas ausencias e hipotéticos viajes. Aunque lo importante es que mientras en determinados ámbitos, animados por los numerosos comentarios de las redes sociales, se ha vaticinado una inminente crisis familiar desde hace cuatro años, la tozuda realidad se ha encargado de desmentirlo con similar reiteración.

¿Y si acceden ya al trono?

Incluso podría considerarse como acontecimiento más probable la posible abdicación a corto plazo del rey Harald, que en febrero cumple 80 años, a pesar de que su hijo Haakon haya querido desactivarlo, interpretando que son simples rumores derivados de sus achaques de salud. Por eso ha asegurado que su padre goza de una extraordinaria vitalidad.

Más importantes son, en todo caso, las recientes exigencias de transparencia que se han formulado a la familia real noruega, que enarbolaba precisamente esa bandera en la vieja Europa. Porque, según las informaciones que se han publicado recientemente, cabe la posibilidad de que el presupuesto más transparente de las monarquías europeas no lo haya sido tanto, si se confirmara que determinados gastos de viajes y ocio se ‘pierden’ habitualmente entre las partidas del Presupuesto del Estado. Y habría que recordar que la familia real noruega recibe unos ingresos anuales casi cuatro veces superior a la cifra que administra el Rey Felipe VI de España.

Este sí sería un asunto suficientemente serio como para sospechar que, si se confirmara, Harald V de Noruega optaría finalmente por seguir la senda del Rey Juan Carlos I de España.

Fermín J. Urbiola © Proporcionado por Vanitatis Fermín J. Urbiola

Fermín J. Urbiola

Periodista y escritor

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