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Harald de Noruega, el apuesto príncipe que dio 'calabazas' a la cautivadora Sofía de Grecia

Vanitatis Vanitatis 17/01/2016 Fermín J. Urbiola

En el incomparable marco del Castillo de Fredensborg, cuya forma de estrella refuerza su propio nombre (Castillo de la Paz), junto al lago de Esrum, en la isla de Selandia (Dinamarca), jóvenes príncipes y princesas de cuatro familias europeas se dieron cita en un exclusivo baile organizado por las reinas Ingrid de Suecia (consorte de Federico IX de Dinamarca) y Federica de Grecia (que pasaba unos días de vacaciones en el Castillo junto a su esposo, el rey Pablo I de Grecia, y sus tres hijos).

Imagen de la Reina Sofía en sus años de juventud (Casa Real) © Proporcionado por Vanitatis Imagen de la Reina Sofía en sus años de juventud (Casa Real)

La cita tuvo lugar durante la primera semana de septiembre de 1959. Una fiesta más, aunque muy exclusiva y “secreta”, después de los famosos cruceros reales (1954 y 1956) promovidos por la reina Federica por las islas griegas, que sirvieron para el reencuentro de la realeza europea, tras el largo periodo de distanciamiento provocado por las dos guerras mundiales.

La princesa Margarita de Dinamarca (hoy reina) era la anfitriona (19 años) y estaba acompañada por sus hermanas Benedicta (15 años) y Ana María (13 años). Entre los invitados se encontraban Sofía de Grecia (casi 21 años) y sus hermanos, Constantino (19) e Irene (17); las hermanas Birgitta (22) y Desiré (21) de Suecia, hijas del ya difunto príncipe Gustavo Adolfo; y el hijo menor del rey Olaf V de Noruega y heredero, Harald (22 años).

Por esas fechas se propagaban rumores de todo tipo en torno a la figura del joven Harald. Birgitta y Desiré se hacían notar en la mayoría de las cortes europeas; pero su madre, Sibila de Sajonia Coburgo Gotha, procuraba los encuentros de su hija Desiré con el príncipe heredero de Noruega. Aunque también se hablaba de un cierto interés por parte de la reina danesa, para su hija Margarita; y de las maniobras de la reina griega, Federica, con el mismo fin, para su hija mayor, Sofía.

Rotundo desmentido

Según todas las quinielas, de ese baile reservado y “secreto” en el Castillo de Fredensborg deberían salir, al menos, dos noviazgos formales: el del príncipe Harald con Sofía de Grecia y el de Constantino de Grecia con Desiré de Suecia. Pero no. La única noticia fue la de un oficial y rotundo desmentido: en este encuentro, se dijo, no se ha producido compromiso alguno entre las y los jóvenes que disfrutaron del mismo.

Castillo de Fredensborg, donde se celebró el famoso baile (Gtres) © Proporcionado por Vanitatis Castillo de Fredensborg, donde se celebró el famoso baile (Gtres)

Se da la circunstancia de que el heredero griego, Constantino, aunque no se comprometió con Desiré de Suecia, sí conoció durante esas vacaciones a la más pequeña de las princesas de Dinamarca, Ana María, con la que se casó cinco años después, siendo ya rey de Grecia.

Según ha reconocido posteriormente la Reina Sofía, en ese exclusivo encuentro de Fredensborg fue donde conoció al príncipe Harald. Con él coincidiría más tarde en distintos eventos, no por azar, sino fruto de la habilidad de su madre, la reina Federica.

De hecho, los rumores de boda volvieron a dispararse al verano siguiente (agosto de 1960), cuando el príncipe Harald fue invitado por la familia real griega a su casa de vacaciones, Mon Repos (en la isla de Corfú). Viajó solo. Y disfrutó de la compañía de la princesa Sofía durante quince días.

“Ese emparejamiento forzado fue nulo”

“Yo sé que hubo mucho interés en casarnos”, comentó la reina Sofía a Pilar Urbano en 1996. “Se provocaron encuentros, se hicieron cábalas, corrió mucha tinta, etcétera, etcétera. El resultado de ese emparejamiento forzado fue nulo”.

Los Reyes eméritos de España junto a los reyes de Holanda (Gtres) © Proporcionado por Vanitatis Los Reyes eméritos de España junto a los reyes de Holanda (Gtres)

Efectivamente, así fue. Aunque para que el resultado fuese nulo… alguno de los dos dijo no al pretendido compromiso de un noviazgo formal. Y no fue, al parecer, la joven y cautivadora princesa Sofía de Grecia.

Porque los planes de boda parecían ir tan en serio que el Gobierno griego de Karamanlis llevó una propuesta al Parlamento, con el fin de aprobar la dote para el previsible enlace matrimonial de la princesa primogénita.

Se comentó en esos momentos que el rey Olaf (viudo desde 1954 y rey desde 1957) había estimado en muy escasa la suma de la dote aprobada por Grecia. Pero posteriormente se supo que el motivo no fue ese. O que, al menos, no fue el motivo fundamental para que Harald rechazara la mano de Sofía de Grecia.

Harald de Noruega junto a su mujer, Sonia Haraldsen (Gtres) © Proporcionado por Vanitatis Harald de Noruega junto a su mujer, Sonia Haraldsen (Gtres)

La verdad era que el príncipe heredero de Noruega se había enamorado perdidamente de una plebeya, Sonia Haraldsen, a la que había conocido en un campamento de verano, en el fiordo de Oslo, cuando ambos tenían 15 años. Los dos se vieron en secreto posteriormente. Aunque lo que sí consta es que Sonia acudió a la fiesta de graduación del príncipe en 1959. Se publicó una fotografía de ambos y ello supuso el inicio de un largo periodo de incertidumbre para los dos.

En todo caso, esa era la verdadera razón por la que Harald de Noruega diera “calabazas” definitivamente a la joven y simpática princesa griega, durante su estancia en Mon Repos, aquel mes de agosto de 1960.

Diez años de incertidumbre

El rey Olaf no aprobó la relación de su hijo con Sonia Haraldsen. Y decidió apartar a su hijo de la joven plebeya. Harald fue enviado al prestigioso Balliol College de la Universidad de Oxford (1960-1962), para estudiar economía y política. A su regreso a Oslo, Harald prosiguió con su plan de formación como príncipe heredero. Pero también insistió en formalizar su relación con Sonia, que en esos momentos ya colaboraba en la empresa de confección de su padre, fallecido desde 1959.

Aunque el rey Olaf no consideraba que Sonia fuera la mejor elección para su hijo y heredero, lo cierto es que tampoco obtuvo la preceptiva aprobación del Gobierno, cuya negativa suponía de hecho un veto a esa boda. Hubo que esperar hasta el 19 de marzo de 1968 para que el Gobierno (que era de otro color político al anterior) diera su consentimiento. Y probablemente, tampoco levantó el veto por convicción, sino por la amenaza del príncipe Harald de renunciar a sus derechos dinásticos o, como mínimo, de quedarse soltero…

Una amenaza que surtió efecto, porque la alternativa a la renuncia del príncipe era prácticamente el fin de la joven dinastía Glüscksburg de Noruega (fundada por el príncipe Carlos de Dinamarca en 1905 con el nombre de Haakon VII). Su hermana mayor, Ragnhild, se había casado con su guardaespaldas en 1953; y Astrid, también mayor que él, se casó en 1961 con un marino y medallista olímpico divorciado. Por lo tanto, las dos habían perdido ya sus derechos dinásticos. Y si Harald renunciaba o decidía quedarse soltero, la dinastía noruega tendría los años contados.

Galería: Los 25 años de reinado del rey Harald © Proporcionado por Vanitatis Galería: Los 25 años de reinado del rey Harald

Harald y Sonia se casaron el 28 de agosto de 1968. Y mientras hoy celebran su 25 aniversario como reyes de Noruega (acarician ya los 48 años de matrimonio), pueden presumir del alto respaldo popular con el que cuentan, al frente de una de las casas reales más transparentes y en uno de los países con mayor renta per cápita del mundo. El presupuesto de la familia real es 3,5 veces el de la española; y los ingresos anuales del Rey, cinco veces por encima que los de Felipe VI.

Fermín J. Urbiola © Proporcionado por Vanitatis Fermín J. Urbiola

Fermín J. Urbiola

Periodista y escritor

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