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Hubertus de Hohenlohe: "No soy un nuevo rico, soy rico de nuevo"

Vanitatis Vanitatis 25/09/2016 Ana Sánchez Juárez

En su México natal (tiene esta nacionalidad porque su padre, el príncipe Alfonso von Hohenlohe, era el responsable en el país azteca de la filial de Volkswagen) es una celebridad desde que en 2014 se vistiera con traje de mariachi en los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi. En Austria y Alemania le paran por la calle porque lleva 54 capítulos de un popular programa de televisión en el que Hubertus de Hohenlohe (57) enseña distintas ciudades a través de personajes de la cultura, la gastronomía y el deporte oriundos de las zonas que visita. En Estados Unidos su porfolio como fotógrafo artístico se mueve en las mejores galerías. Y en España, en la Marbella que le vio crecer, este año ha resucitado con éxito el espíritu de su padre en el que fue el gran proyecto familiar: el sexagenario Marbella Club, organizando las fiestas más concurridas en una estancia llamada El Patio. "En el norte de Europa soy una celebridad gracias a la televisión y el esquí", asegura.

Hubertus de Hohenlohe, esquiador olímpico con el traje charro que en 2014 le lanzó a la fama © Proporcionado por Vanitatis Hubertus de Hohenlohe, esquiador olímpico con el traje charro que en 2014 le lanzó a la fama

A este polifacético Hubertus Rudolph zu Hohenlohe-Langenburg solo le llaman Alteza Real los miembros de la monarquía británica. Hoy llega al Marbella Club, donde se mudó con su familia en 1969 para que su progenitor montara el club más chic de la época, donde las estrellas de Hollywood se codearían con la aristocracia europea a ritmo de sangría, playa y paseos en burro. Estaba con él su madre, Ira von Fürstenberg, que les abandonó a los tres años. Hubertus tiene dos hermanas por parte de padre, Ariana y Desireé, y un hermano, Christopher, que murió en extrañas circunstancias en Tailandia. Pero a Hubertus no le gusta hablar de desgracias y siempre busca el lado divertido de la vida. Tiene una extraña mezcla alpina y andaluza, a lo que se añade un deje pijo y un poso de ex playboy que resulta simpático.

Un mes lleno de fiestas y funerales

Aparca su Bentley en la puerta del Marbella Club y nos dirigimos a Casa Hubertus, una villa dentro del complejo que ha decorado él mismo con sus fotografías y diseños y que se alquila por más de mil euros la noche. Un divertido apartamento con dos habitaciones, que difiere de los tonos blancos y marineros del resto del complejo. "Me dicen muchas veces que soy un nuevo rico porque ahora colaboro con esta marca y llevo un Bentley. Yo les digo: 'No soy un nuevo rico soy rico de nuevo'. Mi padre lo perdió todo y ahora a mí me empieza a ir muy bien, gracias a que he salido de la burbuja marbellí por necesidad y me he buscado la vida. He tardado un poco, pero lo he conseguido", asegura. Y enseña con mimo los 35 metros de suite, la cama balinesa con vistas a la terraza, el jardín de cactus y el 'jacuzzi' para seis personas. Todo aderezado con sus fotografías.

"Todo aquí son obras de arte. ¡Hasta el cristal de la ducha! Es un espacio joven y divertido, que tiene mi espíritu inconformista. Y señala un cochecito de carrusel que preside el salón y varias fotografías suyas que incluyen sus autorretratos. "Yo soy el inventor del 'selfie' moderno. Ya en 2001 yo ya hacía estas cosas", dice y se ajusta su chaqueta amarilla estridente para abrazar a Simona, su esposa que llega con un conjunto de croché semidesnuda a la sesión.

Hubertus y su mujer, Simona, en el Marbella Club (dansanphoto.com) © Proporcionado por Vanitatis Hubertus y su mujer, Simona, en el Marbella Club (dansanphoto.com)

Este verano ha sido agridulce para él. "Lleno de fiestas y funerales", repite, mientras pide con ademanes principescos que le sirvan un poco de agua. "Murió la madre de mi mujer (Simona Gandolfi, con la que lleva dos décadas de relación), murió su abuela materna, Clara Agnelli, su primo Marco de Hohenlohe; fue el aniversario de la muerte de mi hermano. Ha sido un mes horrible, pero no se puede parar tu vida por esto. Tienes que buscar siempre el lado divertido de la vida, porque si no, te deprimes demasiado", sentencia.

El día que María Callas no le dejó dormir

A Hubertus le gusta recordar su infancia que forma parte de la historia viva del hotel. La casa donde vivió de niño es ahora uno de los espacios más mimados del Marbella Club: el Kids Club. El noble cuenta que cuando era niño una noche no podía dormir y le dijo a su cuidadora que por favor dijera a su padre que se callase la mujer que no paraba de chillar en el salón. Esta le contestó que era imposible porque era María Callas, que había sido invitada por mi padre. "Me dijo que era la mejor cantante del mundo. Y le dije que entonces me aguantaba y que no dormía". Y suelta una carcajada. También recuerda cuando el piloto 'playboy' James Hunt dijo que estaba en Marbella porque "era el único lugar donde la gente acepta que cambie de fiesta en cada novia". O el día que no dejaron pasar a Liza Minelli a cenar porque iba en 'shorts' y nadie la había reconocido. Por suerte, estaba por allí el conde Rudi, el antiguo director del hotel, que rápidamente la saludó efusivamente y todo quedó en anécdota. Eso sí, la mayoría de las historias quedan en su memoria y no pueden ser contadas.

Pregunta: ¿Te sentías ya desde niño un privilegiado?

Respuesta: Totalmente. Ya solo el hecho de poder tomar una cocacola, un helado o jugar a pádel tenis cuando quisiera ya era algo anormal en cualquier otro niño de mi edad. O dar una vuelta en barco cuando quería. Era una vida de cuento de hadas. Además mi padre no era muy estricto porque vivíamos con él y nos escapábamos con frecuencia. Teníamos bicicletas y moto y con Ramsés Trujillo, el hijo de Lita, dábamos vueltas por el hotel con mis primos, estorbábamos a la gente, hacíamos todo tipo de chiquilladas, nos colábamos en sus cuartos...

P:Érais unos macarras...

R: Sí, un poco macarras. Luego te das cuenta de que la realidad es dura. Y que la vida que has tenido no es la realidad y tienes que encontrar tu propio camino. Fue un poco una losa el tener tanta influencia familiar y poder decidir en contra de ellos los que te gusta y poder hacerlo. 

P: ¿Qué no les gustaba a tus padres? ¿Qué fueras esquiador, cantante o fotógrafo?

R: Mi padre decía que cantar era de horteras. Aunque en la época estaba Julio Iglesias y Miguel Bosé, pero lo consideraba algo frívolo y de poco futuro. Con la música hice dos o tres éxitos mundiales. A mi padre le gustaba que esquiara porque era fan de este deporte. Él mismo me llevó por primera vez a Navacerrada y me buscaba abajo con el Mercedes porque no había remontes. Luego cuando me mandaron al internado a Austria, allí el esquí fue mi vida, porque era un país oscuro y solo lanzarme desde lo alto de una montaña me daba algo de luz y de alegría. La fotografía también le gustaba porque vio que me estaba haciendo un nombre. Al final los padres quieren para sus hijos que tengan éxito. Que tú seas feliz con eso es más complicado. 

P: ¿Y con tu madre, la princesa Ira von Fürstenberg?

R: Con ella la relación fue distinta. A ella le hubiera gustado tener un hijo hombre de negocios con corbata, que hiciera grandes operaciones y que tuviera un jet privado y varias mansiones con piscina. Esto le gustaba más que tener un hijo creativo con una casa personalizada y que ha encontrado su futuro en sus propias aptitudes. Lo del esquí no le gustaba nada. En 30 años mi madre no ha ido nunca a verme esquiar, ni siquiera cuando he representado a México en los Juegos Olímpicos. Realmente lo mío con mi madre debe ser amor verdadero, porque nos secuestró de pequeños y nunca me fue a ver.

P: ¿Tienes una relación tormentosa con tu madre?

R: Todo lo contrario. Somos amigos y su manera de ser en cierto modo me parece divertida. Me acuerdo que cuando iba a esquiar en Rusia mi madre se planteó ir a verme, porque le divertía la idea de sentarse al lado de gente importante como Putin y otros jerarcas millonarios. Esto lo comprendo y me parece simpático también. Luego a ella le daba miedo que tuviese algún accidente. Pero si hubiera escuchado a mi madre, no sería la persona que he llegado a ser. He conseguido sacar partido de quien soy, de mi identidad y de mis orígenes, pero haciendo lo que me gusta.

P: Y ahora vuelves a tus orígenes, al Marbella Club y este año has triunfado con El Patio...

R: El Patio ha acertado porque es la única opción para que la gente no tenga que esperar a las 3.00 de la madrugada para divertirse. La gente a las doce y a la una ya está de buen humor y divertida. El Patio ofrece el aire libre y recoge lo que fue en la época de mi padre en el Marbella Club, una cosa más simple. No tanta juerga programada. Es la vuelta a la naturalidad. También fue una gran idea hacerlo con Julián Porras y Juan Peña, que han atraído a la gente de Madrid.

No podemos comparar épocas No se puede vivir eternamente soñando con lo que fue el Marbella Club, no puedes darle la vuelta al tiempo. En la fiesta de cierre del verano estaba Marisa Berenson, la hija del rey Salman de Arabia, los Astolfi. Lo divertido de la vida es que la gente se mezcle. Esto fue lo que consiguió mi padre sin querer y lo que he conseguido yo sabiendo que la clave del éxito era esto. Pero es complicado porque los árabes no quieren mezclarse con unos; los españoles no quieren demasiados guiris. Y en El Patio lo hemos conseguido una simbiosis de una manera agradable. La gente no se tira el champán por encima para mostrar cuánto dinero tiene. No hay gente de drogas. Los asistentes no se van cada dos por tres al baño para una raya de cocaína ni hay demasiadas prostitutas de lujo que ofrecen su trabajo. Y esto es complicado conseguirlo.

P: Drogas, prostitución... son palabras prohibidas para cualquier empresario.

R: Yo soy claro. En Marbella todo este tipo de cosas ocurren en ciertos locales, pero aquí no. El éxito de El Patio ha sido encontrar ese punto de encuentro natural. No tengo más que decir.

P: Parece que criticas los comportamientos de los nuevos ricos...

R: Sí, en el Marbella Club se huye de ese tipo de ostentación, es algo más refinado. El público árabe es aquí muy culto. Le pongo un ejemplo, la semana pasada estuvo aquí la primera dama de Azerbaiyán, una francesa bien vestida, elegante.. Esta es la idea. Me encanta por ejemplo Valeria Mazza que este año ha descubierto el Marbella Club. No ha necesitado ir a fiestas para exhibirse y han estado por aquí relajados. Ese es el 'casual chic' de este lugar. 

P: Mucho huir de Marbella pero al final has vuelto...

R: Ahora vuelvo cada verano de una manera mucho más sana. Si me hubiera quedado a vivir aquí, me hubiera quedado colgado como les ha pasado a muchos de mis amigos. Ellos no han progresado y se han quedado en este sitio donde todo es vip y siempre hay buen clima. 

Ira de Fürstenberg junto a Alfonso de Hohenlohe y Hubertus en 2002 (Gtres) © Proporcionado por Vanitatis Ira de Fürstenberg junto a Alfonso de Hohenlohe y Hubertus en 2002 (Gtres)

"Agradezco que mi padre se arruinara"

P: ¿Tienes una relación amor/odio con el Marbella Club?

R: En absoluto. Adoro este lugar. Lo tenían que proteger como Bien de Interés Cultural, porque ha dado de comer a mucho gente. Gracias a este hotel arrancó turísticamente la Costa del Sol. Cada persona que invirtió aquí ha ganado el doble y el triple. Todos menos mi padre, esto es lo divertido de la historia. Mi padre que creó todo esto con su esfuerzo, invirtió en la gente de Marbella y luchó para que se protegiera la costa de las grandes edificaciones. Yo agradezco que mi padre se arruinara, porque gracias a eso he podido salir de mi zona de confort y ser quien soy hoy.

P: ¿Y quién es? ¿Una celebridad?

R: Pues en el norte de Europa sí soy bastante famoso. Es lo que tiene hacer un programa de televisión en Austria. Llevo más de cincuenta capítulos grabados y enseño distintas ciudades a través de la gente: deportistas, músicos, cocineros, literatos... La materia humana decide cómo es un sitio. El programa es un éxito. Además ser esquiador en el norte de Europa es como ser futbolista, por eso la gente me para por la calle. 

P: ¿Le tienta hacer un programa de televisión así en España?

R: Me encantaría porque no tengo la barrera del idioma. Como soy deportista y artista, la gente te acepta más que si solo eres un noble con agenda. Es como cuando hago los retratos, que la gente se abre más fácilmente a mi cámara porque también me ven como un artista. Sería una idea muy divertida poder grabar un formato así en España.

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