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Isabel II, el intruso y el espía

Vanitatis Vanitatis 21/04/2016 Fermín J. Urbiola

La primogénita del matrimonio entre Alberto Sajonia Coburgo Gotha (después rey Jorge VI) e Isabel Bowes Lyon nació en Londres el 21 de abril de 1926 y recibió una educación ajena al corsé de las princesas herederas. No había nacido para ser reina.

Era, en efecto, nieta del rey Jorge V, pero se situaban por delante en la línea de sucesión tanto su tío Eduardo como la descendencia de este, antes de que pudiera acceder al trono su padre. Sin embargo, lo inimaginable en 1926 se hizo realidad una década después, en diciembre de 1936.

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Tras la muerte de Jorge V, su hijo primogénito –que accedió al trono con el nombre de Eduardo VIII– protagonizó una de las espantadas más sonoras en el país de las buenas maneras, además de una crisis institucional de envergadura. Abdicó en diciembre de ese mismo año para unirse a Wallis Simpson, una norteamericana pudiente con dos divorcios en su haber antes de casarse en 1937 con el ya exmonarca británico.

Ella quería ser artista

Por este cúmulo de circunstancias subió al trono el padre de la pequeña Lilibet con el nombre de Jorge VI. Y por ello, aquella niña –que hubiera querido dedicarse al teatro– comenzó a educarse como heredera del vasto imperio británico (Commonwealth), integrado en aquellos momentos por más de medio centenar de países.

A los 13 años se enamoró del apuesto príncipe Felipe de Grecia y Dinamarca, quinto hijo (el primero varón) de Andrés de Grecia (tío abuelo de la Reina Sofía) y de Alicia de Battenberg (hija de Victoria de Hesse Darmstadt y nacida en el castillo de Windsor).

Pincha aquí para ver las claves del 'look' de Isabel II © Proporcionado por Vanitatis Pincha aquí para ver las claves del 'look' de Isabel II

La joven Lilibet se casó con el amor de su niñez, que ya había tomado el apellido de su familia materna, Mountbatten, el 20 de noviembre de 1947. Aunque no sin antes superar el rechazo inicial de los políticos británicos (con Churchill a la cabeza) al matrimonio de la heredera con un príncipe griego, por sus lazos familiares con la aristocracia alemana y la posición de neutralidad que mantuvo Grecia durante los primeros compases de la Segura Guerra Mundial. Grecia no se unió a las fuerzas aliadas hasta después del exilio de la familia real, como consecuencia de la invasión alemana (1941).

Mountbatten-Windsor o Windsor-Mountbatten

Este episodio explica que los hijos del matrimonio no recibieran el primer apellido de su padre, aunque en 1960 se enmendó parcialmente esta circunstancia, ya que se permitiría utilizar el apellido Mountbatten-Windsor a los descendientes varones sin tratamiento de alteza real o príncipes.

Isabel, que había asumido ya en 1951 la representación de la monarquía debido al cáncer de pulmón que padecía su padre, accedió al trono el 6 de febrero de 1952, fecha en la que ella y su marido realizaban el último tramo del viaje oficial que les llevó a Australia, Nueva Zelanda y Kenia. Fue en este país (hoy República de Kenia) donde recibió la noticia de la muerte de su padre, el 6 de febrero, a las pocas horas de llegar a Nyeri.

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En este 90 cumpleaños, transcurridos 69 años de la fecha de su boda y 64 desde su acceso al trono, la reina Isabel II ha pulverizado todos los registros de sus predecesores. No solamente ha superado el periodo de reinado de la reina Victoria (63 años), sino que es actualmente la jefe de Estado viva con más años en el cargo, después del rey de Tailandia, Bhumibol Adulyadej, que teniendo casi dos años de edad menos que ella, lleva en el trono cinco más (69 años).

Una referencia para las monarquías

Siempre se ha destacado que el reinado de Isabel II ha sido símbolo de estabilidad y de unidad para los británicos. Y una referencia para las monarquías de Occidente. Aunque también, sin duda, siempre se han puesto de manifiesto los acontecimientos singulares que han jalonado todo su reinado. Desde el famoso 'annus horribilis' (1992) a las más recientes decisiones de carácter fiscal que han subrayado a la monarquía como una entidad familiar con las mismas responsabilidades que las demás ante el fisco.

Aunque, una visión panorámica de su reinado arroja dos hechos que bien podrían dar título a una irónica novela de John Le Carré: 'Isabel II, el intruso y el espía'.

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Fagan, el intruso

El intruso se llama Michael Fagan, que en 1982 –sin empleo, desesperado y con cuatro hijos– se animó a entrar en Buckingham para contarle todas sus penas a la reina. Se dice que sufría algunos desequilibrios mentales. Quizás. Pero tuvo el equilibrio mental suficiente para entrar dos veces en el palacio escalando por el exterior. La primera, en junio de 1982, no encontró a la reina por ningún sitio… Pero la segunda, a primeros de julio siguiente, sí tuvo la oportunidad de entrar en la alcoba real y de contemplar a la reina disfrutando de sus últimos minutos de descanso.

Al despertar, tras el lógico sobresalto de la reina –que se encontraba sola en sus dependencias–, su reacción fue… ¡muy británica!: “Señor, creo que se ha confundido de habitación…”. Entre siete y diez minutos estuvo conversando la reina con el intruso y desesperado Fagan, al que de vez en cuando se le cruzaban las sílabas por los efectos del whisky. Pero se desahogó ante su admirada reina.

Blunt, el espía

Más sorprendente, si cabe, fue el caso de Anthony Blunt, el prestigioso historiador, crítico cultural y profesor que estuvo al servicio de la Corona como conservador de la colección de cuadros y que fue distinguido con el título de Sir.

Fue Margaret Thatcher la que informó sobre Blunt ante la Cámara de los Comunes en noviembre de 1979. Y fue en esa fecha cuando se supo que el prestigioso profesor era, además, el cuarto hombre de los Cinco de Cambridge. Es decir, uno de los espías soviéticos más buscados, reclutado por la inteligencia rusa en los años 30 (probablemente en 1933), que posteriormente logró incorporarse también a los servicios de inteligencia británicos.

En realidad, Blunt había sido descubierto en 1964, pero consiguió llegar a un acuerdo con el ministro Douglas-Home para mantener su condición de espía soviético en secreto, a cambio de proporcionar información al MI6. Y ciertamente que lo hizo. Fruto de ello fueron las redadas y detenciones que llevaron a cabo las fuerzas de seguridad desbaratando los planes de no pocas células comunistas.

Pero en 1979, cuando se hizo público su doble juego y su doble vida, Blunt apareció ante la opinión pública como un ilustrado traidor. Murió en 1983.

Fermín J. Urbiola © Proporcionado por Vanitatis Fermín J. Urbiola

Fermín J. Urbiola

Periodista y escritor

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