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Isabel Preysler, la enfermera jefe de Vargas Llosa en el accidentado viaje por Indonesia

Logotipo de Vanitatis Vanitatis 24/08/2016 Paloma Barrientos

Mario Vargas Llosa no imaginaba que su viaje a las islas de La Sonda, en el archipiélago de Nusa Tengara (Indonesia), se convertiría en la prueba de fuego para el escritor y en consecuencia para su novia, Isabel Preysler. La excursión de ese día estaba planeada para disfrutar del paradisíaco lugar donde, entre otras actividades turísticas, se encuentra la visita al volcán Kelimutu, las terrazas de arroz, los mercados de frutas y hortalizas a pie de carretera y el mar de las flores. Un itinerario que suelen realizar las parejas en sus viaje de novios.

No era el caso de Isabel y Mario, ya que el Nobel no tiene aún cerrado su divorcio en Perú y por lo tanto la boda no entra en los planes presentes. Pero como si lo fuera, por que los protagonistas del romance más mediático de los dos últimos años cumplieron con todos los tópicos, como ver amanecer y anochecer en esa parte del mundo calificada de paraíso terrenal por las guías turísticas.Por el momento no hay documento gráfico de esta etapa, que formaría parte del "robado consentido", parte del cual ya se publicó hace una semanas en la revista de cabecera de la familia Preysler.

Isabel Preysler y Vargas Llosa en una imagen de archivo (Gtres) © Proporcionado por Vanitatis Isabel Preysler y Vargas Llosa en una imagen de archivo (Gtres)

Pero la prueba de fuego para la pareja de enamorados tuvo su punto de inflexión en el baño que tomó de Mario Vargas Llosa en el mar de Las Flores sin imaginar lo que se le venía encima. Un ejercito de "medusas infinitesimales" descargaron sus tentáculos sobre su cuerpo, pero no le dio mayor importancia. El problema surgió esa misma noche y fue cuando Isabel Preysler tomó las riendas de la situación ejerciendo de enfermera al ver cómo su novio empezaba a sufrir los efectos del veneno que hasta ese momento no se había revelado.

Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa en una imagen de archivo (Gtres) © Proporcionado por Vanitatis Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa en una imagen de archivo (Gtres)

La reina de corazones tuvo que suplir la carencia de medicamentos por cremas antimosquitos, alcohol y otras remedios caseros que no dieron resultado. "Parecía mas bien que en lugar de atenuarla, la excitaban y enfurecían. Nunca me he rascado tanto, nunca he dormido tan poco, nunca he pasado una noche más exasperante en mi larga existencia", cuenta el escritor en su crónica publicada en 'El País'. Y a su lado su "enfermera particular, intentando calmar la angustia del enfermo y la suya propia”.

Por la mañana, y al ver que los picores no remitían, la pareja se trasladó hasta el Siloam Hospital en Labuan Bajo, donde Vargas Llosa siguió un tratamiento durante tres días bajo la vigilancia de Preysler. Una vez recuperado, la pareja continuó con su viaje de placer que había comenzado en julio con un crucero por los fiordos noruegos.

La vida de Mario Vargas Llosa dio un vuelco cuando se enamoró de Isabel Preysler. Después de más de cinco décadas de matrimonio con Patricia Llosa, con la que tuvo tres hijos –Álvaro, Morgana y Gonzalo–, el Nobel se subió a su último tren, como él mismo declaró. Y a partir de ese momento su vertiente personal, que hasta ese momento interesaba más bien poco en el mundo de la prensa rosa, pasó a firmar parte de los reportajes de la revista '¡Hola!' como novio de la reina de corazones. Un cambio que sorprendió a su entorno de colegas escritores e intelectuales. Así es el amor capaz de convertir a un premio Nobel en uno de los personajes punteros de las revistas de entretenimiento.  

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