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Isabel Sartorius cumple 51 años alejada de su hija y centrada en su coaching emocional

Vanitatis Vanitatis 20/01/2016 Paloma Barrientos

Isabel Sartoriuscumple 51 años y no tiene previsto ninguna celebración a lo grande. Como ha comentado a sus amistades, al no ser una cifra redonda, como cuando cumplió los 50 y reunió a su grupo de amigos en casa de la princesa Nora de Liechtenstein, esta vez será todo más discreto. Quizá una cena en Caray, el restaurante de su hermano, o una merienda en su domicilio. Aunque esto es menos probable porque, como ella misma ha declarado en varias ocasiones, no es la perfecta anfitriona. “Ni sé cocinar ni me gusta hacerlo”.

Por lo tanto, no hará nada excepcional. Otro factor para que sea una reunión minimalista tiene que ver con la ausencia de su hija Mencía, a quien sí le gustaba sorprenderla en fechas señaladas. “Seguramente le habría organizado alguna cosa porque es una niña muy detallista que adora a su madre”, explican a Vanitatis. La joven, de 18 años, pasó las Navidades en España pero ya está de nuevo en Washington, donde estudia Relaciones Internacionales en la Universidad de Georgetown, la misma universidad donde estuvo matriculado el Rey Felipe VI y la propia Isabel. Afirman que es una chica muy responsable, estudiosa y con cero interés en mantener un perfil público del tipo de las hijas de Isabel Preysler o los Pantoja.

Así hemos visto crecer a Mencía, la hija de Isabel Sartorius (Galería) © Proporcionado por Vanitatis Así hemos visto crecer a Mencía, la hija de Isabel Sartorius (Galería)

En este sentido, y a pesar de las buenísimas relaciones que Isabel mantiene con el padre de Mencía, hubo un conflicto de intereses cuando la hija, aún menor de edad, apareció en un reportaje de una publicación con su madre y la familia argentina. Javier Fitz-James Stuart (antes Soto) no estaba informado. A partir de ese momento decidieron de mutuo acuerdo que Mencía no sería personaje, como así ha sido.

La salida de la hija del hogar familiar marcó un antes y un después en su vida. A pesar de que ella misma fue una joven inquieta e independiente, ha vivido como cualquier madre el síndrome del ‘nido vacío’. Antes de convertirse en la primera novia del entonces príncipe Felipe ya había vivido en Estados Unidos y trabajaba desde los veintipocos años para pagarse sus caprichos. Le costó tomar la decisión de alejar a su hija de España, pero era lo mejor para ella. Isabel vivió en propia carne lo que significaba ser protagonista sin quererlo.

La hija de Sartorius en un fotomontaje realizado en Vanitatis (Ver la noticia) © Proporcionado por Vanitatis La hija de Sartorius en un fotomontaje realizado en Vanitatis (Ver la noticia)

Aquel amigo “entrañable” desapareció

Ahora su vida es mucho más tranquila. Puntualmente se convierte en imagen de una marca comercial con el consabido 'photocall' o de un reportaje personal. Aunque cada vez se la ve menos en este tipo de actividades. Desde hace seis años está volcada en su trabajo de 'coach', una dedicación profesional en la que ha puesto todo su esfuerzo y lo cuenta a través de su blog. Como ella misma explica, “el 'coaching' llegó a mi vida en el año 2010. Primero me profesionalicé en 'practitioner' de Programación Neurolingüística y más tarde en 'coaching' ejecutivo, especializándome en 'life coaching' y en inteligencia emocional”. Según confirman a Vanitatis, le va muy bien este trabajo con su personalidad. Tiene su grupo de alumnos y se la ve feliz.

La exnovia del Rey en una imagen de archivo (Gtres) © Proporcionado por Vanitatis La exnovia del Rey en una imagen de archivo (Gtres)

Respecto a su perfil amoroso, el amigo extranjero que parecía podía llegar a ser una pareja estable, como ella misma deseaba, desapareció de su vida igual que llegó. Nunca más se supo de él después de anunciar esa relación “entrañable”. Mantiene a su grupo de amigos de siempre, entre los que se encuentran los hermanos Fuster, Mónica Sánchez Navarro, Teresa Bueyes, Elena Cué, Teresa de la Cierva, Marta Barroso, Marta Oyarzábal y Katia Guerrero.

Muchos fines de semana y sobre todo cuando hace buen tiempo, Isabel se marcha al campo, a la finca Valdepajares del Tajo, que compraron Nora de Liechtenstein y el marqués de Mariño en Peraleda de la Mata (Cáceres) cuando se casaron, en 1988. Un lugar muy querido por ella y donde también acude su hermano Luis con su mujer, Bárbara, y los cuatro hijos. Con Nora, la viuda de su padre, mantiene una relación excelente. La princesa ha sido para los hijos del marqués de Mariño y sobre todo para Isabel una ayuda emocional y económica muy importante. Nunca ha sido una madrastra al uso, sino una especie de segunda madre que ha unido a una familia muy desestructurada, como la propia Isabel contaba en su libro, ‘Por ti lo haría mil veces’, dedicado a su madre, Isabel Zorraquín, y a la codependencia que mantuvo con ella.

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El capó de un coche fue el lugar donde Isabel Sartorius, que esta semana cumple 51 años, se tuvo que esconder de los 'paparazzi' para poder ver al príncipe Felipe. El hecho, ocurrido a principios de los 90, cuando era la novia del hoy Rey, es una de las rocambolescas anécdotas que cimentaron la fama que ha conseguido esta ‘coach’ emocional, uno de los personajes más populares de la España de la crónica social, ex de Javier Soto y alguien a quien su círculo más íntimo califica de “espontánea y alegre”, pese a la imagen circunspecta que cultivó muchos años. “Cuando la conocí vi que era mucho más divertida de lo que había imaginado”, asegura Bárbara Pérez Medinabeitia, su cuñada y amiga. © Externa El capó de un coche fue el lugar donde Isabel Sartorius, que esta semana cumple 51 años, se tuvo que esconder de los 'paparazzi' para poder ver al príncipe Felipe. El hecho, ocurrido a principios de los 90, cuando era la novia del hoy Rey, es una de las rocambolescas anécdotas que cimentaron la fama que ha conseguido esta ‘coach’ emocional, uno de los personajes más populares de la España de la crónica social, ex de Javier Soto y alguien a quien su círculo más íntimo califica de “espontánea y alegre”, pese a la imagen circunspecta que cultivó muchos años. “Cuando la conocí vi que era mucho más divertida de lo que había imaginado”, asegura Bárbara Pérez Medinabeitia, su cuñada y amiga.
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