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Jorge Javier Vázquez, desmelenado en la cuarta gala de 'Gran Hermano 17'

Vanitatis Vanitatis 29/09/2016 Nayín Costas

Mucho se ha criticado a Jorge Javier en su labor al frente de 'Gran Hermano 17' y gran parte de esas críticas se basaban en lo robótico que había sido hasta el momento. Que si lee demasiado el cue, que si no le da personalidad a las entradillas... Estas y otras frases han proliferado en estas tres semanas de concurso. Unas opiniones que parecen haber hecho mella en el presentador, pues en la cuarta gala del 'reality' de Telecinco ha dado un giro de 180º, pasando a mojarse y opinar sobre todo y todos sin ninguna mesura.

La gala arrancó con imágenes de Pol y Adara, pareja en crisis fruto de los celos de ella hacia Miguel. Sin duda uno de los temas que más está dando que hablar en los platós donde se comenta el programa. Jorge quiso marcar distancias con su actitud anterior desde ese instante, dejando claro que él cree "que Adara no está loca y que Miguel juega a provocarle celos". Y esto fue solo el principio.

Tras este comentario, Jorge se lió la manta a la cabeza: chistes sobre Monste por aparecer poco en el 'reality', opinión sobre el acercamiento entre Fernando y Clara, sobre el pelo de Bea, sobre la obsesión de Meritxell con el punto de Fernando, reprimenda a Bárbara por su actitud al regresar... y así durante las cuatro horas de gala, alcanzando su punto más álgido cuando analizó la situación de la casa comparando al grupo mayoritario con el PP, "que gobierna aunque nadie quiera", haciendo una analogía con el sentir del plató sobre el regreso de Bárbara a la casa.

Jorge Javier en 'Gran Hermano 17' © Proporcionado por Vanitatis Jorge Javier en 'Gran Hermano 17'

Jorge debe encontrar un punto medio

Este cambio no pasó, ni mucho menos, inadvertido para los espectadores del programa, aupando al presentador a los 'trending topics' nacionales, en los que se debatía esta nueva actitud. Es cierto que al principio a Jorge le faltaba transmitir pasión, necesitaba soltarse, pues la energía que Mercedes Milá le impregnaba al programa se estaba echando en falta. Pero entre el robot que arrancó la edición y el desmelene de esta cuarta gala tiene que haber un punto medio. Debe haber un punto intermedio. 

Precisamente esta fue la mayor crítica que se le hizo a Milá a lo largo de los quince años de historia al frente del programa, el hecho de dejar de ser imparcial y mojarse tanto en el 'reality'. Durante las últimas ediciones esto fue cada vez más evidente y descarado, originando en ella un desgaste mayor por su implicación en el formato. Es por esto que Vázquez debiera tomar buena nota y encontrar un equilibrio en su actitud en la conducción del programa. Si bien es cierto que solo lleva cuatro galas y hallar el tono adecuado quizá no es sencillo, Jorge tiene la habilidad para ello. Pasión no es igual a opinión ni diversión igual a pillas, y precisamente él debería saberlo.

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