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Juegos de bebés, miradas de enamorados... todas las curiosidades del bautizo real de Alexander de Suecia

¡Hola! ¡Hola! 09/09/2016 hola

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No han pasado ni cuatro meses desde el último bautizo real que se celebró en Suecia, el del príncipe Oscar, cuando Estocolmo se ha vuelto a despertar de fiesta. A diferencia de otras monarquías europeas, en las que los bautizos son celebraciones de carácter privado, en Suecia se consideran una ceremonia de Estado y, como tal, todos se han volcado en un día que ha tenido como protagonista a Alexander de Suecia, Duque de Södermanland y primer hijo de Carlos Felipe y Sofia de Suecia.

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El sol se esforzó por salir en la isla de Lovön, cuando los invitados, en torno a las once de la mañana, comenzaron a hacer un paseíllo -en el que estaba apostados la guardia de honor- hacia la capilla real del Palacio de Drottningholm. La misma residencia real en la que se casó la princesa Magdalena y en donde fueron bautizados sus hijos –Leonore y Nicolas de Suecia-, a diferencia de Estelle y Oscar, hijos de la Princesa Heredera, que recibieron las aguas en el Palacio Real de Estocolmo.

La primera imagen oficial del príncipe Alexander de Suecia

Las fotografías oficiales del Bautizo Real de Nicolás de Suecia ya están aquí

Las piruetas de Leonore, los 'achuchones' de Estelle... El 'otro' Bautizo Real de Oscar de Suecia

En un templo que tiene una capacidad para unas ciento cincuenta personas, la Familia Real al completo se ha unido con la familia Hellqvist, padres, hermanas y tíos de Sofia; con miembros de otras casas reales, como Leopoldo y Úrsula de Baviera; miembros del Gobierno y líderes de los diferentes partidos políticos; los embajadores de Noruega y Dinamarca, en representación de unas Casas Reales unidas a los Bernadotte por fuertes lazos de amistad y sangre; miembros de la Corte, amigos personales de los padres e, incluso, el equipo médico que asistió a la princesa Sofia durante el parto de Alexander, los mismos que atendieron el nacimiento del príncipe Nicolas.

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A las doce en punto, siguiendo la agenda prevista, llegaron los primeros miembros de la Familia Real, la princesas Magdalena, con un vestido de estampado floral y cuello bebé, con Chris O´Neill y sus dos hijos, Leonore -con un vestido en mint muy de princesa, demostrando de nuevo que es la más revoltosa de la casa, levántandose a mitad de la ceremonia y marchándose hacia la puerta con soltura- y Nicolas, el primero en soltar una lágrimita en brazos de su padre.

Tras ellos entró el príncipe Daniel con Estelle de Suecia, cada vez más formal en su papel de nieta mayor, que iba vestida del mismo color en el que minutos más tarde veríamos entrar a su madre. Los padres de Sofia, Marie y Erik Hellqvist, siguieron sus pasos, y el sonido de las trompetas anunció la llegada de los Reyes de Suecia. Por fin, el protagonista, Alexander, un bebé adorable, entró en la capilla en brazos de su madre, tranquilo y observándolo todo con detalle cuando fue recibido por los responsables del servicio religioso, la arzobispa Antje Jackelén, asistida por el capellán del Rey, el obispo Johan Dalman, y por el pastor de la Real Academia, el capellán regular de la Corte, Michael Bjerkhagen.

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Entre los cinco padrinos -tres mujeres y dos hombres- que han sido elegidos para Alexander y que han acompañado a Carlos Felipe y a Sofía de Suecia ocupando las sillas doradas que históricamente se disponen en los bautizos reales, han estado las hermanas mayores de los felices papás, es decir, Victoria de Suecia -para la que su sobrino es su ahijado número 18 y que llevaba en sus brazos a Nicolas-, y Lina Frejd -antes de su boda el verano pasado, Lina Hellqvist, hermana mayor de Sofia-.

Victor Magnuson, hijo de la princesa Cristina y, por tanto, sobrino del Rey, ha sido otro de los elegidos, junto a Jan-Åke Hansson -el que ha sido durante años el mejor amigo del Príncipe, al que conoció durante sus años en el internado de Lundsberg, el que organizó su despedida de soltero y el que ejerció de “best man” durante su boda- y Cajsa Larsson, la discreta amiga de la infancia de la princesa Sofia.

Después de unas lecturas de las que se encargaron Carlos Felipe, Victoria y las dos hermanas de Sofia, -Sara, su hermana pequeña, que se sentó en el acto justo detrás de la princesa-, los padrinos se pusieron en pie y rodearon con cariño al bebé, poniendo las manos encima de su cabeza.

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Como era de esperar en una Casa Real que en poco tiempo se ha llenado de bebés, fueron los pequeños de la familia los que protagonizaron las anécdotas. Las mayores de la casa hicieron una nueva entrega de "princesas a la fuga" y es que -como ocurrió este verano en el tradicional posado- Leonore fue la primera en "aburrirse" y marcharse hacia la puerta, Estelle resistió un poco más, pero también se vio tentada y finalmente siguió sus pasos ausentándose de la ceremonia unos minutos.

Mientras Nicolas -muy pequeño para seguir los pasos de Estelle y Leonore y muy mayor para unirse al adorable intercambio de mimos que protagonizaban Oscar y Alexander al otro lado del altar- se resistía a estar tranquilo en los brazos de Chris O´Neill y se abrazaba con fuerza a su peluche.

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Como en cada bautizo real las tradiciones centenarias han sido preparadas con mimo, Alexander ha estrenado su escudo de armas -diseñado por el artista heráldico del archivo nacional, Henrik Dahlström- y su monograma, pero no ha ocurrido lo mismo con el traje de cristianar, que ha sido el histórico faldón de los Bernadotte. Una prenda que estrenó el príncipe Gustavo Adolfo cuando fue bautizado en 1906 y que a lo largo de todo un siglo lo han usado todos los miembros de la Familia Real, un vestido que, desde 1935, lleva bordado en el forro los nombres de todos los príncipes con las fechas de sus bautizos y que ahora llevará el del príncipe Alexander.

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Otra de las tradiciones que no ha faltado es el agua bautismal recogida de la fuente real de la isla sueca de Öland, que se ha dispuesto la pila del plata, creada por Johannes Meijding a finales de 1600. En las pocas apariciones que ha hecho hasta ahora Alexander ha demostrado que lo que ya habían adelantado sus padres, que es un bebé buenísimo, y es que ha estado durante toda la ceremonia muy tranquilo y sonriente, incluso cuando Antje Jackelén -la primera mujer arzobispa de Suecia- le vertió el agua bendita.

Como ha hecho con sus cuatro nietos anteriores, el rey Carlos Gustavo de Suecia aprovechó la ceremonia de bautismo para otorgar a Alexander su primera condecoración, la más importante de Suecia, la de la Orden de los Serafines, que ya no volverá a usar hasta su mayoría de edad.

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El quinto nieto de los Reyes de Suecia y quinto en el línea de sucesión al trono del país nació el pasado 19 de abril a las 18.25 horas en el hospital Danderyd, pesando 3 kilos y 595 gramos y midió 49 centímetros. "Tanto para mi esposa como para mí, esto es lo más grande que nos ha pasado, lo que siento no se puede expresar con palabras", dijo entonces el Príncipe. Dos días después se anunció que su nombre: Alexander Erik Hubertus Bertil. Alexander, nombre de pila, está muy de moda en los registros del país escandinavo, aunque no es muy tradicional en la dinastía; Erik, como su abuelo materno; Hubertus, en honor a su abuelo paterno, el rey Carlos Gustavo, que lo lleva como cuarto nombre; y Bertil, en honor al padrino de bautismo del príncipe Carlos Felipe, su tío abuelo el príncipe Bertil, que es además el tercer nombre del propio Carlos Felipe.

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En ese momento, y como se había hecho con el resto de nietos de los Reyes, Alexander recibió un ducado, el de Södermanland, una de las 21 provincias suecas que cubre una superficie de 6.103 kilómetros cuadrados en los que se extienden lagos, bosques y pequeñas ciudades. Tras la ceremonia, las fuerzas armadas dispararon las 21 salvas de cañón desde la colina Drottningholm para anunciar así que el príncipe había sido bautizado, y entonces llegó la tradicional foto de familia y un agradable paseo bajo un cielo cargado de nubes que ha respetado un día en el que Carlos Felipe y Sofia de Suecia han vuelto a intercambiar sus miradas confidentes y unas sonrisas que lo dicen todo, están atravesando uno de los momentos más dulces de sus vidas.

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