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Kiko Rivera, un Braveheart contra 'Sálvame'

Vanitatis Vanitatis 15/10/2016 Nacho Gay

Veníamos sin duda de una mala racha informativa. Vivimos en un ecosistema convulso en el que un tipo como Donald Trump alberga aún esperanzas de convertirse en el macho alfa de la manada. Pero estos últimos días, sin embargo, también han dejado buenas noticias para mis amigos los pesimistas. Si Bob Dylan ha ganado el premio Nobel de Literatura y Paz Padilla y Kiko Rivera han conseguido casarse (y además durante el mismo fin de semana), eso debe de significar, supongo, que todos, incluso un servidor, podemos triunfar en la vida. En el trabajo y también en el amor. ¡Nothing is impossible, chicos! Y con eso es con lo que hay que quedarse.

Yo, sin embargo, como soy depresivo vocacional, siempre que salgo momentáneamente a flote busco la mejor forma de hundirme de nuevo, así que me he ido al cine a ver un 'biopic' sobre Emily Dickinson y ya me he vuelto a joder la semana. Emily era todo un 'personajón', eso hay que reconocerlo. Escribió poemas sobre el cielo, la vida, la muerte, la amistad y el amor sin haber conocido jamás ninguna de esas cosas, porque apenas salió de su casa burguesa a lo largo de sus 55 años de amarga existencia. La verdad es que me identifico mucho con ella en ese aspecto porque yo suelo escribir de televisión sin apenas verla, así que quizá por eso me gustó mucho la peli de Terence Davies, 'Historia de una pasión'. Por eso y porque es tan tenebrista y fúnebre en su puesta en escena como lo eran los pensamientos de Emily y, sin dudarlo, también los míos.

Ojalá, no obstante, todo el mundo que habla de algo sin conocerlo trabajase tan maravillosamente bien como mi amiga Emily partiendo del anhelo. Cabría decirle a Belén Esteban, por ejemplo, que empiece a crear siempre desde el anhelo de cultura. Sería un buen punto de partida. Cito a Belén aquí, medio verso después que a Emily, no porque quiera resultar tan moderno e iconoclasta en mi poesía como para optar al próximo Nobel, que también, por qué no, sino porque mis jefes me han dicho que escriba hoy de 'Sálvame', un programa que, para qué mentir, no veo. Eso sí, yo siempre he trabajado muy bien desde el anhelo. Sobre todo desde el anhelo de dinero. Así que lo que me pidan.

Tengo que referenciar también por encargo en estas líneas la exclusiva de la espectacular boda campera de Kiko Rivera, cuyo precio se ha disparado fundamentalmente porque en ella aparecía Isabel Pantoja. Hay que plantearse justo en este punto qué cojones pasa en este país si una portada de revista vale más dinero porque en ella aparece una señora que acaba de salir de la cárcel. Sí, todos hemos querido ser alguna vez Bonnie o Clyde, pero ¿Isabel Pantoja? Aquí no hay ni una cabeza buena, que diría un personaje de Almodóvar.

© Externa

A continuación, les describiré este país desde un anhelo inequívoco de esperanza: una señora paga tres euros por ver el vestido ceremonial de una cantante exconvicta, mientras un mafioso exconvicto canta ante un tribunal sus fechorías con la sede de un partido político como marco incomparable. ¿Os mola? Pues es lo que hay. Pero lo importante, como dice el médico de 'El espíritu de la colmena' en el contexto de la posguerra, es que estamos vivos. Pues eso.

Kiko Rivera lo está, aunque le debe seis de sus siete vidas a Hacienda. Sin embargo, cobra 3.500 euros por bolo, 30.000 por una hora en 'Sálvame' y aproximadamente medio millón por la exclusiva de una boda. ¿Dónde está ese dinero? Visto así, entiendo que si algún torpe de la Agencia Tributaria saliese en portada de una revista, no la comprase ni Dios. Es mejor ponerse de parte de los malos, que también son los listos. Bueno, quizá no siempre, porque con el hijo de la Pantoja, un híbrido entre lo adoptivo y lo profundamente natural, la incoherencia ha llegado esta semana a cotas desconocidas para el ser (vamos a dejar a un lado lo de humano).

Observen con atención este 'tuit': 

Resulta estimulante imaginar al hijo de Isabel Pantoja, poeta callejero de profesión (o rapero, como prefieran, y por tanto aspirante al Nobel de Literatura), disfrazado con la falda escocesa a lo Mel Gibson y arengando a las tropas 'tuiteras' contra el enemigo, pero estarán de acuerdo conmigo en que, por perdida y honorable que sea la causa, que sin duda lo es, cuesta mucho seguir a Kiko Rivera a alguna parte. Ya con falda escocesa ni te cuento. Y si es para establecer una cruzada contra la gente que le ha dado de comer toda su vida, aún menos. Preferiría seguir a un cura hasta una orgía, sinceramente.

Está claro que se puede crear, y por ende destruir, partiendo de cualquier anhelo: de sensatez, cordura, coherencia, integridad… Cualquier anhelo, claro, menos el de un cerebro. ¡Ay!

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