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La boda (casi) real que tendrá lugar en la controvertida 'torre de los ingleses'

Vanitatis Vanitatis 29/05/2016 Mayka Paniagua

La llaman de infinidad de maneras: la torre de los ingleses, la finca de los Wellington, la Dehesa Baja de Íllora o el Gibraltar de Íllora. Diferentes nombres para una misma finca situada en la zona de la Dehesa Baja de Íllora, a tan solo 30 kilómetros de Granada, y que tras una verja negra se esconden 1.000 hectáreas de un coto de caza que suelen pisar desde el príncipe Carlos de Inglaterra hasta Carolina de Mónaco. Su propietario es Arthur Charles Valerian, el actual duque de Wellington y noveno en la línea de sucesión al trono británico. La finca se engalanó este 28 de mayo para acoger la boda de su hija, Charlotte Wellesley, con Alejandro Santo Domingo, el dueño de un multimillonario imperio cervecero cuya historia ya te contamos aquí. Ella pertenece a un antiguo linaje inglés, muy cercano a la Casa Real británica y con largos e históricos lazos con España. De hecho, su abuelo asistió al funeral de Don Juan en nombre de la reina de Inglaterra. Sin embargo, las relaciones entre el pueblo y el dueño de la finca no siempre han sido todo lo cordiales que debieran. Repasemos un poco la historia.

Sir Arthur Wellesley fue el primer duque de Wellington © Proporcionado por Vanitatis Sir Arthur Wellesley fue el primer duque de Wellington

Arthur Charles, de 69 años, no reside en la finca, aunque pasa largas estancias en la misma según nos confirman en el pueblo. Él es noveno duque de Wellington tras la muerte el año pasado de su padre, Arthur Valerian Wellesley, con 99 años. Aseguran que, como su antecesor, es un hombre discreto cuya presencia es difícil notar. Se mezcla poco con el pueblo, aunque sí acuden en ocasiones a la Iglesia. La familia son unos “enamorados” de España y en la localidad se muestran muy satisfechos del ‘trabajo’ que reporta tanto con el que generan los olivares de la propiedad como con las reformas que casi todos los años se hacen en la finca.

La lista de títulos que ostenta sir Arthur ocupa varios párrafos: príncipe de Waterloo, marqués de Douro, conde de Mornington, duque de Victoria, ducado de Ciudad Rodrigo y vizcondado de Talavera. Todos datan del siglo XIX cuando el primer duque, el general Arthur Wellesley, fue reconocido por “su ayuda contra el ejército invasor de Napoleón en la guerra de la Independencia”. Además de las anteriores distinciones al general se le obsequió con la finca La Torre y una importe colección de pinturas. Algunas de ellas, como la ‘Última cena’, de Juan de Flandes, o ‘El aguador de Sevilla’, de Velázquez, cuelgan de su residencia habitual en Londres. La primera vez que el actual duque de Wellington pisó España era un adolescente que acompañaba a su abuelo en un viaje. A esta primera vez le siguieron muchas otras debido a que su padre fue destinado durante unos años como agregado militar en la embajada británica en Madrid. Don Arthur hizo carrera en las filas del partido conservador durante casi quince años para después presidir varias multinacionales. En la actualidad ejerce de presidente del prestigioso King’s College en Londres.

Alejandro Santo Domingo y Charlotte Wellesley (Cordon Press) © Proporcionado por Vanitatis Alejandro Santo Domingo y Charlotte Wellesley (Cordon Press)

El duque se casó con la princesa Antonia de Prusia, bisnieta del último káiser y emperador de Alemania y prima segunda de la Reina Sofía. El matrimonio tuvo cinco hijos: Arthur (conde de Mornigton y casado con la modelo Jemma Kid), Victoria, Mary Louise, Charlotte y Frederick. Como su padre, todos han pasado muchas vacaciones en la finca granadina, en la que es habitual organizar cacerías que frecuentan otros ‘royals’, como Carolina de Mónaco o uno de sus íntimos amigos, el príncipe de Gales, Carlos de Inglaterra, que incluso acudía junto a Camila cuando aún no estaba casado con Lady Di. En 2011, en una de esas visitas (ya casados) quedaron patentes los resquemores entre los actuales propietarios de la finca y el pueblo granadino, que pedía la devolución al municipio de la propiedad a la que llamaban el Gibraltar granadino.

Empieza la batalla

Un decreto fechado el 22 de julio de 1813 reconoce la entrega de Soto de Roma, junto a La Torre. Antes había pertenecido a Manuel Godoy, ministro de Carlos IV, hasta que le fueron incautadas sus propiedades. Godoy fue quien construyó un acueducto y cultivó grandes extensiones de olivar que hoy perduran. El duque otorgó la administración de la propiedad al brigadier J. O’Lawlor. Años después fue el abogado e historiador Miguel Ángel Espejo quien dijo poseer pruebas que demostraban que el brigadier se apropió ilegalmente de La Torre y el entonces alcalde de Íllora, Francisco Domene, decidió seguir adelante con la batalla. La propiedad no figuraba en el testamento del primer duque aunque sí en el segundo, pero ya se reflejaron ‘las dificultades’ para registrarla. También un político de la época, Pascual Madoz, detallaba su adquisición como “usurpada”. Sin embargo, los documentos que lo demostraban no estaban en el ayuntamiento y se necesitaban para iniciar la batalla judicial.

El portón que abre el acceso a la finca (YouTube) © Proporcionado por Vanitatis El portón que abre el acceso a la finca (YouTube)

Al duque no le sentó muy bien aquella información, pero prefirieron mantenerse al margen del expediente que abrió el consistorio con el objetivo de expropiar los terrenos. Hubo incluso alguna revuelta en la que tuvo que participar la Guardia Civil como reflejan las crónicas de aquella época. Dicen que en el coto, los nobles dejaban beber a las perdices pero a los campesinos no se les permitía recoger espárragos silvestres en una propiedad que consideraban suya. También reflejaban a OLawlor como un hombre detallista con los nobles, pero tirano con el resto y más con los colonos a los que subía los alquileres. Ellos lo denunciaron, pero cuando se le preguntaba siempre alegaba que eran “calumnias de la plebe”. Lo cierto es que, según consta en los archivos, la finca fue devuelta al pueblo en tres fechas: 4 de febrero de 1814, 19 de mayo de 1820 y 11 de mayo de 1941.

En varias ocasiones se tensó aún más la relación entre los vecinos, el alcalde y el entonces administrador de la finca por motivo de la celebración de varios eventos o tras la negativa del duque a ceder al ayuntamiento unos dólmenes para un museo. “Con el duque hay cero contacto y con el actual administrador la relación es nefasta”, declaró en varias ocasiones el alcalde socialista. En 2011, el ayuntamiento acudió a los tribunales con la intención de proceder a la expropiación. Tras las elecciones de 2015, Antonio José Salazar, el actual alcalde, no piensa reabrir heridas. Un portavoz confiesa que hace unos meses se reunió con el duque para una toma de contacto tras llegar al puesto y ya le confesó que su hija estaba pensando en casarse en Íllora. “Aún no tenemos la confirmación oficial, pero ayudaremos en todo lo que nos sea posible. Nosotros no queremos reabrir el tema de la expropiación, sino contribuir a fomentar una relación que beneficia al pueblo. Creemos que el tema está solucionado porque ellos ya acreditaron la titularidad de la finca debidamente”, dice. La ceremonia tuvo lugar en la iglesia del pueblo, la parroquia de la Encarnación, del siglo XVI y obra del arquitecto Diego Siloé. Fue Charlotte (especializada en arte y moda) quien se decantó por esta iglesia cuando asistió a varias misas este verano junto a Alejandro. El duque de Wellington se ha comprometido a colaborar en la restauración de la iglesia y, en particular, de una talla de un Cristo barroco que especialmente llamó la atención de la novia.

Residencia del duque de Wellington © Proporcionado por Vanitatis Residencia del duque de Wellington

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