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La boda de las cuatro yeguas vírgenes

Vanitatis Vanitatis 07/10/2016 Paloma Barrientos

El 30 de abril de 1983, Isabel Pantoja y Paquirri se casaban en Sevilla en una boda que nada tenía que envidiar a las producciones cinematográficas de los años cincuenta. El torero, vestido de corto. La novia, cubierta por ocho metros de tul ilusión recogidos en una diadema de dos pisos. La madre y madrina, con mantilla, pendientes de perlas y brillantes, y feliz porque a partir de ese día no había necesidad de cuidar la honra de su hija. Detrás de ellos, en el altar, también se encontraban los dos niños que llevaron las arras y alianzas. Eran Cayetano y Francisco Rivera Ordóñez, que también habían acompañado a la novia en el coche de caballos desde su domicilio hasta la plaza de San Lorenzo, donde se celebraría la ceremonia religiosa ante el Cristo del Gran Poder.

Uno de los muchos detalles que llamaron la atención fue precisamente la singularidad del medio de transporte que eligió la pareja. En el caso de Paquirri, un carruaje tirado por caballos color alazán; por su parte, la folclórica eligió un 'tronco' de yeguas blancas y vírgenes. Esta particularidad de los animales se convertiría en uno de los chascarrillos de la boda. La virginidad de las cuadrúpedas elevada a categoría mediática. Fue la nota de color de un enlace que nada tiene que ver en contenido y en continente con el de su hijo Kiko treinta y tres años después. La una por amor, la segunda también por amor, pero con el punto comercial que le servirá para solucionar los problemas económicos y solventar parte de la deuda con Hacienda.  

Este viernes habrá más seguridad en la finca en la que se celebra la boda que en la pasada cumbre de la ONU a la que asistieron los Reyes Felipe y Letizia. En Nueva York a los asistentes no les confiscaron los móviles; en Sanlúcar la Mayor, Kiko ha dado ordenes taxativas: “no quiero filtraciones”. Parece que la seguridad contratada tendrá que emplearse a fondo con los 400 invitados para que los topos no puedan cumplir con su oficio.  

El enlace de sus padres fue muy diferente. La familia de Paquirri y los Pantoja tenían muy buena relación y no como ahora, que es inexistente. No solo no hay trato entre la familia Rivera, sino que los miembros de la saga Cantora no se hablan. Entre los 1.200 invitados de la gran boda había amigos de verdad, figuras del mundo del toro, artistas y hasta el capitán general de Sevilla.

Palomo Linares y Marina Danko, hoy separados; Rocío Jurado y Pedro Carrasco, la duquesa de Alba, el maestro Solano, Massiel, María Vidal, Espartaco, Manolo Vázquez, Antoñete, Rafael de Paula, Manuel Benitez el Cordobés, el doctor Mariscal, Rocío Dúrcal… Y un listado amplio de profesionales, amigos y familiares directos y colaterales. En aquellos años no hacían falta los topos porque era la pareja la que informaba directamente a la prensa de todos los detalles, además de estar invitados muchos periodistas. Eran otros tiempos y otras maneras.

Isabel Pantoja en una imagen de archivo (Gtres) © Proporcionado por Vanitatis Isabel Pantoja en una imagen de archivo (Gtres)

El templo del Gran Poder, a rebosar desde las cinco de la tarde hasta las siete, que ya no pudo entrar más gente porque ya no había espacio físico. El sacristán, por orden del párroco, no cerró las puertas a los feligreses, que pudieron ver en vivo y en directo a la folclórica, al torero y a los invitados. Todos ellos de primera fila. Los fotógrafos tenían también su sitio cerca del altar para dejar constancia de una de las bodas más singulares de aquellos años.

Tres décadas después, Isabel Pantoja volverá a ser la verdadera protagonista este viernes del enlace en la hacienda Los Parrales. Será la primera salida pública y visible tras su paso por prisión y su posterior encierro en Cantora. La cantante llevará a su hijo del brazo hasta el lugar donde se oficie la ceremonia civil. Treinta y tres años atrás fue Ana Pantoja la que hizo lo mismo con ella ante el altar del Gran Poder.

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