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La boda de los Ordóñez-Rivera-Pantoja

Vanitatis Vanitatis 07/10/2016 César Andrés

Con la boda de Kiko Rivera e Irene Rosales a la vuelta de la esquina es imposible no echar la vista atrás y recordar la boda de sus padres. Dos bodas muy distintas a la del retoño; la de su padre, Francisco Rivera ‘Paquirri’, con Carmina Ordóñez y la del torero con su madre, Isabel Pantoja.

Francisco Rivera ‘Paquirri’ se casó a los 25 años en primeras nupcias, como decía en el párrafo anterior, con la hija del torero Antonio Ordóñez, Carmina, en la basílica de San Francisco el Grande de Madrid, el templo con la cúpula más grande de España y la tercera de mayor tamaño de planta circular de la Cristiandad. Una de las iglesias favoritas de Francisco Franco, que en aquel 16 de febrero de 1973 aún seguía dirigiendo el destino de España y cuya nieta, la nietísima Carmen Martínez-Bordiú, acudió acompañada de su marido Alfonso de Borbón, duque de Cádiz, al enlace de los padres de Fran y Cayetano.

Francisco Rivera 'Paquirri' y Carmina Ordóñez © Proporcionado por Vanitatis Francisco Rivera 'Paquirri' y Carmina Ordóñez

Entre obras de Goya y Zurbarán se dieron el 'sí quiero' bastante más tarde de lo previsto. El tráfico y la afluencia de curiosos evitaron que el enlace comenzase a la hora prevista, las 18:15 horas. La impresionante novia, de 18 años, que esa mañana había comido un filete y una pastilla para los nervios, recorrió el pasillo –decorado por las macetas de flores que los curiosos habían dejado peladas– vestida por Herrera y Ollera. Una pieza confeccionada en seda natural y cibelina, adornada por unos medallones bordados con cristales, brillantes y plata. El velo, de tul, salía en cascada de un tocado de inspiración lituana, idea de la hermana de la novia, la popular Belén Ordóñez. Una invitada que, hecha un mar de lágrimas  junto a su madre, tuvo que ver la ceremonia entre los huecos que dejaban las espaldas de los reporteros que habían sido invitados al evento. Los anillos de plata los había traído Paquirri de su último viaje a América.

El ramo de la joven Carmen, que se había enamorado de Francisco en una visita del torero al hospital de Tarifa en el que estaba ingresado el maestro Ordóñez, era de azahares. Confeccionado por la cofradía de la Esperanza, venía desde Sevilla, ciudad en la que se casó el padre de Paquirrín con su madre, la tonadillera Isabel Pantoja. Ese 30 de abril de 1983 la basílica de Jesús del Gran Poder estaba a rebosar de casuales feligreses cuando los 1.200 invitados y los propios novios intentaron acceder al templo. La pareja lo consiguió y tras media hora exacta ya eran marido y mujer.

Francisco Rivera 'Paquirri' e Isabel Pantoja la Pantoja © Proporcionado por Vanitatis Francisco Rivera 'Paquirri' e Isabel Pantoja la Pantoja

“Y me vistió de blanco, con la luna de plata del mes de abril”. ‘Sevilla’ de Isabel Pantoja. La novia llevaba un vestido blanco con cola de 7 metros, dos más que la de la Reina Letizia, para que se haga usted una idea. Estaba confeccionado por Lina (famosa por sus batas de cola) de raso con escote barco, bordado en seda natural, cristales y perlas. Las mismas perlas que evitó llevar Carmina en su enlace con el mismo hombre porque tienen fama de traer lágrimas al matrimonio. En este caso, la profecía, se cumplió. Un año después, el 26 de septiembre de 1984 las luces del marinero se apagaron para siempre camino de Córdoba, tras haber sido herido por el toro Avispado en la plaza de toros de Pozoblanco.

La boda fue más castiza que la celebrada en Madrid, pese al atuendo de la novia tildado con tiara, por lo que el novio abandonó el chaqué y se vistió con un traje corto de alpaca con fajín negro de seda natural estampada. Lola Flores, al ver que Hilario López Millán no la tiraba de la lengua, le espetó en una entrevista previa aquello de “Y si me vas a preguntar qué me ha parecido la boda de la Pantoja y Paquirri, te diré que vaya boda más cateta”.

El ramo también era de azahares, flor que en el mundo árabe significa pureza. No podía ser de otra manera, Isabel iba virgen al matrimonio (cosa que no puede decir la que el viernes será su nuera) y no se cansó de repetirlo. La noche de bodas debió de ir bien, pues la mañana siguiente la pareja perdió el avión que les llevaba de luna de miel.

Volvemos al punto de partida. La boda de Kiko Rivera e Irene Rosales será muy diferente a las descritas; una ceremonia blindada a las miradas indiscretas para salvaguardar la exclusiva. Una exclusiva nupcial con morbo añadido: la reaparición social de la madrina y madre del novio, Isabel Pantoja, tras su paso por prisión. Las vueltas que da la vida en treinta años. 

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