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La curiosa y divertida historia granadina de Hillary Clinton

Vanitatis Vanitatis 08/11/2016 Jose Madrid

Sucedió en Granada. Si hay una ciudad española que Hillary Clinton, la candidata demócrata a la Casa Blanca conoce al detalle y de la que guarda mayores recuerdos, esa es la que alberga el palacio de la Alhambra. La historia de este romance entre ella y el sur de España tras una visita exprés realizada en 1997 comienza con su madre, la ya fallecida Dorothy Howell Rodham, comiendo caracoles en una tasca de la ciudad andaluza. La suegra de Bill Clinton, gran estudiosa de la cultura musulmana, quiso visitar Granada a mediados de los 90 y el alcalde de la ciudad por aquella época, el siempre políticamente incorrecto Gabriel Díaz Berbel, quiso llevarla por los lugares más emblemáticos de la capital, algo que incluía una parada obligada por los mejores restaurantes del barrio del Albaicín. Berbel, estratega como pocos y consciente de la publicidad que había de darle a su ayuntamiento, le insinuó a la buena señora que su hija y el entonces presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, debían visitarles pronto; máxime cuando él había pasado una temporada en Granada cuando era muy joven.

Los Reyes junto al matrimonio Clinton en su visita (Gtres) © Proporcionado por Vanitatis Los Reyes junto al matrimonio Clinton en su visita (Gtres)

Efectivamente, tiempo después, los Clinton visitaron la ciudad de la Alhambra de forma oficial. Era un caluroso 9 de julio de 1997 y la ciudad entera vivía bajo el hechizo del 'Bienvenido Mr. Clinton'. En mitad del lío de llamadas, confirmaciones y preparaciones de todo tipo, hubo hasta documentos clasificados que se acabaron extraviando. Algún miembro del Gobierno estadounidense mandó, por error, detalles sobre las medidas de seguridad del matrimonio Clinton al fax de una pequeña mercería de la ciudad. “El tendero de la mercería flipó en colores cuando recibió aquellos papeles en los que todo estaba escrito en inglés”, recuerda un miembro del consistorio granadino por aquel entonces, que asegura que “se extremó la seguridad, pero tampoco fue excesiva, como lo fue años después, por ejemplo, con los Obama”. Sin duda, eran otros tiempos, anteriores al 11-S y a la paranoía antiterrorista del siglo XXI.

Con o sin paranoia, los Clinton fueron recibidos en su visita veraniega porDon Juan Carlos, Doña Sofía y el entonces príncipe Felipe, que llegó el último a bordo de un helicóptero. En las horas en las que el matrimonio paseó por la ciudad, Bill se mostró especialmente emotivo. Por el contrario, Hillary, vestida de azul celeste y con la característica media melena que lucía entonces, fue más fría y menos efusiva en sus manifestaciones pese a que había sido su madre la responsable en la sombra de aquella visita. Tan entusiasmado estaba el mandatario norteamericano que, cuando pasaron de ver la Alhambra a subir al famoso mirador de San Nicolás, desde el que se contempla la mejor vista del palacio rojo y de la propia ciudad, exclamó que aquella era “la puesta de sol más bella del planeta”. Unas horas después, el matrimonio y otros de los presentes, entre los que también se encontraba Esperanza Aguirre (entonces ministra de Cultura del Gobierno Aznar), se trasladaron al Palacio de los Córdova para disfrutar de una exclusiva cena. “No faltaba de nada”, recuerda el exmiembro del consistorio, “ni siquiera varios veterinarios para cuidar de los perros de Clinton y varios médicos por si las moscas”.

Los churros de Hillary

Hillary Clinton en una imagen de archivo (Gtres) © Proporcionado por Vanitatis Hillary Clinton en una imagen de archivo (Gtres)

Con tanta parafernalia, la visita dio para miles de anécdotas curiosas y surrealistas, como la forma de comer churros por parte de Hillary. Hasta Carmen Sevilla, entonces presentadora del 'Telecupón', se puso a indicarle a la primera dama, en su programa, que las porras “no se chupaban” tras mojarlas en el chocolate. “Hilaria, 'shiquilla', hay que comé bien el shurro”, decía la Sevilla desde la televisión, con unos churros y un tazón de chocolate en la mano.

Si el paso de los Clinton por Granada fue breve pero intenso, lo mejor estaba aún por llegar. La capital de la Alhambra recibió, repentinamente, una subida importante de turismo norteamericano. La mitad de estadounidenses que viajaban a la ciudad andaluza querían situarse en el mismo mirador en el que había estado Clinton. De hecho, muchos ni siquiera lo llamaban mirador de San Nicolás y acababan rebautizándolo como 'mirador Clinton'. El alcalde de la capital, consciente del efecto rebote de la visita del matrimonio, acabó colocando un monolito en el lugar, que los vecinos pintarrajearon ya que les parecía una horterada. “El alcalde dijo que era una caja de galletas con una placa de bronce, pero los vecinos lo destrozaron. Él los llamó vándalos, pero con la perspectiva que da el tiempo creo que llevaban razón. Era una absurdez colocar eso ahí”.

Absurdo o no, el 'monumento' a la cita de Bill Clinton sobre la belleza del atardecer granadino fue retirado tras la oposición vecinal y, con los años, sería recordado como una de las máximas bufonadas del alcalde Gabriel Díaz Berbel. Un año después de que los Clinton visitasen Granada, los dos estaban en boca de todo el planeta debido a la aparición de esa becaria llamada Monica Lewinsky y a la publicación de un 'affaire' que casi le cuesta la presidencia al bueno de Bill. Casi veinte años después de la visita, en Granada “se recuerda con afecto. Si preguntas a cualquiera que viva por aquí, puede parecer obvio que te digan que quieren que Hillary Clinton gane las elecciones en vez de Trump, pero en este caso es porque recuerdan con afecto al matrimonio Clinton, porque aquello dejó huella”, asegura el exmiembro del consistorio granadino. A unas horas de saber si será ella o Donald Trump quien ocupe la silla de la Casa Blanca, se puede aventurar otra hipotética visita del matrimonio Clinton en el futuro. Eso sí, estamos seguros de que la próxima no habrá monolito que la recuerde.  

© Externa

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